Adiós, Cristina, adiós

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
(0)
6 de diciembre de 2015  

Pelearon con uñas y dientes por el papelón mayor de la semana que pasó, Cristina Kirchner, con sus berrinches sobre dónde quiere entregarle los atributos del mando a su sucesor, y la AFA, con su bochornosa microelección, que dio por tierra con los intentos de democratizar la entidad máxima del fútbol argentino.

Ambos episodios, sin relación entre sí, demuestran, sin embargo, un firme hilo común: que la institucionalidad no es nuestro fuerte.

Por la multiplicidad de acciones emprendidas ganó la competencia ampliamente la Presidenta, que hasta fue desautorizada por Zamba, el dibujito más emblemático del kirchnerismo, que, desde Pakapaka, instruyó a los chicos que la banda presidencial y el bastón de mando se entregan en la Casa Rosada.

Cristina Kirchner no consensúa con Mauricio Macri una transición civilizada, sino que decidió dejarle el terreno lo más minado posible con sus nombramientos a destajo, la multimillonaria ampliación del gasto, el apurado envío de un paquete de proyectos de ley que la Cámara de Diputados aprobó a libro cerrado y la devolución de la coparticipación a las provincias, de la que ella misma usufructuó durante sus dos mandatos.

Macri llamó ayer a Cristina para ratificarle el cronograma de su asunción, aun cuando la mandataria saliente porfía en alterarlo caprichosamente. Le cuesta elaborar el duelo que indica que a partir de las 0 horas del jueves se convertirá en rotunda ex presidenta.

Para el psicólogo y productor televisivo Miguel Rodríguez Arias, Cristina Kirchner sufre de "megalomanía, un desorden narcisístico que se caracteriza por las fantasías de omnipotencia y una exagerada autoestima que ocultan un yo débil".

Sin embargo, como líder carismática, sabe tocar determinadas cuerdas para mantener en estado casi hipnótico a sus aún cuantiosos y leales seguidores. La masa, según Rodríguez Arias, tiene un "alma colectiva" distinta de la que cada uno de sus miembros desarrolla en forma particular. "La masa -apunta- es impulsiva, voluble, excitable y guiada casi en exclusividad por el inconsciente. El líder carismático posee una fina percepción del sentir de la masa, por eso pueden fusionarse."

Nadie cambió tanto en el poder física, psicológica y políticamente como Cristina Kirchner. Grosso modo, podrían identificarse cuatro tiempos bien diferenciados. Veamos:

  • Primera etapa (antes de 2003): su presencia en programas de TV abierta y de cable era habitual. Hasta llegó a compartir una mesa de Mirtha Legrand con Elisa Carrió. Muy dada, se detenía ante cuanto micrófono se le cruzara en el Parlamento y en un set de TV podía debatir civilizadamente con Julio Bárbaro o con David Viñas. Las cámaras la buscaban: era todavía una mujer de rasgos frescos y muy atractiva. Ya se mostraba locuaz y sabedora de los temas que encaraba, pero entonces no era tan tosca ni grosera. Obviamente era la más conocida del matrimonio Kirchner puesto que ella ya se destacaba en Buenos Aires cuando su cónyuge todavía gobernaba una provincia periférica y alejada del centro político del país.
  • Segunda etapa (2003-2007): cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia con el porcentaje de votos más bajo de la historia moderna argentina (22%), Cristina Fernández se replegó discreta en su papel de primera dama. Salvo en episodios puntuales, prefirió atenuar su protagonismo y hablar menos, para que la estrella de su desconocido esposo pudiese ascender y brillar.
  • Tercera etapa (2007-2010): su perfil volvió a elevarse cuando su marido la nominó a dedo como candidata a sucederlo. Asumió su primera presidencia con el 45% de los votos y la valija de Antonini. Desde el grave conflicto con el campo mostró un perfil más combativo y armó su propia trinchera (la obsesión contra Clarín, Carta Abierta, 6,7,8, las primeras estatizaciones y la ley de medios). Consolidó el "relato" la monumental celebración del bicentenario de la Revolución de Mayo.
  • Cuarta etapa (2010 a la actualidad): la muerte de Néstor Kirchner la liberó de ese "doble comando" que no la dejaba levantar vuelo por completo. Ganar en 2011 la reelección con el 54% de los votos la desinhibió del todo, pero se cerró sobre sí misma y se volvió más escandalosa y pendenciera. También se dispersó como gran oradora, pero se recibió de conductora de TV populachera en sus frecuentes cadenas nacionales con aplaudidores y mostró su costado más frívolo en las redes sociales. A mayor empeoramiento de las condiciones económicas y sociales, mayor negación y obsecuencia de un relato que se volvió más disparatado y alejado de la realidad.

¿Cómo pudo tanta gente pensante no notar ese derrape de su líder para exigir las necesarias rectificaciones? "Es que se impone la incapacidad de razonar -explica el conocido psiquiatra José Eduardo Abadi-, hay una adhesión infantil y un nivel de idealización y sumisión que la coloca en un lugar perfecto, sagrado e intocable. Ese carácter absoluto hace que cualquier crítica, en vez de ser tomada como un aporte, se la viva como un ataque que hay que descalificar. Es un pensamiento mágico que nos coloca en una zona de supuesto confort que niega la cultura del esfuerzo. Los argentinos tendemos a buscar paternalismos salvadores en figuras omnipotentes."

El telón caerá pesadamente sobre esta época singular en apenas cuatro días.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.