Un santuario, 1300 kilómetros, nueve minutos y una oportunidad: salvarse del descenso

Más suplentes que público: un partido a puertas cerradas
Más suplentes que público: un partido a puertas cerradas
Guillermo Brown de Puerto Madryn salió indemne del partido de los dos días: el martes completó la fracción de partido que se había suspendido el domingo contra Los Andes; el gol que marcó a los 21 segundos en una cancha neutral y sin hinchas le permitió empatar y acceder a un desempate para intentar no bajar de categoría
Ignacio Fusco
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18 de noviembre de 2015  • 14:44

Los salvadores: el arquero Burrai, que salvó un mano a mano, y Nieto, autor del gol decisivo
Los salvadores: el arquero Burrai, que salvó un mano a mano, y Nieto, autor del gol decisivo

Sólo en el fútbol argentino puede haber un partido que empieza por el final.

Y aunque en los medios se leerá y se escuchará que fue un duelo de nueve minutos –un tiempo de cinco, otro de cuatro– deberá saberse que eso es una mentira: en el Julio Humberto Grondona se jugó un partido que duró dos días, un partido total. Un partido que empezó con el robo de unos bombos y terminó con el gol de un jugador al que el técnico había reemplazado por otro jugador; rigurosamente, el gol de un tipo que no existe. Todos los vientos del fútbol argentino se concentraron en el único estadio en el que podía jugarse un partido así.

La noticia se pasa tan rápido como su background: Los Andes y Guillermo Brown de Puerto Madryn reanudaron en cancha de Arsenal los nueve minutos del partido que se había suspendido el domingo en Lomas de Zamora. Con un gol de Galeano y otro de Noriega, el equipo local ganaba 2-1 cuando una facción de su barra, "La banda descontrolada de José", quiso romper un alambrado para pelearse con otra facción de la barra. La versión light informa que una le había robado un bombo a la otra; después, después se puede dudar: es la misma barra por la que en 2013 no se jugó un partido contra Atlanta porque le habían incautado armas de fuego, la misma barra que puso una bomba molotov debajo del auto de un vicepresidente porque no le daba entradas y la misma barra que en 2014 le baleó el frente de su casa al presidente del club, Oscar Ferreyra, que entonces renunció a su cargo y le pidió protección a Julio Humberto Grondona, el hombre que antes era el poder y hoy es el estadio en el que se jugó ayer, el de Arsenal de Sarandí, el club que había fundado: el fútbol argentino será lo que será pero no se le puede negar su pretensión circular.

Así que mientras el domingo una barra le tiraba piedras a la otra, el árbitro Nicolás Lamolina le preguntó a la Policía por la seguridad del estadio y la Policía le recomendó la suspensión. A los 39 minutos del segundo tiempo, Los Andes y Guillermo Brown dejaban de jugar. Faltaban cinco, se jugarían nueve. Lamolina había informado que se había suspendido a los 41. Que le calculó cinco de descuento. Que Guillermo Brown tenía entonces nueve minutos -un tiempo de cinco, otro de cuatro- para meter un gol: si el partido seguía 2-1 descendía al Torneo Federal A. Si empataba, jugaría un desempate contra Gimnasia y Esgrima de Mendoza, que el domingo había vencido 1-0 a Villa Dálmine. Si ganaba, cometía la inverosimilitud de zafar.

Todos a buscar el centro

A los 21 segundos de un primer tiempo que duró cinco minutos, Luciano Nieto puso ayer el 2-2.

