La embajada inglesa en un entorno privilegiado

En el último sector sobreviviente de la Quinta Hale, la residencia Madero Unzué impone la elegancia de la arquitectura eduardiana en el tranquilo vecindario de "la isla"
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11 de febrero de 2001  

Al culminar la actual avenida Alvear y por detrás de la Recoleta, donde la traza de Buenos Aires cambia de rumbo y la característica barranca se interrumpe, la zona comprendida entre las actuales avenidas Del Libertador y Las Heras hasta la calle Austria albergó dos importantes quintas históricas.

Hacia fines del siglo XIX, el actual predio de la Biblioteca Nacional pasó a manos de Mariano Unzúe y de su esposa, Mercedes Baudrix, quienes erigieron una villa de corte franco-victoriano y plantaron un parque en consonancia con la estética de la época. Cuando dicha propiedad se transformó en residencia presidencial, a partir de mediados de los años treinta y hasta su demolición, veinte años más tarde, fue el componente políticamente más importante a lo largo del eje urbano, que une las grandes casas ocupadas por embajadas de distintos países.

La Quinta Hale

El barrio conocido hoy informalmente como "la isla" y la plaza Mitre conformaban a principios del siglo XX la quinta de la familia Hale Pearson. Este solar pasó a manos de la Municipalidad en 1906 y poco después fue subdividido siguiendo el trazado de un plano preparado por el arquitecto francés Joseph Bouvard, director de Parques y Paseos de París.

Este proyecto se inscribía en el contexto del gran plan de sistematización de la red viaria y de los espacios verdes que realizó Bouvard para Buenos Aires y del cual surgió la apertura de las avenidas Diagonal Norte y Diagonal Sur. El planteo original que preveía dividir la quinta en dos sectores a través de la línea de la barranca -un barrio parque con calles convergentes hacia un mirador sobre el río y una plaza con escalinatas- fue concretado con pocos cambios, entre ellos la apertura de las calles Galileo y Francisco de Vittoria.

De la Quinta Hale subsistió sólo un sector sobre las calles Agote y Guido que quedó en manos de la familia hasta mediados de siglo. En poco tiempo los lotes fueron vendidos e inicialmente se alzaron únicamente residencias y villas. Sólo a partir de fines de los años veinte se inició la construcción de edificios de departamentos.

La plaza Mitre

Definida la urbanización del barrio y ya edificadas varias residencias en distintos terrenos, a comienzos de los años veinte se concretó el proyecto para la sistematización y parquización de la barranca. Como foco de la composición se erigió el monumento al general Bartolomé Mitre, obra de los escultores italianos David Calandra y Eduardo Rubino.

El diseño de la plaza Mitre se basó en la integración de árboles de la quinta original y nuevas plantaciones con terrazas, escalinatas y balaustradas, para crear un conjunto monumental abierto sobre la avenida y los espacios extendidos hacia el río. El telón de fondo de la puesta en escena lo constituían los edificios particulares ya erigidos, especialmente los más próximos al monumento, como la residencia Madero Unzué, cuyo jardín fue reformado y replantado para lograr una propuesta armónica e integradora. Este tipo de operaciones de diseño urbano tenía evidente raigambre británica. Consistían en aprovechar y destacar la topografía original como soporte del proyecto paisajístico e incorporar la estética edilicia y espacial del barrio parque como sustento de la composición presidida por una escultura monumental.

El buen gusto inglés

Poco antes de comenzar la Primera Guerra y dentro de uno de los lotes privilegiados del barrio por su ubicación y vistas, comenzó a construirse la residencia que ocuparían Carlos Madero; su esposa, Sara Unzué, y sus hijos, desde 1917. La casa fue diseñada por los arquitectos británicos Walter B. Basset-Smith y Bertie Colcutt, de importante actuación en la Argentina por tres décadas, y autores de innumerables edificios, especialmente casas de campo, de veraneo y cascos de estancias como el de Chapadmalal, para la familia Martínez de Hoz.

El edificio es un buen exponente de la arquitectura eduardiana, es decir, aquella que recuperó el clasicismo hacia 1900, luego del largo período victoriano donde primaron el estilo neogótico y la estética medievalista del movimiento Arts & Crafts. Se inscribe particularmente dentro de la vertiente denominada neo-georgian que recrea la tradición inglésa del siglo XVIII y que ha sido utilizada durante todo el siglo XX hasta nuestros días, como lo demuestran las propuestas de contemporáneos arquitectos británicos como Quinlan Terry, enrolados dentro de la visión crítica hacia la arquitectura moderna que lidera el príncipe de Gales.

Desde los exteriores, la residencia Madero Unzué denota la voluntad de retorno al "buen gusto" inglés, que a fines de los años diez competía con el consagrado "estilo francés" por la predilección de los porteños. En los interiores se hace bien presente la lograda combinación de confort, depuración y elegancia estricta, con la que el pragmático diseño inglés del período lograba manejar los estilos.

Poco antes de promediar el siglo XX, cuando el Reino Unido, la Argentina y el mundo estaban a punto de entrar en un cambio profundo, la residencia Madero Unzué también cambió de dueño. La presencia británica, resultante de la particular relación entre los dos países por casi un siglo y medio, estaba a punto de modificarse. Seguiría presente en la gran contribución a la formación del patrimonio arquitectónico, paisajístico e industrial de la Argentina, recientemente redescubierto. Pero en esos momentos aparecía como necesario un gesto para reafirmar la historia común y resumirla en una imagen arquitectónica que sirviera de sede a su embajada en Buenos Aires. Es así como en 1945, crucial para ambos países, el gobierno del Reino Unido adquiere la residencia para sede de su embajada en Buenos Aires y un tiempo después la propiedad adyacente, el único sector sobreviviente de la Quinta Hale.

Valores patrimoniales

El conjunto del edificio y el parque que sirven de sede de la embajada británica es una importante pieza del patrimonio de Buenos Aires y de la Argentina. Al significado histórico del sitio se suman los valores arquitectónicos y estilísticos de la ex residencia Madero Unzué, que la ubican como muy buen testimonio de la cultura eduardiana en Buenos Aires. A esta apreciación se agrega la importancia paisajística del parque, que es el único sector sobreviviente de la "Quinta Hale" con especies de gran valor por su antigüedad, disposición y efecto ambiental.

A nivel urbano, el conjunto integra con la plaza Mitre uno de los sitios más originales y valiosos de la ciudad, como ha sido considerado por distinguidos especialistas, como Federico Ortiz y Roberto Doberti en Townscape del Cono Sur .

Pocas áreas residenciales de Buenos Aires tienen un perfil más británico que el sector donde se erige la residencia que perteneció a la familia Madero Unzué. Ante las recientes e inquietantes versiones sobre ventas, mudanzas y transformaciones en el sitio, es de esperar que prime nuevamente una cuestión de imagen y que se pueda honrar aquí también la tradición preservacionista inglesa. De esta manera los diplomáticos del Foreign Office podrán seguir siendo custodios de esa atalaya británica sobre el Embassy Row de la capital argentina.

( En la próxima entrega, la Nunciatura y los palacios vecinos de la avenida Alvear)

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