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Alberto Manguel será el nuevo director de la Biblioteca Nacional

El reconocido escritor fue designado ayer, pero asumirá en julio; reemplazará a Horacio González
Pablo Gianera
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19 de diciembre de 2015  

Manguel, intelectual argentino de extramuros
Manguel, intelectual argentino de extramuros Fuente: EFE - Crédito: Alejandro García

No resulta sencillo encontrar un nombre a la altura de un cargo que se asocia de manera inmediata con Jorge Luis Borges y más lejanamente, también, con Paul Groussac. De los varios perfiles que serían apropiados para ocupar el cargo de director de la Biblioteca Nacional, podrían decantarse dos: el del reconocido prestigio literario y el de conocimiento bibliotecológico. Alberto Manguel es uno de los pocos que reúne a ambos, y ésa fue la razón por la que el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, decidió ayer designarlo al frente de la Biblioteca en reemplazo de Horacio González.

"Alberto Manguel es uno de los intelectuales argentinos con mayor reconocimiento en el exterior y, además, una de las personas que más sabe en el mundo sobre bibliotecas. Tiene dos virtudes que rara vez se encuentra en la misma persona: es un eximio escritor y, al mismo tiempo, un gestor cultural experto en el campo de la bibliotecología", señaló en el comunicado oficial.

A este panorama hay que agregar que el de Manguel fue uno de los nombramientos más demorados de la nueva gestión. Esto se explica por el evidente lugar simbólico del cargo, pero también porque el escritor, intelectual y docente, que dejó la Argentina en 1973 y está viviendo por estos días en Nueva York, se tomó su tiempo en aceptar. De todas maneras, por compromisos profesionales, asumirá recién en julio. Aunque no fue confirmado de manera oficial, es casi un hecho que hasta entonces el cargo será ocupado por la actual subdirectora, Elsa Barber. La inobjetable designación de Manguel fue bien recibida en el ámbito de la cultura e incluso celebrada por el propio González.

Con una Biblioteca con muchas actividades (conciertos, charlas, conferencias) y la colección de publicaciones que impulsó la gestión saliente (varias series de literatura argentina y una colección de ediciones facsimilares de revistas), los mayores desafíos de la gestión de Manguel cubrirán costados tan diversos como los aspectos eminentemente bibliotecológicos -lo que comprende también proyectos de digitalización- y, en el otro extremo, las siempre complejas tratativas con los gremios. No menos importante será la articulación con la antigua sede de la calle México, convertida hace pocas semanas en el Anexo Borges-Groussac. A esto hay que agregar los homenajes por los 30 años de la muerte de Borges, que se celebrarán en 2016.

Senderos que se cruzan

El vínculo de Manguel, nacido en Buenos Aires en 1948, con la Biblioteca Nacional tiene dos puntas: la relación personal del escritor con Borges y su propia escritura, plena de erudición libresca. A Borges lo conoció hacia 1964 en Pygmalion, una de esas librerías de libros en idiomas extranjeros que había en Buenos Aires en otra época. Manguel era allí librero. Casi enseguida se sumó al grupo de estudio de anglosajón que Borges organizaba justamente en su despacho de la Biblioteca, en la sede de la calle México. Después, durante años, fue a leerle al escritor ya ciego en el departamento de la calle Maipú.

Buena parte de la carrera de Manguel fue extramuros, y sus libros, ya desde el primero, la antología Guía de lugares imaginarios (1980) aparecieron antes en inglés que en castellano. Lo mismo pasó con su estudio más famoso y más apasionante, Una historia de la lectura. Aunque su territorio natural es el ensayo literario y de arte, Manguel no desdeñó tampoco la ficción, y sus últimos títulos conocidos en castellano son las novelas El regreso y Todos los hombres son mentirosos. Sus palabras se leen ya en treinta idiomas.

Desde el premio LA NACION que ganó en 1971 por un cuento, Manguel no dejó de acumular distinciones: el Premio Roger Callois y la Orden de las Artes y las Letras en Francia, ambos en 2004, y en 2007 el Grinzane Cavour por Diario de un lector. También acumula libros, tantos que, en 2000, compró una granja medieval en Poitou-Charentes, Francia, y la acondicionó para hacer lugar a su biblioteca de más de 40.000 volúmenes. Alrededor de la vigésima parte de los ejemplares que deberá administrar a partir de julio.

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