Suscriptor digital

En velero, rumbo a las Malvinas

A pesar de la nieve y el viento, el grupo de navegantes del Club Náutico Bariloche  llegó a las islas
A pesar de la nieve y el viento, el grupo de navegantes del Club Náutico Bariloche llegó a las islas
Un grupo de amigos de Bariloche se animó a navegar durante una semana, por una de las zonas más peligrosas del mundo, como los antiguos exploradores
Andrea Ventura
(0)
3 de enero de 2016  

"Se abrió una ventana y pudimos pasar". Adrián Dannemann lo repite y lo enfatiza porque no es un dato menor. Esa ventana que se abrió, como llaman los navegantes a un período de mar tranquilo y buen tiempo, fue la que les permitió llegar en velero desde Ushuaia hasta las islas Malvinas, en una travesía de una semana hace apenas unos días. Toda una epopeya, un viaje peligroso, riesgoso, pero también codiciado. Porque se sabe que el Atlántico Sur, en los confines del continente, es uno de los mares más complicados del mundo, con tormentas estables todo el año, olas gigantescas e infinidad de naufragios. Y también un viaje muy especial para los argentinos, por lo que significan las Malvinas, los recuerdos de la guerra y los soldados que se murieron por la patria.

Dannemann junto con seis amigos de Bariloche que tienen al explorador Ernest Shackleton como su máximo ídolo y que son fans de la navegación a vela, venían planeando desde hacía tiempo este viaje. Ya habían recorridos los fiordos chilenos en velero, en la zona de Puerto Montt pero querían más. Así que consiguieron un velero fuerte, de acero, de 15 metros de largo, con capitán incluido, uno de los pocos que se animan a hacer la travesía en esta ruta más reservada para científicos y exploradores que para hacer turismo.

Llegaron a Ushuaia para los preparativos finales, entre ellos la compra de un cordero entero, que colgaron en la parte de atrás del velero, una heladera natural con temperaturas siempre bajas, y que fueron consumiendo durante la travesía. Y salieron con una intensa nevada, viento a más de 20 nudos y pronóstico poco alentador con fuertes vientos, a pesar del diciembre avanzado, por el canal de Beagle, bordeando la costa fueguina.

Viento del sur

"Sinceramente no es un placer navegar por esta zona, pero buscábamos la vivencia de enfrentarnos con la rudeza del mar, un lugar inhóspito, que representa un gran desafío, con un frío que casi no permite estar mucho tiempo afuera. Nos hizo rememorar a los grandes exploradores como Shackleton y el comandante Piedrabuena", recuerda.

El primer destino fue la Isla de los Estados, donde funcionó una cárcel y donde está el famoso faro del Fin del Mundo de la novela de Julio Verne.

"La luz del faro nos ayudó mucho a entrar de noche en la bahía de San Juan de Salvamento en medio de un chubasco de viento y nieve, realmente lo más complicado del viaje". El faro, de 1833, fue restaurado por un grupo de expedicionarios voluntarios franceses en los 90, con piezas que trajeron de Francia.

"Después tuvimos dos, tres días de calma chicha, sin viento, una ventana segura para hacer las 300 millas náuticas que faltaban hasta Malvinas. Aparecieron los delfines alrededor y disfrutamos los atardeceres de días largos, con casi 20 horas de luz y con la particularidad que el sol sale muy cerquita del lugar donde se pone. La tranquilidad del mar hasta nos permitió cocinar y comer el cordero que llevábamos".

Y por fin llegaron a las islas Malvinas, el destino del viaje, de noche. A la mañana siguiente hicieron los sencillos trámites migratorios e invadidos por la emoción aprovecharon para recorrer las islas. "Nos sorprendió lo bien que nos recibieron, la buena onda de la gente y lo prolijo y ordenado que es todo. Al pub Globe Tavern, que está cerca del puerto, llevamos cerveza artesanal de Bariloche como señal de camaradería, que todos tomaron y prometieron visitar nuestra ciudad". También visitaron el cementerio, juntaron flores de papel que dejaron en las tumbas y estuvieron en una trinchera argentina.

El regreso, más tranquilo, fue en avión, hasta Río Gallegos. Pero estos aficionados a la navegación con profesiones convencionales durante el resto del año, ya están soñando con la próxima expedición. Por ahora se debaten entre llegar a la Antártida o visitar las islas Georgias, dos rutas emblemáticas para navegantes intrépidos.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?