"¡Hay que cabecear todo, eh! ¡Nos llevamos todo puesto, eh! ¡Cabeceamos en movimiento, siempre en movimiento! ¡Vamos de frente, los arrasamos!", había gritado Deivis Barone, uno de los defensores de Guillermo Brown, mientras el equipo calentaba, y así fue: el 5 (Sánchez) bloqueó la salida del 3 de Los Andes, el 4 (Velázquez) la recuperó y desde la mitad de la cancha tiró el planeado centro a la medialuna. Contra los centrales cargó el 9, Ciampichetti, y aunque uno de ellos la despejó, la pelota quedó ahí: de frente, de zurda, de primera y cruzado le dio Nietto, a quien el técnico Eduardo Castro había sacado a los diez minutos del segundo tiempo del domingo. El domingo: otra vida, otro estadio, otra realidad. El martes, el fantasma de Nietto le concedió a la ciudad aquello por lo que había rezado: que el próximo miércoles a las 17 se deba jugar en cancha de Argentinos un desempate entre Gimnasia y Esgrima de Mendoza y Guillermo Brown, que después de haber vivido el Partido de los Dos Días aún no sabe si descenderá.

El nene, el grande y el hilo conductor: una pelota. Brown tiene una chance más para no descender
El nene, el grande y el hilo conductor: una pelota. Brown tiene una chance más para no descender

El partido contra Los Andes no se televisó, a la noche aún no se encontraba el gol en YouTube y sólo tres portales tenían la noticia actualizada. En uno la ilustraron con una foto de los jugadores de Gimnasia y Esgrima de Mendoza yéndose de una cancha, en otro informaron que el gol había sido a los 25 segundos y en el último juraban que no, que había sido 20 segundos después. Esto, bueno, ayer; el domingo, uno de los conductores del noticiero de ESPN había informado: "Los Andes ganó 2-1 y, así, descendió Brown". En una de las plateas del Julio Humberto Grondona se amucharon ayer cuatro cronistas que mientras chequeaban las formaciones se perdieron el gol: tres no vieron quién recuperó la pelota, dos no vieron quién la bajó. Sin embargo, es un día para celebrar. En el Julio Humberto Grondona hemos vuelto al pasado. Los cronistas de los diarios escribimos nuevamente sobre un partido que nadie vio.

Cinco jugadores de Guillermo Brown se pararon en la línea de la mitad de la cancha cuando el partido estaba por empezar. Sacaron, vino el gol, y el resto fue escuchar a un grupo de autoayuda dándose fuerzas con un Haka: arriba, arriba, sacala, achicamos, dale, no nos dormimos, vamos, vamos, eh. Los jugadores de Los Andes ni se hablaban: alguno habrá recordado que el martes era el día que el club había puesto para celebrar el fin de año y se angustió. A propósito, placa roja, una posdata olvidada pero feliz: Los Andes selló ayer su clasificación a la Copa Argentina 2015/16. Sólo si hubiera perdido por tres goles le habría concedido su lugar a Boca Unidos, que tenía los mismos puntos y también anhelaba la última plaza que el torneo le concedía a la B Nacional.

En Sarandí, mientras tanto, reinaba el elaborado fútbol de Pep: se elaboraban pelotas divididas, puntinazos, patadas, el duelo era un trailer hecho con montoneras, centros, un despeje, alguien que traba, lateral; salto, cabezazo, codazo, dividida, foul. En cinco minutos, cinco pelotas reventó el 5 visitante, y en el mismo tiempo que Lewandowski le metió cinco goles al Wolfsburgo, una tuvo Los Andes y una más tuvo Brown. Lincopán, que jugó de volante central, volante por afuera, wing y tres, tiró un centro al segundo palo que cabeceó Susvielles, forzado, cansado y anunciado, a las manos del arquero local. Fue apenas comenzó el segundo tiempo, que duró menos que el suspenso que esto generó: al toque, Olivares pateó desde afuera del área y Burrai, el arquero de Brown, la dejó corta, de frente a Noriega, el 9 local. Dieciocho horas de viaje en micro, una barra rompiendo un alambrado, dos días de espera, un estadio vacío, un descenso, 42 fechas girando –todo ahora, un instante– en el punto del penal. Olivares llegó antes y la quiso empalar. Burrai llegó a la vez y le puso un guante y la cara. En el vestuario se secaría los ojos porque no podría, no podría parar de llorar. Después de la atajada se los frotaba por el raspón que le había quedado al no querer irse al Federal.

