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Faustino Brughetti, un talento precursor

El hijo del artista argentino rescata en esta nota los valores de una obra multifacética que, en etapas sucesivas, adhirió a estéticas tan variadas como el impresionismo, el expresionismo, el simbolismo, la pintura au plein air y el realismo.
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2 de abril de 2000  

NO es fácil para mí escribir acerca de la obra de Faustino Brughetti. Primero, por tratarse de mi padre, y, en segundo lugar, porque incursionó en múltiples expresiones: fue introductor del impresionismo, precursor del expresionismo, cultor del simbolismo y, por cierto, nada indiferente al plein air y al realismo finisecular. A estas corrientes artísticas les otorgó características propias, de modo tal que resulta imposible colocarlo en encasillamientos generales.

A propósito de una retrospectiva del pintor bonaerense (Dolores, 1877-La Plata, 1956) en el Museo Nacional de Bellas Artes, La Nación del 25 de agosto de 1963, haciéndose eco de una mesa redonda presidida por Jorge Romero Brest, recalcó: "... Resulta difícil clasificarlo, por cuanto su obra escapa a los moldes conocidos y por ser original en no pocos aspectos". ¿Qué cualidades, explícitamente, lo revelan? Una viva exaltación de la naturaleza y de la luz, un denso sentimiento dramático de la existencia, una visión imaginaria y una sensible captación pictórica del paisaje y de las cambiantes atmósferas ribereñas del Plata.

Brughetti viaja a Italia en 1896. Cumplidos sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes y en las Escuelas de Artes Decorativas de Roma, se traslada a París a fines de 1899 para completar su formación profesional y visitar la Exposición Universal de 1900. Se inscribe en la Academia Jubian, pero rápidamente se aparta de la enseñanza que se impartía en esas aulas. En la península italiana fue atraído por la pintura de los macchiaioli toscanos, y en Francia, por un legítimo impresionismo.

Un preocupante estado de salud lo obliga en la primavera a volver a Italia. A propósito, apuntó en su Autobiografía (inédita): "Apenas traspuestas las grandes cadenas de los nevados Alpes, me sentí rejuvenecer, me volvió el alma al cuerpo y al llegar al pueblo de Villa del Bosco, mi cerebro se alivió de una gran opresión. Pocos días me bastaron para restablecerme de aquel íncubo opresor y fatal". En esas circusntancias propicias, con pleno dominio de sus conocimientos plásticos, pinta Lavanderas , actualmente en el Museo de Arte Moderno porteño. Este óleo abre un camino nuevo, con tal audacia en la pincelada y severa síntesis constructiva, que lo señala único entre los artistas de inicios del siglo XX en nuestro país. En el mismo año -1900-, su humanismo lo lleva a abordar una tela de amplias dimensiones: Eterna comedia . Al verla en su atelier romano, Antonio Mancini dijo con asombro: "Yo soy ya viejo y jamás me he atrevido a hacer un cuadro de composición, y este muchacho lo ha hecho y bien. Es un artista que piensa profundamente". Por su parte, Martín Malharro, en el Salón de Bellas Artes platense de 1904, quiso otorgarle la primera medalla. Por razones sentimentales, la recompensa recayó en un anciano y enfermo pintor español. Malharro, al enfrentarse otra vez, en 1905, con el cuadro -por entonces exhibido en una galería de la calle Florida-, manifestó: "Esa niña echada sobre la paja es la nota más trágica que he visto jamás en ningún cuadro". El óleo sólo estuvo expuesto tres días. El dueño de la galería temía perder clientela; que tajearan la tela, opinó Malharro. Y Dardo Rocha exclamó: "Pero Brughetti, ¡tanta miseria!"(Era la época de las vacas gordas.)

Me permito insistir acerca de Eterna comedia . Roger Pla se ocupó del pintor en 1972, calificándolo de " outsider del realismo pictórico argentino". Y aclaraba: "Su idealismo sombrío acusa curiosamente una tonalidad bien germánica. Ciertas resonancias a lo Klinger o a lo Munch que en su época sólo parecieron extravagancias y durezas tienden a liberar estructuras cromáticas y realismo a la italiana. No es tanto una ruptura de la forma por la invasión de la luz, como sucedió en los casos del preimpresionismo, sino más bien por la expansión y deformación de los contornos de la figura proyectándose en dirección expresionista. Así, en Eterna comedia , donde por razones cronológicas no puede hablarse de influencia expresionista alemana (el cuadro es de 1900)", concluye el crítico.

Pla afirmó también que cabe reconocer a Faustino Brughetti "entre los hombres de su generación, como el más solitario, el que recorrió solo y sin apoyo de moda o ambiente un camino que, en alguna medida, estaba prenunciando ya el porvenir. Y, paradójicamente, es esa condición insólita, que hace de Brughetti una de las figuras sobre las que más puede detenerse uno a meditar hoy, cuando nuestra mirada se vuelve hacia los inicios de lo que llamamos pintura moderna argentina.

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