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La verdad de la milanesa

Alicia de Arteaga
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15 de julio de 2001  

La primera noticia que tuve del Sandwiche de milanesa , la obra de Sandro Pereira que se convirtió en un emblema de Arte BA 2001 y hoy integra la colección de Juan Cambiaso, llegó vía Kevin Power, crítico inglés, titular de la cátedra de Estética, en la Universidad de Alicante, España, y colaborador del madrileño diario El Mundo.

Power viaja una vez por año a Tucumán para dictar su curso de crítica frente al alumnado voraz. En su último viaje quedó intrigado con el Sandwiche de milanesa, y quería saber con lujo de detalles cuál era el significado de este "bocadillo" para los argentinos. No es el caso de escribir un tratado sociológico sobre una comida nacional, que goza casi de la misma popularidad que el choripan. Pero la historia de cómo la milanesa pasó del plato al pan y se convirtió en la opción fast-food local fue todo un tema.

En la última edición de Arte BA, el crítico Jorge López Anaya cumplió con la propuesta del comité ejecutivo de la feria de curar un espacio para artistas emergentes con propuestas que no era aún materia de exhibición en las galerías comerciales. La revelación fue el sandwiche de Sandro Pereira y con él llegaron noticias del Taller C, que ya acreditaba fama y prestigio entre críticos, artistas y coleccionistas. Fue en casa de Gumier Meier, uno de los adelantados en el proyecto tucumano, que el propio Gumier y Kevin Power intercambiaron comentarios y cierta fascinación por la frescura de la experiencia de Tucumán. A diferencia de lo que ocurre en las capitales del Primer Mundo, acostumbradas a mover sumas de dinero siderales para levantar, reciclar y ampliar museos, los tucumanos han visto sólo puertas que se cierran; ausencia de espacios.

Los artistas producen con el alma encogida de no saber si su obra llegará al destinario, al público, que es, en definitiva quien la completa con su mirada. Si la idea de un nuevo museo en el futuro centro cívico prospera, nadie más indicado que César Pelli para firmar el proyecto. Después de todo, Pelli es un hijo dilecto de Tucumán y se formó en una época gloriosa Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Tucumán, bajo el aura del maestro Eduardo Sacriste.

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