Computadoras que abren los ojos: la economía de la madre de las tecnologías exponenciales

Los desarrollos vinculados con la inteligencia artificialtuvieron su año bisagra; los productos se abarataron y masificaron, mientrasque las iniciativas se multiplican sin parar
Sebastián Campanario
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20 de diciembre de 2015  

El tiranosaurio de plástico, verde y sonriente parece un juguete común y corriente, pero no lo es. Está conectado vía Internet a Watson, el sistema de inteligencia digital que desarrolló IBM, y por lo tanto puede sostener conversaciones complejas con los niños: les hace preguntas, aprende, los desafía. El producto forma parte de un proyecto denominado CogniToys y fue lanzado a principios de año con fondos del sitio de financiamiento colectivo Kickstarter.

Gustavo Aguirre, un ingeniero aeronáutico que trabaja en la empresa argentina Globant, mira en YouTube un video del dinosaurio de juguete y hay dos cosas que le llaman la atención. "Primero que es capaz de mantener conversaciones más relevantes de las que yo tengo con mis hijos y nietos", se ríe. Segundo que cuesta menos de 200 dólares, algo impensado un par de años atrás.

El abaratamiento de las tecnologías relacionadas con la inteligencia artificial y su consecuente masificación en productos de uso diario hicieron que 2015 fuera un año bisagra para este tipo de avances. Cualquier start up que quiera atraer inversores hoy tiene que exhibir las siglas AI ( Artificial Intelligence) en su nombre o prospecto, aunque se calcula que sólo 10% de los que lo hacen tienen un negocio genuinamente anclado en inteligencia digital (el resto usa algún tipo de algoritmo sofisticado). "De todas las tecnologías exponenciales, la de la inteligencia artificial es la que va a tener un impacto más masivo en los negocios. Hay otras líneas de avance, como la impresión 3D, que afectan más a un rubro que a otros. Pero es imposible pensar en un producto o servicio que no vaya a cambiar drásticamente con las posibilidades de la computación cognitiva."

Aguirre muestra una carrera profesional poco ortodoxa. Estudió en La Plata y hasta los 38 años fue entrepreneur, dedicado al diseño de aviones. Luego trabajó diez años como gerente de Sistemas de OSDE, donde logró el reconocimiento de sus pares, y llegó a ganar el premio al CIO del año de la revista especializada Information Technology. Cuando se enteraron de que dejaba la empresa de salud, los socios de Globant le dijeron: "Venite a hacer cualquier cosa, pero venite con nosotros". Le tomaron la entrevista laboral en un pelotero (sí: sentado dentro de un pelotero) que la firma de tecnología tiene en su sede central de Catalinas, porque no había salas de reunión disponibles. En la actualidad es vicepresidente a cargo del área de innovación y de computación cognitiva, y trabaja en iniciativas para mejorar la experiencia del usuario.

"Creo que no hay conciencia entre los empresarios argentinos de los cambios que se vienen en este sentido y que van a ser mucho más rápidos de lo que pensamos", cuenta el ejecutivo a LA NACION, mientras mira su Apple Watch que detectó que ya estuvo bastante tiempo sentado y le sugiere pararse.

¿Cuáles son las principales vías de impacto del avance de la inteligencia artificial sobre el mundo empresario? Aguirre menciona tres avenidas. La primera es la más obvia: el aumento de la potencia computacional está permitiendo detectar patrones en big data que la mente humana no llega a captar y que pueden ser muy útiles para los negocios. La segunda es la de la mejora en la toma de decisiones complejas. "Hasta ahora estamos acostumbrados a que las máquinas recolectan información, nos la proveen y en base a ella nosotros tomamos las decisiones. Pero ello no necesariamente debe ser así: hay determinaciones que pueden ser mejores si son realizadas en forma digital", explica.

