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Cómo está la causa de Lola Chomnalez a un año del crimen

Se cumplió 1 año del asesinato de Lola Chomnalez
Se cumplió 1 año del asesinato de Lola Chomnalez
Expediente con miles de páginas, decenas de testimonios y lo único firme es la muestra desangre de un hombre no identificado en la mochila de la adolescente argentina
Nelson Fernández
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28 de diciembre de 2015  • 10:11

PUNTA DEL ESTE.- El dolor de la muerte se suma al dolor de la incertidumbre y al de la impunidad. Un asesino anda suelto, sin pagar por el crimen ocurrido un año atrás, cuando Lola Chomnalez que caminaba por las playas orientales, en un día de verano como el de hoy, perdió la vida.

Todo se acabó entonces para Lola, pero comenzó un martirio para sus padres, para su familia, para sus amigos, para todos los que de alguna manera la adoptaron con el afecto de la angustia del triste final, y la falta de luz sobre lo que pasó aquel maldito domingo de diciembre, un Día de los Santos Inocentes.

Un juzgado de la ciudad de Rocha, con tres magistradas que han estado al frente de una causa que tiene miles de fojas, es el centro de una investigación que tiene más preguntas que respuestas.

Lola Chomnalez murió hace un año, asesinada en las playas uruguayas de Rocha, mientras caminaba de Valizas a Aguas Dulces. Tenía 15 años.

Una muestra de sangre de hombre quedó en su mochila, aparecida tiempo después en los médanos de la zona, y es la única cuestión firme que tienen los investigadores. No es sangre de Lola, y podrá o no ser sangre del criminal, pero cuando aparezca -si aparece- el que su ADN coincida con esa sangre, deberá explicar cómo sus rastros quedaron ahí, en la escena del crimen.

Cada tanto surge algún movimiento especial en ese juzgado y la prensa local se moviliza en procura de datos nuevos. Pero, siempre, nada de nada. Incluso con algunas detenciones que generaron expectativa de resolución, y en medio de la desconfianza popular que espera que haya una respuesta contundente, y que encaje en las especulaciones informales, cada diligencia de ese tipo ha concluido en nada. Nada de nada.

El abogado de la familia Chomnalez, Jorge Barrera, sostiene que el trabajo policial y judicial ha sido intenso, pero reconoce que eso no satisface, porque las dudas persisten y no hay avances concretos.

"Todas las actuaciones solicitadas por la fiscalía y por la defensa, todas se han diligenciado o están por terminar, pero pasó un año y el Estado uruguayo no ha dado las respuestas a la q tiene derecho la familia", dijo Barrera a LA NACION, este domingo al año del asesinato.

"Este crimen no puede quedar impune y no vamos a bajar los brazos hasta que se sepa la verdad y se castigue a los responsables", añadió el abogado, quien mantiene contacto permanente con los padres de Lola, que viven en Buenos Aires.

Y Barrera destaca el problema que se ha dado cada vez que circularon versiones sobre posible desenlace esclarecedor de la investigación: "Se generaron altas expectativa con alto número de audiencias, que al no traer resultado concretos generó más frustración".

Un crimen confuso

El caso sorprendió hace un año, cuando la temporada de verano estaba comenzando, y cuando el país se paralizaba en esa especie de feriado largo e informal que se produce desde antes de la Nochebuena, hasta el Día de Reyes.

Es un tiempo de escasa actividad oficial, son días de concentración de licencias de organismos públicos, de construcción, de bancos para un país playero como Uruguay, es un tiempo en el que no pasa nada.

Lo primero fueron los mensajes en redes sociales. Lola había llegado al Uruguay junto a su madrina, Claudia Fernández, el esposo de esa mujer el chef Hernán Tuzinkevich y dos hijos.

A un año del crimen de Lola Chomnalez
A un año del crimen de Lola Chomnalez Fuente: Archivo

Pasaban vacaciones en uno de los ranchos de alquiler de un balneario que tiene aspecto agreste, pero que en general es tranquilo y sin problemas importantes de seguridad.

Eso lleva a que la gente se confíe en paseos al aire libre, o en reuniones en casas, hasta la madrugada, con todo abierto.

El domingo 28 de diciembre, toda la familia estaba en la playa y Lola salió a caminar por la arena.

Barra de Valizas es uno de los balnearios de Rocha que está a mitad de camino entre La Paloma y la Barra del Chuy (frontera con Brasil). Es cerca del natural Cabo Polonio.

Los paseos de caminata sobre esas arenas es de lo más tradicional.

Lola no volvió y se desató una búsqueda, de ella y de pistas.

Un día antes de que el 2014 se muriera, el cuerpo de Lola apareció semi enterrado en aquellas arenas, en un lugar un poco apartado.

Las primeras sospechas se dirigieron al núcleo familiar, luego a gente de la zona, pero nunca con una pista firme. Y siempre, todas esas líneas concluyeron en nada.

Todos los interrogados terminaron libres. ¿Por falta de pruebas o porque no había nada que generara vínculos como para profundizar esa línea?

Según lo obtenido por LA NACION en fuentes de la investigación, no hay una sospecha clara.

Periódicamente hubo avisos de alguien que había escuchado algo o que le resultaba dudosa la actitud de un conocido sobre ese caso. Pero al detener al supuesto sospechoso, se concluía que no había nada.

Un changador del norte del país llegó a declarar que la vio desmayada en la playa. Sostuvo eso ante policía y juez. Pero su ADN dio negativo y su versión era tan rara, que nada coincidía. Además, nadie en Rocha lo había visto merodear por ahí en aquellos días.

Los avisos de gente se dieron en el marco del crimen que generó más atención en el último año. También para el gobierno importa aclarar el caso, por la necesidad de resolver crímenes, pero también por el componente que tuvo de impacto mediático sobre las garantías que el país da a los turistas.

"Hay seis líneas de investigación; el caso no está cerrado", aseguran en el núcleo investigador, aunque esas variables son más de análisis y de especulación, que de datos concretos.

Mientras, el pescador de la zona Ricardo Giamberini, que encontró el cadáver, dice que vive pensando en eso, y piensa hipótesis. La mamá de Lola, Adriana Belmonte, encontró una especie de mensaje de su hija, en una mariposa que la acompañó una tarde, en el patio de su casa. Y a la que le habló, como si su hija estuviera en ese vuelo errante.

El padre de Lola, Diego Chomnalez, siente que la investigación ha sido una tomadura "de pelo".

Una muestra de sangre tiene la clave. Es la llave para abrir el misterio. Encontrar al hombre de esa sangre, es el objetivo. La policía, el fiscal Rodrigo Morosoli y la jueza Silvia Urioste Torres, saben que eso es difícil, pero no imposible.

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