Una lista (sí, una más) de libros para fin de año

Maximiliano Tomas
Maximiliano Tomas PARA LA NACION
Este año fue positivo para la literatura argentina: muchas de las mejores ficciones publicadas en 2015 llevan la firma de autores locales
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3 de diciembre de 2015  • 00:55

A decir verdad, sería más divertido (o por lo menos más infrecuente) confeccionar por una vez una larga lista de libros que no hayan estado a la altura, ya sea de las expectativas de los lectores como de la obra anterior de sus autores. Una lista de rotundos fracasos literarios o, incluso, de estratagemas editoriales fallidas (esos libros inflados por la prensa o el marketing, de una temporada, hayan funcionado o no en librerías). Al fin y al cabo, son muchas más las ficciones que pasarán (un, dos, tres: ¡ya pasaron!) rápidamente al olvido que las que persistirán en la memoria o lograrán infiltrarse en determinada tradición. Al tope de mi lista de 2015 estaría la nadería afectada de Milena Busquets y su debut literario, También esto pasará: un libro que contiene todos los tics, los trucos y las artimañas con las que alguien con oficio y cultura, pero sin mucho talento y ninguna imaginación, disfraza una historia intrascendente para hacerla pasar por profunda. Que sus derechos hayan sido comprados la semana pasada por una productora argentina para que Lucrecia Martel filme la historia tiene que ser parte de algún gran malentendido. ¿De Zama a esto? Pero sería apenas la punta del iceberg (una metáfora gastada que bien podría figurar entre todas las de la novela de Busquets). Porque, como se ha dicho, la lista podría ser interminable.

Pero como en este espacio nos impulsa, antes que nada, una ineludible vocación de servicio, dejaremos la malicia para otro momento y nos adelantaremos a las compulsas de fin de año para mencionar algunos de los buenos libros que han sido publicados este 2015. Y, como se sabe que muchas editoriales guardan parte de lo mejor de su producción para esta época (ya que durante las fiestas las ventas tienen uno de sus picos habituales), también adelantar algunos de los mejores títulos que diciembre ofrecerá a los lectores.

Lo primero que se hace evidente es que 2015 fue un año positivo para la literatura argentina: muchas de las mejores ficciones publicadas llevan la firma de autores locales. Dentro de la novelística, El espectáculo del tiempo, de Juan José Becerra, quizá sea de las obras más ambiciosas y logradas; pero además ha habido títulos como Titanes del coco, de Fabián Casas; La piel, de Juan Terranova; Salvapantallas, de Luis Chaves; Avión, de Eduardo Muslip; Precoz, de Ariana Harwicz; La menor, de Daniel Riera. Y libros de cuentos como los de Pablo Ottonello, Diego Muzzio, Pablo Natale y Francisco Bitar, que oxigenan y actualizan la tradición del relato corto rioplatense.

Hubo también ediciones y reediciones de autores extranjeros. Entre lo más interesante se pueden mencionar las novelas La violencia está en nosotros (James Dickey), Una partida de ajedrez (último libro de Stefan Zweig), El nombre del juego es muerte (Dan J. Marlowe) o los cuentos de Alejandro Zambra ( Facsímil) y la antología esencial de relatos del sueco Stig Dagerman ( El hombre desconocido), un autor insoslayable que estuvo ausente de las librerías argentinas por décadas. Hubo también, por lo menos, dos ensayos literarios destacados: La forma inicial, de Ricardo Piglia, y La cena de los notables, de Constantino Bértolo. Y tres libros que todo periodista argentino debería tener en su biblioteca: la reedición del clásico Punk. La muerte joven, de Juan Carlos Kreimer; la antología seleccionada por María Moreno y titulada Periodismo todoterreno, con textos de Enrique Raab; y los ensayos y reflexiones sobre el oficio de Leila Guerriero en Zona de obras. También dos biografías orales: Bolaño. El hijo de Míster Playa, de Mónica Maristain; y Fuimos Reyes, la historia de la banda de rock Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Otros ensayos variados: 24/7, de Jonathan Crary, sobre la colonización del sueño en el capitalismo tardío; y el relato del sacrificio sentimental de Werner Herzog en Del caminar sobre hielo.

Finalmente, diciembre trae unas cuantas novedades que pueden recomendarse a ojos cerrados. Como si fuera un autor para la playa (bueno, ¿por qué no?) acaban de reeditarse cuatro libros de César Aira, entre ellos el clásico Ema, la cautiva y la múltiple Las curas milagrosas del Doctor Aira; aparecieron los Cuentos secretos de Aurora Venturini, escritora fallecida pocos días atrás; Francamente, Frank contiene nuevos relatos de Richard Ford, el mejor de los tres autores del llamado "realismo sucio" estadounidense; también se editaron los cuentos de El cielo de los animales, del joven y exitoso David James Poissant; las dos crónicas corales de la última Premio Nobel de Literatura, Svetlana Alexiévich: Voces de Chernóbil y La guerra no tiene rostro de mujer; La ley del menor, nueva novela de Ian McEwan; y La invocación y otras historias, de M. John Harrison.

Dicho esto, quizá sea tiempo de que las editoriales revisen la estrategia de concentrar muchos de sus mejores títulos el último mes del año. Con la avalancha de novedades, hay libros que pasarán inadvertidos. Y listas como estas son útiles hasta cierto punto: no deben abundar los bolsillos capaces de adquirir, en tan solo un mes, la mitad de los libros mencionados en el párrafo anterior.

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