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La otra escena: dos actrices en el límite de la fantasía y realidad

La propuesta coreográfica de Josefina Gorostiza y Jimena Pérez Salerno, ganadora de la Bienal de Arte Joven, se destaca en la cartelera independiente porteña, cuyas figuras "escondidas" son el eje de esta nueva sección
Alejandro Cruz
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2 de diciembre de 2015  • 00:02

Quizás sus nombres no te suenen, pero eso es un detalle menor. Desde hace unos meses, Josefina Gorostiza y Jimena Pérez Salerno son una y son dos frente a sus espejos, sus sombras, sus desdoblamientos y su concentración en ese punto en el cual vuelven a ser una. Todos los jueves –o los próximos dos jueves, a las 21, para ser más precisos– cumplen el rito de presentar Paraje Das Unheimlich. "En un instante se desvanecen los límites entre fantasía y realidad y el borde entre los conocido y lo extraño se vuelve difuso. ¿Será el comienzo de lo invisible para los ojos terrenos?", se pregunta una y la otra en el catálogo de la Bienal de Arte Joven, en donde estrenaron esta primera joyita que se presenta en un callejón (en Espacio Callejón) que contiene infinidad de citas del mundo del cine, de la filosofía, del psicoanálisis y del gags más simplón en medio de lo siniestro.

Paraje Das Unheimlich les llevó mucho tiempo de elaboración, de darse la cabeza entre ellas hasta ser una. Más de un año, en tren de seguir en la búsqueda de lo preciso. El proceso fue complejo porque, entre otras cosas, era la primera que buceaban en otro tipo de desdoblabamiento: el ser intérpretes y directoras a la vez. "¿Cómo hacer de ese instante el tiempo justo de la ficción", se preguntaron y en esa pregunta ellas despliegan su mundo poético. En el andar a tientas tendieron infinidad de redes con otros artistas visuales y sonoros (un abanico que va de Fernando Tur a Matías Sendon). De ese arco también forma parte Ariel Feldman. Ariel fue el que realizó el ensayo fotográfico que acompaña estas líneas. Un ensayo fotográfico que tiene algo del "lado b" de Paraje (algo así como las sombras de Paraje...) Ninguna de las imágenes son de escena: habrá que entenderlas como bellas disgresiones de una bella propuesta cuya matriz es lo coreográfico.

En la línea de los senderos que se bifurcan, ellas, por separado, habitan otros mundos escénicos. Jimena Pérez Salerno, por ejemplo, el domingo fue parte de la despedida de la quinta edición de Tecnópolis que se vio desbordada por emociones cruzadas. Allí armaron la fiesta y ese "bailar hasta quedar exhaustos" al que nos tiene acostumbrado el CAD (el Combinado Argentino de Danza del que forma parte). Una de las piezas claves del entramado del CAD es Romeo Fasce, brillante artista visual y escenógrafo que falleció en estos días. "Vas a estar siempre en cada danza, en cada espacio, en cada objeto, en cada luz y sombra", postearon los CAD.

En otro espacio de luz y de sombras, Gorostiza es una de las cuatro desenfrenadas perfomers de otro trabajo único: La Wagner, de Pablo Rotemberg, que va los sábados en el mismo Espacio Callejón. En esa obra el trabajo de Josefina es tan opuesto como complementario al que realiza en Paraje Das Unheimlich.

Pero, indudablemente, el punto de la exacta fusión entre J y J es ese paraje que los jueves habita un callejón de Buenos Aires. Ahí Josefina y Jimena son el otro, el mismo.

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