Todo ha sucedido en el Partido de los Dos Días: el arquero Burrai no jugó –por ejemplo– con las medias de su club

El delegado de Guillermo Brown había entrado al vestuario del árbitro para informarle cómo se vestiría su equipo. "Como el otro día", le dijo, mientras sostenía un shorcito, "de azul, todo de azul". "¿Y el arquero? ¿De qué color son las medias del arquero?", quiso saber Lamolina. "Blancas", le contestó el delegado. "No, no: se las tiene que cambiar. Los Andes tiene blancas", se impuso el juez. El delegado lo miró con cara de viajé 18 horas en micro, me suspendieron el partido, me dieron mil vueltas y esperé dos días para jugar: "Que se las cambien ellos. Son los locales. Yo sólo traje este juego". Sentado en un banquito, Lamolina le bufó: "Me estás complicando, hermano".

El delegado le explicó detalladamente el significado de la palabra complicar.

"Bueno, tomá", zanjó Lamolina, y le regaló un par de medias –negras– de árbitro. La justicia, al arco. Primero de todos, la ley.

El dedo apuntando a la AFA

"Lo que yo no entiendo es por qué tenemos que volver a jugar el partido, por qué", se preguntaba mientras tanto Raúl Uñate, vicepresidente del club de Madryn, al borde de la cancha, antes de que empezara lo que fue el 2-2. Uñate cuenta que todo empezó desde antes. Todo es todo: que la AFA designara a Fernando Espinoza, un árbitro mendocino, justo mendocino, para el domingo. Todo: que él llamara, se quejara, puteara y consiguiera que no. Que la AFA le dijera que no se preocupara y que cuando anunciara los árbitros, Espinoza estuviera otra vez ahí. "Así que volví a llamar", redondea Uñate, caliente porque Gimnasia de Mendoza apoya la continuidad de Luis Segura y a Brown –en primera instancia, al no tener asambleísta titular– no le corresponde votar.

"Porque acá es quién tiene la billetera más gorda –se había sacado el vice en Ascenso Sport, un programa radial–. Apenas empezó el partido del domingo la barra de Los Andes se fue a pelear con la otra y después quiso volver a parar el partido cuando no había un motivo. Nos dijeron que había una ambulancia que se llevó a un herido y al herido lo habíamos visto caminar, pasar por el alambrado y subirse a la ambulancia él solito. Hubo muchas cosas raras, no fue casualidad lo que pasó".

En un rincón del vestuario de Brown, la imagen de una virgen
En un rincón del vestuario de Brown, la imagen de una virgen

Y lo que pasó fue esto, todo esto: el domingo a la noche le informaron al plantel de Guillermo Brown que se tenía que quedar en la ciudad. Mientras cenaba le dijeron que no, que se podía ir, el partido ya se iba a reprogramar. "Pero después nos informaron que no, que se jugaba pero en 15 días, e igual nos teníamos que quedar", recuerda el arquero, Burrai. Uno de los integrantes del cuerpo técnico, que también cree que la barra de Los Andes buscó la suspensión, se mordía la bronca mientras viajaba a Sarandí, justo Sarandí: "Reglamentariamente deberían sancionar a Los Andes con una quita de nueve puntos. ¿Y sabés qué pasa si a Los Andes le quitan nueve puntos? Desciende. Pero bueno, eso reglamentariamente, claro". La dirigencia de Guillermo Brown quiso apelar, pedir la victoria, que reglamentariamente correspondía, bueno, claro, pero la AFA le contestó que una Asamblea Extraordinaria podía realizarse recién el martes, "y el martes juega la Selección, no hay nadie acá". Acá es Buenos Aires, de donde Guillermo Brown se fue finalmente en micro, el domingo a la noche, después de cenar. La mayoría del plantel había tomado una pastilla para dormir. La mayoría del plantel dormía cuando el viaje hacia Madryn ya tenía dos horas y una cabeza se asomó desde la tumba de la escalera del micro. "Muchachos, nos volvemos", dijo. Salvo Burrai, que estaba despierto, ningún jugador la escuchó.

El video del partido: empezó el domingo y terminó el martes

Video: gentileza ESPN

ae/av

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