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"Lo extraño tanto"

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11 de diciembre de 2015  • 12:20

Hace tiempo no me sentía tan presente en compañía de ella como este último lunes al mediodía.

Estoy hablado de mi abuela, de Lidia.

En los últimos encuentros yo estaba en parte con ella, en parte en Babia, en alguna otra parte lejos de aquellas coordenadas. Ella no era la razón, no era ella, era yo... Fue un año -ya en breve haré el balance- en el que sentí mucha fuga de presencia.

El caso es que el lunes allí estábamos. Mis dos hijas, su bisabuela y quien suscribe, nieta de aquella.

Si el texto tuviera otro contexto, si el texto no fuera un post de blog, me detendría en todos y cada uno de los micro-momentos de aquel encuentro: el viaje en el 55, la subida en ascensor, entrar al departamento, el almuerzo con tarta de jamón y queso, la típica de mi abuela, muy similar a la que cocinaba cuando yo era chica... las milanesas, el puré, la ensalada de frutas, el arrollado de frutilla y de dulce, el juego de cartas... ah, sí, me detendría en las risas que nos sacudían queriendo recordar cómo jugar al culo sucio y no a la casita robada...

Si otra fuera la circunstancia, otros los tiempos, me permitiría irme por las ramas, pero no quiero aburrirlas.

Y quiero hacer un recorte del momento, de la escena más significativa de esta visita.

Eran las 5 y monedas de la tarde. Veníamos de almorzar en su casa, estábamos sentadas tête à tête en el primer piso de un shopping pequeño, mientras niñas corrían desquiciadas por el patio de comidas, subiendo y bajándose de una estructura de juegos, acercándose a la mesa a tomar agua...

No recuerdo cómo fue que llegamos al tema, no recuerdo las calles previas, sí recuerdo el tema instalándose, él, mi abuelo.

-Lo extraño tanto. Era tan bueno conmigo.

-Ojalá tuviera yo una historia de amor como la tuya... -le confesé yo a ella.

Ya sé, una tiende a idealizar a los seres fallecidos, la muerte, la distancia en el tiempo y en el espacio pareciera embellecerlos. Hay algo de cierto en esto.

Ni hablar si hacemos referencia a un hombre -por donde se lo mirara- impecable.

Tenía sus limitaciones, limitaciones expresivas, era un tipo tímido, callado, muy silencioso, aquella dificultad le jugó en contra en sus últimos años.

Pero en términos generales, no encuentro mejor adjetivo, el tipo era impecable: bondadoso, generoso, disciplinado, noble, inteligente, perseverante.

-Ay, sí. Una historia de película -¿eso me dijo mi abuela? Y si no me lo dijo, así lo pienso.

-¿A qué edad y cómo se conocieron? –le pedí que me refresque detalles.

-A los 20 y 23 años. En la casa de un amigo, estábamos jugando a hacer mímicas de películas.

-Al dígalo con mímica.

-Y él me acompañó hasta la parada de subte creo.

-¿De noche?

-No, de tarde. Si llegaba después de las 8 mi vieja me rompía el alma a patadas.

La acompañó al subte unos 15 días antes de subirse a un avión y viajar a Estados Unidos por una beca de estudio y trabajo. Durante esos 15 días se escribieron unas cartas y se vieron en algunas pocas oportunidades.

-Me acuerdo que esa tarde me dijo: "mirá que me estoy yendo... " Y yo le dije que se quedara tranquilo, que no me iba a poner a hacer crochet ni licor de mandarina, que iba a hacer mi vida. Yo tenía que seguir trabajando.

El caso es que mi abuelo se fue de viaje...

-Y me escribía todos los días...

-¿Antes de irse ya se habían dado un beso?

-No, no, qué beso... Me escribía todos los días, me llamaba por teléfono, me mandaba regalos con cualquier conocido que viajara a Argentina.

Fueron casi dos años de amistad a la distancia en una época en la que no había ni un cuarto de las facilidades de comunicación que tenemos hoy a mano. Así fue hasta que un buen día el muchacho le pidió que se subiera a un avión y lo visitara.

-¿Te compró el pasaje?

-Nooo. Me lo compró mi abuela -contestó orgullosa; la situación económica de mi abuela y su familia no era ni un poco holgada-. Cuando estaba en el avión pensé: "¿y si no me gusta?" Tenía miedo. Lo había visto muy poco. ¿Nunca te pasó que te guste un chico y al poco tiempo te deje de gustar? Porque yo tenía otros muchachos acá que también me gustaban...

(Este último texto puede pasar inadvertido en boca de cualquier joven, pero no en boca de una mujer de casi 90 años... ).

-Cuestión es que cuando llegué, uf, por suerte me gustó, menos mal. Y al mes de estar allá, me propuso matrimonio.

-¿Al mes se casaron?

-Al mes, sí.

-¿Y cuándo te dio el primer beso?

-Ay, qué sé yo, María Inés, mirá las preguntas que me hacés. Cuando llegué supongo.

-¿Nunca se pelearon? (Jamás vi ni escuché a mis abuelos discutiendo. Jamás de los jamases).

-Nunca. No era que siempre estuviéramos de acuerdo, porque yo tenía mi carácter, pero si teníamos alguna diferencia, la conversábamos, nunca nos faltábamos el respeto.

Y me detengo en este comentario. Muchas veces me encontré preguntándome, si mamé un modelo de pareja tan amable, ¿cómo fue que me alejé tanto de aquella referencia?

Creo, de todas maneras, que ese modelo sigue latiendo en lo profundo de mi ser. Es una suerte de faro.

Seguramente, si rascara aquella superficie, encontraría ruidos, imperfecciones, desconexiones, locura humana detrás de una apariencia.

Pero no es poca cosa que el trazo grueso de la historia sea tan prolijo.

Hubo momentos en los que me sentí padeciendo mi familia, por eso me gusta encontrarme diciendo: "ah, sí, una historia de amor como ésta, eso quiero, eso quisiera... "

Tener 90 años y hablar del compañero de mi vida con tanto agradecimiento, con tanta admiración… ¿Será una utopía?

Un compañero de vida como el tuyo, Lidia...

Difícil que se no se extrañe.

¿Hay alguna historia de amor en su familia que sea para ustedes una buena referencia?

PRIMERA CARTA: Le pedí permiso a mi abuela para fotografiar la primera carta que mi abuelo le escribió. Me dio ternura esta parte (termina: "con el correr del tiempo llegaremos, sin duda, a comprendernos perfectamente"). ¡Tenía apenas 23 años! Y cumplió con todo lo que escribió al pie de la letra.

PD: Que tengan un muy buen fin de semana. Para contactarse por privado o por taller, me encuentran en FB.

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