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Aciertos políticos en el gabinete, con riesgos en algunas áreas

Roberto Gargarella
Roberto Gargarella PARA LA NACION
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28 de noviembre de 2015  

Para quienes hemos sido críticos del menemismo primero, y de la Alianza y del kirchnerismo después, el anuncio del próximo gabinete es una buena oportunidad para retomar el camino trazado. Comenzaría con una referencia sobre el pasado, tal vez imprescindible para entender el presente.

En cuanto a su personal de gobierno, el kirchnerismo puso un listón tan bajo y tanto nos acostumbró al maltrato y a la presencia de funcionarios inaptos, que dejó al presidente entrante frente a una oportunidad única. Con sólo designar a personas medianamente competentes (sujetos con algún vínculo relevante con la tarea asignada, o indispuestos a ejercer su poder con una pistola sobre el escritorio, o incapaces -frente a una tragedia como la del Once- de impugnar moralmente a las víctimas, antes que a su propio gobierno), el presidente electo ya está en condiciones de hacer una enorme diferencia. Sin embargo, la oportunidad sólo se aprovechó parcialmente.

Hay, sí, un virtuoso llamado al trabajo en equipo, que contrasta con el antidemocrático verticalismo propio de los gobiernos peronistas. Por lo demás, el presidente electo acertó en la designación de su jefe de Gabinete (aire fresco en un ambiente hoy putrefacto); tuvo sus mayores aciertos políticos en la confirmación del ministro de Ciencia y Tecnología o en Cultura (áreas sensibles en donde hábilmente desarticuló críticas fáciles, que ya se habían activado), e insinuó un buen camino con la designación, en la Cancillería, de una mujer que no muestra el alicate en mano como herramienta de diálogo.

También fue un modesto acierto lo que no hizo: nombramientos irritativos en Defensa o Agricultura, que fueron reemplazados por otros menos agresivos a partir de los cuales tendió puentes hacia las fuerzas aliadas.

Sin embargo, todas las virtudes sugeridas contrastan con defectos que las ponen en riesgo. Me refiero a nombramientos de personas que -con independencia de sus cualidades personales- se muestran manifiestamente incapacitadas para su cargo (Ambiente); otras que -con independencia de sus cualidades para el cargo- expresan una modalidad de acción que ha sido políticamente irritativa (Seguridad), y, sobre todo, una alta gama de personalidades "puramente" técnicas que contradicen la disposición democrática con la que se propone regir el trabajo en equipo.

Quienes consideramos que el proceso de toma de decisiones debe resultar definido por el debate público no lo hacemos con ingenuidad sino convencidos: la naturaleza de las dificultades que se enfrentan requiere una construcción que debe ser colectiva.

Por eso criticamos al autoritario decisionismo político propio del menemismo y del kirchnerismo, y por eso nos disponemos ahora a criticar al más pulcro decisionismo económico, que amenaza con quedar envuelto en disímiles pero emparentados problemas.

El autor es sociólogo y abogado constitucionalista

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