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A la espera de Alicia: planes para una gobernadora K

La trastienda de la política (y de los políticos)
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4 de enero de 2016  

La gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner
La gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner

A la espera de Alicia: planes para una gobernadora K

A Alicia Kirchner la esperan en la Casa Rosada. En el Ministerio del Interior, que encabeza Rogelio Frigerio, están expectantes. Es que por sus oficinas de la casa de Gobierno pasaron, de una manera o de otra, todos los gobernadores del país, ansiosos por generar buenos vínculos con la nueva administración nacional.

Pasaron todos menos uno, recalcan cerca del ministro político. La única que todavía no se acercó es la santacruceña Alicia Kirchner. "Hablamos con varios de sus colaboradores, pero todavía no lo hicimos con ella", comentan cerca del ministro, que comparte con el titular de la Cámara baja, Emilio Monzó, la tarea de mejorar las relaciones con los mandatarios provinciales de cara a las futuras y cruciales votaciones del Congreso.

En el caso de la cuñada de la ex presidenta Cristina Kirchner, que sólo se vio con Macri en la reunión de gobernadores en la Quinta de Olivos, dos días después de la asunción presidencial; desde uno de los despachos cercanos al de Frigerio dieron por descontado que a pesar de la tirantez entre el Gobierno y el kirchnerismo la gobernadora participará de una reunión esta misma semana, atento a las múltiples dificultades que vive su provincia.

Tal vez se elija para la reunión el despacho del secretario del Interior, Sebastián de Luca, que, como buen peronista, tiene en sus paredes el recordado abrazo entre Juan Perón y su esposa Eva Duarte, a principios de la década del cincuenta. Por allí, el último mandatario provincial que pasó, con su carpeta de propuesta bajo el brazo, fue el peronista sanjuanino Sergio Uñac.

La relación que entable la Casa Rosada con los gobernadores, sobre todo los peronistas, será clave de cara a marzo, cuando el Congreso retomará sus tareas y Macri necesite votos en el Senado.

Higonet: el plato frío que consume Carlos Verna

Se dice que la venganza es un plato que se come frío, en clara referencia a que, en política, hay que saber elegir el momento para cobrarse las facturas impagas. Este parece ser el caso del pampeano Carlos Verna, que esperó cinco años para hacerle sentir a María Higonet todo el rigor por haberlo abandonado a poco de jurar su banca en el Senado para militar en el mas rancio kirchnerismo.

Tanto esperó Verna que su revancha llegó poco después de haber dejado su banca para asumir como gobernador y a través de una nota elevada por su reemplazante en el Senado, Daniel Lovera, que pide la derogación de la unidad de enlace con la OIT que Amado Boudou inventó poco antes de dejar la vicepresidencia para permitirle a Higonet liderar una estructura con la cual mantener un ingreso parecido al que percibía como senadora, escaño que perdió el 10 de diciembre. En un hecho inédito, Lovera elevó una nota a la vicepresidenta Gabriela Michetti pídiendole la "inmediata derogación" del decreto de Boudou por considerar que viola el reglamento al usurpar facultades de otras comisiones. Enemigo declarado de Cristina Kirchner, el pampeano Verna demostró tener paciencia oriental.

Senado: enojo de los kirchneristas desplazados

El cambio de color político del Gobierno tuvo impacto hasta en los lugares más recónditos de la política nacional. Es el caso del Senado, en donde la llegada de Gabriela Michetti trastrocó de manera copernicana el reparto de cargos, muchos de ellos inventados por Amado Boudou. del que habían disfrutado los kirchneristas una vez que terminaban sus mandatos en la Cámara alta. Así, en los días posteriores a la asunción de Mauricio Macri y de Michetti se pudo ver a la ex senadora por Chaco Elena Corregido muy molesta quejarse en el despacho del jefe del bloque kirchnerista, Miguel Pichetto, por la decisión de la vicepresidenta de desplazarla del Observatorio de Derechos Humanos que encabezaba desde hacía cuatro años, cuando se le terminó su mandato. En su lugar, fue designada otra flamante ex senadora, la cordobesa Norma Morandini.

En tándem con Corrregido también hizo notar su malestar la pampeana María Higonet, que ni siquiera llegó a asumir en la Unidad de Enlace con la OIT que le creo Boudou para paliar su salida de la Cámara alta en diciembre. "Parece que no entienden que perdimos", razonaban, azorados, en el bloque del FPV.

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