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Escritura femenina

Objetos y pinturas de Silvia Rivas se verán, a partir del jueves, en el Museo Nacional de Bellas Artes.
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13 de diciembre de 1998  

LAS obras que integran la muestra de Silvia Rivas poseen un inconfundible carácter simbólico. Pertenecen a las series tituladas "Imagen y semejanza", "Marcas del tiempo" y "Los objetos absurdos" y no muestran ningún significado fácilmente accesible. En estos trabajos, siempre seductores en su apariencia visual, todo conduce hacia un territorio en el que dominan las ambigüedades poéticas.

Pese al protagonismo del agua -tema único y múltiple-, las obras de Silvia Rivas no hablan, como podría suponerse, de una determinada comprensión de la naturaleza. Tampoco son el escenario en el que se confrontan naturaleza y hombre. No hay en ellas ninguna cita de la concepción romántica y nostálgica que aparece, por ejemplo, en El monje contemplando el mar de Friedrich. Las referencias al agua, en la producción de la artista argentina, aluden simplemente a la vida y a la muerte. La pintora reconoció ese sentido más de una vez, aunque lo oculte con imágenes poéticas y ambiguas.

El agua, de acuerdo con la interpretación de Rivas, alberga múltiples formas de vida, pero también es un poderoso agente de destrucción. Esta apreciación coincide con las antiguas tradiciones, que asignan al agua el poder de ser el principio y fin de todas las cosas. La inmersión ritual en ella significa la muerte y el renacimiento. Para San Juan Crisóstomo, el bautismo, estrechamente ligado con el simbolismo de las aguas, representa la muerte y la sepultura, la vida y la resurrección (la muerte del hombre natural y el nacimiento del hombre espiritual).

Rivas debutó con las series de obras que tenían como protagonista el agua a comienzos de la década del noventa. Las piezas expuestas en Santiago de Compostela en 1993 fueron las primeras manifestaciones de esa mitología personal.

Poético y pictórico

Silvia Rivas comenzó sus estudios artísticos, aún niña, con Hércules Solari. Más tarde se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Pero fue en el mitológico taller que Kenneth Kemble tenía en la calle Cangallo (actualmente Presidente Perón), donde encontró el sentido del arte contemporáneo. Allí no sólo recibió las lecciones del maestro, también conoció a los artistas que compartían el viejo y enorme caserón: Víctor Grippo, Alberto Heredia, Enrique Torroja y Carlos Gorriarena. En ese mismo lugar nació su admiración no disimulada por Grippo.

Hace quince años, Rivas presentó su primera exhibición individual en una galería de Buenos Aires. Desde entonces, sus muestras personales (entre ellas, la de la galería Joan Prats de Nueva York) se sucedieron sin pausa. En los últimos meses, participó en las ferias de arte de Chicago, de Madrid y de Miami.

La exposición del Museo de Bellas Artes está integrada por varias series de trabajos: objetos translúcidos, obras sobre papel con impresiones fotográficas (en las que el agua adquiere calidad pictórica), polípticos de acero incorruptible y de hierro oxidado, telas con imágenes fotográficas. En algunas piezas aparecen capullos de seda, ajenos al simbolismo del agua pero que también hablan de la vida y de la muerte. El capullo es como un huevo del que nace la vida -afirma la artista- pero en ciertas ocasiones puede ser también una mortaja.

Pero el agua, en estas obras, no alude sólo a la vida y a la muerte. Las fotografías de ese elemento tomadas por la artista, impresas en los soportes emulsionados, muestran texturas, reflejos y transparencias de auténtico carácter plástico y poseen una dimensión visual, una bella apariencia que no puede ignorarse. Con su gama de sutiles grises sobre grises, más allá del carácter alusivo, estos trabajos pertenecen al campo de lo pictórico. Quizás haya que ubicarlos en el contexto de un orden poético-simbólico-pictórico.

La producción de Silvia Rivas también puede interpretarse desde lo que se ha llamado la "escritura femenina". No es traicionar el sentido de esas piezas señalar que, dado que el agua, elemento femenino por excelencia, refleja la confortable seguridad del útero materno, tal vez los trabajos expuestos se refieran, sin desmedro de los otros sentidos, al espacio de lo femenino.

Leonardo

EN el Museo Nacional de Bellas Artes fueron entregados el martes los premios Leonardo a medios y a artistas. Entre otros, recibieron la distinción Antoniadis, Distéfano, Heredia, Lozza, Kácero, Ballesteros y Sagastizábal. En prensa especializada, los Leonardo premiaron el trabajo de Osvaldo Quiroga, Ana Martínez Quijano, Jorge López Anaya, Santiago García Navarro, Silvia Hopenhayn y otros.

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