Liliana Bodoc: "Las sagas y la épica proponen un modelo de mundo"

Creadora, como Tolkien, de un universo personal, la autora argentina cree que la inteligencia sin la emoción no alcanza para vivir
Natalia Blanc
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16 de noviembre de 2015  

De visita en Buenos Aires por cuestiones familiares y laborales, Liliana Bodoc (santafecina residente en Mendoza) eligió la confitería Las Violetas para la entrevista. Referente de la épica fantástica, la autora de La saga de los confines publicó este año la primera parte de una tetralogía inspirada en los dragones de Ciruelo y prepara el guión de la adaptación cinematográfica de esa peculiar historia. "Los que hacemos libros para chicos y jóvenes estamos obligados siempre a recordar que hacemos literatura", dice con una enorme sonrisa, justo cuando llega el mozo a servir el té.

La épica tiene mucho de aventura, de intriga, de novela bélica. Tiene la intención de proponer un mundo y de convocar a los lectores para la construcción de ese mundo, que es fantástico, pero tiene su correlato en lo real. Más que los individuos, los grandes protagonistas son o deberían ser los pueblos, los clanes, los grupos, las sociedades, con un héroe como emergente. Por eso no me gustan demasiado las épicas individualistas, me parece que les falta lo más importante. En ese sentido, no sé si la saga de Harry Potter es una épica.

Creo que hay un rebrote de lo épico y una necesidad del género fantástico. Es el lugar donde el lector encuentra un territorio familiar, amoroso, donde quiere quedarse. Los lectores se aferran a las sagas que los enamoran. Son como militantes. Defienden, discuten, especulan, toman partido por un bando u otro. En estos años de conocer lectores de sagas aprendí a respetar algunas virtudes que me resultan importantes. En primer lugar, son lectores que toleran mucho la dificultad, lo desconocido. Eso me parece extraordinario para la vida misma.

Escribir el guión para la versión cinematográfica de Tiempo de dragones es un camino nuevo para mí. Tiene que ver con trabajar a partir de unas imágenes que concibió otro artista: Ciruelo, en este caso. Me resultó maravilloso, pero extraño. Fue un aprendizaje extraordinario, por momentos doloroso. Tuve que fue aprender a callarme la boca. Los escritores estamos acostumbrados a decir todo o casi todo y en el guión tuve que permitir que hablaran la imagen, la actuación, la música. Es literatura, pero de una forma despojada.

En mi plan, la saga de los dragones será una tetralogía. Eso es lo más concreto y lo más cierto. Ya salió la primera parte, Tiempo de dragones. La profecía imperfecta. Estamos trabajando para editar la segunda parte, que se llamará Tiempo de dragones. La montaña que no cabe en el mundo, y tengo ya la concepción de toda la saga. La novela va a hacer un zoom sobre uno de los personajes, el elegido, que está apenas esbozado en la primera parte; en la tercera, hará un zoom todavía mayor, y la cuarta será como una precuela. Irá para atrás para explicar definitivamente toda la historia. Ése es el plan.

Me divierte mucho la trastienda de la escritura. No la sufro. Uno se siente como una especie de diosito chiquito que construye mundos, planetas, pueblos, ríos, mares. Es muy lindo. Para escribir una épica fantástica necesitamos abrevar en textos previos, en lecturas, en culturas, no tanto en otros textos literarios, sino históricos, antropológicos, geográficos, porque eso es lo que le va a dar sustento a nuestro imaginario. Para esta saga tomé los pueblos cazadores recolectores, por un lado, y por otro, para no repetir al conquistador español, me fui a los pueblos de Europa oriental, que son mágicos. Ése fue mi referente.

Soy bastante metódica y ordenada, por no decir casi obsesiva. He sido una obsesiva en mi vida privada y creo que trasladé esa obsesión a la escritura, para felicidad de mi familia. Para mí es imposible saltar dos o tres capítulos. No puedo. Escribo en forma ordenada: capítulo a capítulo, situación a situación. Por supuesto que hay días que avanzo más que otros, pero siempre en el orden que establecí previamente en un cuaderno. Me dedico a un proyecto por vez.

Como lectora, me sigue interesando la literatura que te hace entrar en crisis desde lo emocional. En la escritura, en la pintura, en el cine, la cuestión del laboratorio, donde ves a un genio creando, no me conmueve. Me sigue importando lo que me convoca emocionalmente. Desde ahí escribo, desde ahí leo.

La literatura tiene que desafiar al lenguaje, la sintaxis, la gramática, la forma. Hay que despedazar el lenguaje y volverlo a armar. En ese despedazar la materia prima, también se interpela al lector. Se desarma y se arma lo que se va a decir. El lenguaje montado sobre lo esperable, sobre lo que se debe decir y lo que no, me molesta. No me gusta ni la literatura que se acomoda a lo que hay que decir ni la que intenta provocar porque sí. Creo en la literatura cuando veo que hay un hombre o una mujer desgarrados en esa tarea.

Tolkien fue mi gran maestro. Si yo no hubiese leído El señor de los anillos no habría escrito La saga de los confines. Lo leí cuando mi hijo era adolescente, en los años en que se puso de moda por las películas. Me fascinó. Me enamoró. Sentí que ese texto me convocaba y, al mismo tiempo, lo rechazaba desde un lugar ideológico. Por eso de que las sagas proponen un modelo de mundo. El modelo tolkieniano es eurocéntrico, patriarcal, ario y eclesiástico. Esos lugares me alejaron y capitalicé también esa distancia para escribir una saga con otra visión del mundo.

Hay un reposicionamiento del pensamiento mágico. Creo que la supremacía de la inteligencia estilo Einstein está destruida. Ya sabemos que esa inteligencia no nos alcanza para vivir. Nos hace falta otra clase de inteligencia: la de las emociones, la esperanza, el amor. Y creo que eso también tiene que ver con la magia y con las épicas fantásticas. Yo siento fascinación por lo mágico. Me gusta creer que lo que vemos no es lo único que existe.

Crédito: Emiliano Lasalvia

Santa Fe, 1958

Bodoc publicó Los días del venado, la primera parte de La saga de los confines, en 2000. Salieron después Los días de la sombra y Los días del fuego. Ha escrito cuentos y novelas para adultos y jóvenes.

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