Suscriptor digital

La última Bienal del milenio

La 48º edición de la prestigiosa exposición veneciana reúne la producción de los consagrados con audaces expresiones de artistas emergentes. Tras muchos cabildeos, los trabajos de Benedit, Bruzzone, Bedel y Bony, seleccionados por Glusberg y Buccellatto, llegaron a destino.
(0)
13 de junio de 1999  

VENECIA.- ESTA nueva edición de la Bienal tiene el difícil objetivo de despedir el siglo que se va, y lo que es aun más complejo, prepararse para el que viene. Como nunca antes, le estaba prohibido cometer el pecado capital de repetirse a sí misma. Afortunadamente, el suizo Harald Szeeman, primer extranjero en muchos años que actúa como curador general de la mayor muestra de arte contemporáneo del mundo, promete traer aires de cambio en más de un sentido.

Por lo pronto, la apertura de nuevos escenarios de exposición y el intento por anular progresivamente la tradicional -y a esta altura obsoleta- división por representaciones nacionales, son dos medidas de peso que pueden permitir a la Bienal funcionar de aquí en adelante con un espíritu mucho más flexible y atento a los nuevos códigos del arte que se viene.

A los Giardini della Biennale -sede oficial de la muestra desde su primera edición (1893) y las Corderie del Arsenale, incorporadas al circuito hace varios años- se agregan esta vez tres nuevos espacios que la marina militar veneciana mantenía en desuso: las Artiglierie, las Tese y las Gaggiandre. En total estos 10.000 metros cuadrados son un marco ideal para los objetivos renovadores del encuentro. Las Corderie -edificio donde en otro tiempo se almacenaban y fabricaban cordajes para las embarcaciones- conforman un auténtico corredor cubierto de 330 metros de largo, jalonado por columnas monumentales y un techo a dos aguas de unos doce metros de altura, donde con facilidad pueden exponerse instalaciones de gran tamaño. El recorrido continúa por las Artiglierie y las Tese -en este pabellón que se utilizaba antiguamente para almacenar madera se encuentra la representación argentina- y culmina en las Gaggiandre, desmantelados depósitos de pólvora. Los edificios renacentistas fueron proyectados por Jacopo Sansovino, uno de los mayores arquitectos del Cinquecentto .

El suizo Szeeman, entusiasmado por la potencialidad de los edificios del Arsenal -una "ciudad dentro de la ciudad", como le gusta decir-, decidió elegirlos para albergar la Exposicion Internacional, curada directamente por él y por un grupo de curadores-adjuntos. " Dapertutto, Aperto-over-all, Aperto-par-tout, Aperto-uber-all" es el significativo título de esta sección. La propuesta consiste en eliminar toda distinción entre artistas consagrados y voces emergentes, de tal forma de ubicar en el mismo espacio las producciones más novedosas, tanto de los artistas que se lanzan al escenario internacional, como las de aquellos que, a pesar de los años, conservan la frescura de los comienzos.

"Dapertutto" implica también la ausencia de una temática dominante, de una lectura curatorial acotada. En los días previos a la inauguración, Szeeman aseguró a La Nación que "la muestra iba a ofrecer una cadena ininterrumpida de sorpresas. Se refería a la enorme cantidad de artistas desconocidos en el circuito internacional que participará de la Bienal, y que se inscriben en tendencias muy diversas. Los asiáticos tienen un lugar privilegiado en esta edición, pero también es fuerte la presencia de italianos y de artistas de paises periféricos. Como en ninguna otra Bienal anterior, es notorio el número de participantes no europeos en la "Exposición Internacional".

Menos diversidad, en cambio, se da en los medios elegidos por los artistas: videos, videoinstalaciones y sofisticadas herramientas digitales son los protagonistas. El pabellón de los anfitriones también depara sorpresas. Como dueña de casa, Italia da el ejemplo en la idea de borrar fronteras reuniendo en su local a creadores de procedencias muy diversas. Una parte está dedicada a artistas recientemente fallecidos, como los alemanes Martin Kippenberger y Dieter Roth; el norteamericano James Lee Byars y los italianos Gino De Domenicis y Mario Schifano. Además participan, entre otros, el galés Douglas Gordon, la francesa Louise Bourgeois, el alemán Sigmar Polke. Por último, participan como artistas de los envíos nacionales Ann Hamilton (Estados Unidos), Gary Hume (Inglaterra), Miyajima Tatsuo (Japón) y Nelson Leirner (Brasil), entre otros.

Lejos de todo intento de visión retrospectiva, Szeeman apostó al futuro, o mejor, a un futuro hecho presente: nada de nostálgicos homenajes a los revolucionarios del 68; nada de cinismos ni de discursos agotados. No más miradas cansadas. "Los artistas del presente son frescos y positivos", declara Szeeman.

"Deseamos que la Bienal que puso en marcha a todas las demás bienales aparezca ante el mundo como una madre joven, a la vez rigurosa y llena de gracia", resume el curador.

Si el objetivo se cumple, esta edición pasará a la historia no sólo por haber iniciado la renovación del hoy tan discutido perfil de estas megamuestras, sino también por haber servido de muestrario de las tendencias que definirán los primeros años del próximo milenio. No es poco.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?