La economía del comportamiento y la neuroeconomía vienen detectando y estudiando decenas de "sesgos" o errores sistemáticos que cometemos los humanos, en forma inconsciente, a la hora de tomar decisiones. Un trabajo de economistas israelíes detectó cómo los jueces de ese país dictan sentencias penales mucho más benignas en el horario inmediatamente posterior al almuerzo, sin darse cuenta. Y hace poco el emprendedor Elon Musk, el padre de Tesla y de SolarCity, arriesgó que dentro de diez años será ilegal manejar, porque quedará claro que nuestra inteligencia para hacerlo será muy inferior a la de las computadoras, algo que quedará en evidencia con una brecha de accidentes de tránsito que la sociedad ya no tolerará.

"Nuestro cerebro está condicionado por millones de años de evolución bajo restricciones, como la necesidad de ahorrar energía, que las máquinas no tienen", cuenta Aguirre, que está trabajando junto a Facundo Manes y el equipo de neurocientíficos de Ineco en proyectos para aplicar insights de la ciencia del cerebro a la experiencia de usuario. El tercer factor que ve el ejecutivo es el de un cambio drástico en nuestro relacionamiento con la tecnología: hasta ahora había una frontera clara entre humanos y máquinas. Ahora ese límite, como en la película She, se empieza a hacer más borroso.

Avances a grandes pasos

Hasta hace poco tiempo, el concepto de inteligencia artificial no tenía la mejor prensa. Era visto como algo difuso y con pocos casos de éxito para mostrar. Pero todo cambió en 2015. "La velocidad de los avances se está acelerando", dijo semanas atrás Jeff Dean, científico de Google. En esa empresa se desarrolló este año un programa capaz de aprender y volverse experto en viejos juegos de Atari sin directivas previas. Microsoft mostró un software tipo Skype que traduce en tiempo real de un lenguaje a otro. Y en testeos, el reconocimiento de rostros que logran las computadoras redujo su margen de error a menos del 5%, mejor que muchos humanos.

"En 2015 varios resultados académicos en el área de Ia conocida como deep learning se convirtieron en aplicaciones, y se demostró que podían implementarse a escalas como las de Facebook o Google´", cuenta a LA NACION Carlos Diuk, un físico argentino, con doctorado en neurociencias, que trabaja en los EE.UU. para la red social de Marck Zuckerberg. "Principalmente en las áreas de reconocimiento de imágenes y comprensión de texto esta nueva tecnología produjo una pequeña revolución. Por ejemplo, en Facebook la tecnología se empezó a usar para 'leerle' en voz alta el contenido de una foto a personas con ceguera, o para interpretar lo que ocurre en un video (la computadora, por ejemplo, ve un video de un deporte y sabe de qué deporte se trata).", agrega Diuk.

Con el abaratamiento y la disponibilidad de nuevos programas hay miles de iniciativas en el pipe line para 2016. "En términos evolutivos es como cuando aparecieron los primeros animales que podían ver. En 2015 las computadoras comenzaron a abrir los ojos", grafica Dean.

El dinosaurio de CogniToys es uno de los emprendimientos lanzados con AI para consumo masivo. Sistemas digitales de "asistentes personales" que arman citas y resuelven problemas nacieron con nombres como Siri, Cortana y Amy (lo cual motivó protestas de entidades de defensa de derechos de la mujer: ¿por qué los sistemas-secretarios/as tienen nombres femeninos?).

Sentient Technologies levantó recientemente 150 millones de dólares en financiamiento para un "asistente de compras virtual" que aprende los gustos personales de un usuario, y busca y sugiere ítems para comprar en base a esa información.

Algunas celebridades del mundo científico y del emprendedorismo, como Stephen Hawking, Peter Thiel o el propio Musk, alertaron sobre los riesgos de un futuro con una inteligencia virtual muy superior a la humana. "Es extremadamente difícil predecir la línea de evolución de esta tecnología, porque los impactos son múltiples y se retroalimentan en un sistema muy complejo -dice Aguirre-; lo que sí podemos hacer, como individuos y a nivel de empresas, es mantenernos ágiles y flexibles para cambiar antes que el resto cuando llegue la fase de disrupción."

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