Arabia Saudita ejecutó a un líder chiita y desató protestas y amenazas sectarias

Protestas por la muerte de Nimr Baqir al-Nimr en el este de Arabia Saudita
Protestas por la muerte de Nimr Baqir al-Nimr en el este de Arabia Saudita Fuente: AFP
La monarquía sunnita ejecutó a 47 personas condenadas por terrorismo, incluido Nimr Baqir al-Nimr; Irán prometió que Riad pagará "un precio elevado" por esta ejecución
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2 de enero de 2016  • 16:38

BEIRUT/RIAD.- Arabia Saudita ejecutó hoy a 47 personas condenadas por "terrorismo", entre ellas a jihadistas sunnitas de Al-Qaeda y al líder religioso chiita Nimr Baqir al-Nimr, algo que disparó fuertes protestas por parte de dirigentes de esa rama del islam.

Las reacciones a la ejecución del clérigo no se hicieron esperar entre la comunidad chiita de países árabes como Bahrein, el Líbano o Irak, lo que ha agudizado las ya crecientes tensiones sectarias.

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, una potencia chiita cuyas relaciones con Arabia Saudí son tensas, reaccionó de inmediato y prometió que Riad pagará "un precio elevado" por la muerte del Al-Nimr, anunciada por el ministerio del Interior.

Por su parte Mohammed al-Nimr, hermano del líder chiita, advirtió que la ejecución "provocará la ira de los jóvenes" de esta comunidad minoritaria en Arabia Saudita, un país dirigido por la dinastía sunnita de los Al-Saud.

Los condenados -45 saudíes, un egipcio y un chadiano- fueron ejecutados en doce ciudades, precisó el ministerio del Interior saudita en una declaración oficial.

Según las autoridades, fueron condenados por diferentes delitos, en especial por haber abrazado a la ideología radical "takfiri" (término generalmente utilizado para designar a los grupos radicales sunnitas), por haberse unido a "organizaciones terroristas" y por haber realizado "complots criminales".

Nimr Baqir al-Nimr, de 56 años, crítico feroz de la dinastía Al-Saud, fue el líder de un movimiento de protesta que estalló en 2011 en el este del país, donde vive la mayor parte de la minoría chiita, una comunidad que se siente marginada.

El jefe religioso fue condenado a muerte en octubre de 2014 por "sedición", "desobediencia al soberano" y "tenencia de armas" por un tribunal de Riad especializado en casos de terrorismo.

Protestas

En Bahrein, los chiitas tomaron las calles en varias localidades después del rezo del mediodía para protestar por esta ejecución, lo que derivó en choques con las fuerzas de seguridad.

Los manifestantes enarbolaron fotografías de Al-Nimr y entonaron lemas que pedían la muerte para la familia Al-Saud y contra la monarquía bahreiní, que profesa el islam sunnita como la saudita.

La situación en Bahrein es inestable desde febrero de 2011, cuando comenzaron las protestas de la mayoría chiita contra la monarquía suní gobernante para exigir reformas políticas.

En el Líbano, el vicepresidente del Consejo Superior Chiita, el jeque Abdul Amir Qabalan, calificó hoy de "grave error" la ejecución del clérigo disidente saudí, al que denominó "víctima de la discriminación".

"Podría haber sido evitado mediante la emisión de un indulto real que hubiese contribuido a reducir la tensión sectaria que azota Oriente Medio y a reforzar los lazos de cooperación entre musulmanes", afirmó el jeque en un comunicado.

Qabalan expresó su preocupación por este "acto imprudente y peligroso": "Es un crimen contra la humanidad que tendrá repercusiones en los próximos días. Matarlo [a Al-Nimr] es un llamamiento a la escisión y a inflamar la división".

Críticas similares fueron lanzadas en Irak por el diputado Mohamed al-Sayhud, de la coalición chií gobernante, que dijo a una televisión local que la ejecución provoca tensión sectaria y "pone la región en llamas".

También desde Irán, la gran potencia chiita, el vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores, Hosein Yaber Ansarí, denunció "la profunda imprudencia e irresponsabilidad" del Gobierno de Arabia Saudí, que -agregó- "pagará duro" esta acción.

Al-Nimr fue ejecutado hoy después de que en octubre pasado el Tribunal Supremo confirmaran su condena a pena de muerte por desobedecer a las autoridades e instigar a la violencia sectaria.

"Correr la sangre"

Entre las personas decapitadas hoy se encuentran también jihadistas sunnitas condenados por su implicación en atentados en 2003 y 2004, reivindicados por el grupo Al-Qaeda.

La lista incluye el nombre de Fares al-Shuwail, detenido en agosto de 2004 y que los medios sauditas presentaron como el líder religioso de Al-Qaeda en Arabia Saudita.

En 2011, las autoridades del país establecieron tribunales especiales para juzgar a decenas de sauditas y de extranjeros acusados de pertenecer a Al-Qaeda y de haber participado en una ola de sangrientos atentados (más de 150 muertos) entre 2003 y 2006.

El actual príncipe heredero, Mohamed ben Nayef, que se salvó de un atentado de Al-Qaeda, supervisó él mismo la represión contra el grupo.

El 1° de diciembre, la rama de Al-Qaeda en Yemen amenazó con hacer "correr la sangre" si las autoridades sauditas decidían ejecutar a los jihadistas detenidos en Arabia.

"Oímos hablar de las ejecuciones que el gobierno de Al-Saud tiene intención de practicar contra los hermanos mujahidines actualmente detenidos. Hacemos el juramento de sacrificar nuestra propia sangre para salvarles", afirmó Al-Qaeda en la Península Arábiga.

Se trata de las primeras ejecuciones del año 2016 en este país ultraconservador, que el año pasado ajustició a 153 personas, una cifra muy superior a los 87 de 2014.

El "terrorismo", el asesinato, la violación, el robo a mano armada, la apostasía y el tráfico de drogas son susceptibles de la pena capital en Arabia Saudita, un país regido por una versión rigorista de la sharia (ley islámica).

Según Amnistía Internacional, Arabia Saudita es uno de los países que más aplican la pena de muerte en el mundo, junto a China, Irán y Estados Unidos.

En un comunicado en noviembre, Amnistía se preocupaba por la inminente ejecución de más de 50 prisioneros "condenados en juicios injustos".

Agencias AFP, EFE y DPA

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