¿2015, qué me enseñaste?

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15 de diciembre de 2015  • 10:26

¿2015, qué me enseñaste?

¿Qué me enseñó este año?

En un primer momento, en los primeros minutos en los que hice silencio y miré en retrospectiva mis últimos trescientos y pico de días... me dije: oh, Dios santo.

Otro año perdido, sentí, otro año jugando a las escondidas, con poca suerte para la que busca y no encuentra, y mucha para la que se esconde, de sí misma.

Otro año con la eficiencia de conexión -interna- de la compañía que me provee internet en mi vivienda.

Otro año de bipolaridad espiritual, de sentirme –por momentos- a mis anchas, muy alineada con Dios y su séquito, con Dios y su orquesta de instrumentos, incluido mi ser más elevado...

Y por otros, separada de todo, aislada, reclamando atención, afecto, consideración, reconocimiento, sufriendo por el egoísmo, la falta de comprensión, la mezquindad, las limitaciones de terceros.

En un primer momento sentí peso, culpa. ¡¿María Inés, cómo puede ser que no aprendas?!

Por suerte, a ese primer momento le siguió un segundo momento, le siguieron otros varios momentos.

Y en lugar de sentir que había perdido el tiempo en trampas mentales, sentí que tal vez estaba descubriendo o desculando herramientas importantes... y todavía, en proceso.

Puedo decir, pues, que lo que el 2015 vino a enseñarme todavía no fue aprendido.

No voy a decir que no entienda un bledo, aunque suene bien decirlo. No terminé de aprender lo que este año me hizo repetir hasta el hartazgo... pero estoy cerca, a centímetros.

Me siento como China aprendiendo a andar en bicicleta o como Lupe y Matilda aprendiendo a leer y a escribir...

Más todavía, puedo decir que China ya sabe andar en bicicleta sin ayuda de ruedas. La vi avanzar varios metros, lo mismo de Lupe y Matilda, las vi leer y escribir sílabas, o palabras simples como "nene" o "casa".

Pero están en un momento del proceso en el que todavía no dominan ese conocimiento.

Y así como avanzan metros, también se caen, así como captan el fonema y la letra, también le erran.

Yo estoy igual, en otro plano.

El 2015 me tuvo una paciencia de maestra Siruela, amante de su trabajo, me la viene teniendo. Me da la lata como pocos, pero me banca. No importa cuántas veces me caiga, no importa cuántas veces vuelva a desviarme del camino. El año se dio cuenta de que mi intención de aprendizaje es genuina, de que si algo pretendo es actuar alineada con el Gran Propósito o Gran Meta.

...

2015, estoy agotada. Me has tenido de che, piba todo el año...

¿Nos regalamos una fiesta?

¿Qué les enseñó a ustedes este año?

MI FOTO DE FIN DE AÑO: Mi abanderadita hermosa. ¡Qué linda manera de terminarte, 2015! ¡Lupe egresada!

PD: ¡Que tengan un hermoso día martes! Para contactarse por privado, me encuentran en FB.

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