Ana María Shua: "Todo es palabra para mí, todo se convierte en narración"

Aunque es maestra del microrrelato, cree que a la brevedad se llega tras un largo camino; a punto de publicar su sexta novela, dice que nunca alcanza con el ingenio
Daniel Gigena
(0)
4 de enero de 2016  

A mediados de 2015 se editó en la Argentina el libro que fue su carta de presentación en España en 2004, Temporada de fantasmas, que reúne cien microrrelatos agrupados en diferentes secciones. Fue un libro que debió preparar en pocos meses, cuando su editor español le pidió que revisara algunos finales y giros. Al principio se ofendió, pero luego comprobó que era una sugerencia razonable. "Yo no había escrito ese libro; sólo había juntado los descartes de libros anteriores", cuenta Ana María Shua. Finalmente, pudo entregar una obra con sello propio, provista de humor, ambigu?edad y otras cualidades de su literatura: perturbadora, pulida y escrita en un español terso, donde se borran los localismos en aras de un acento casi mitológico. Es autora de más cien títulos de literatura infantil, que incluye adaptaciones de clásicos como Las mil y una noches. Escribió varias novelas ( Soy paciente y La muerte como efecto secundario, entre otras), varios libros de cuentos y además compiló tres libros de relatos populares de distintos pueblos que ofrecen representaciones contradictorias sobre las mujeres. Luego de la primera mitad del año Emecé publicará su sexta novela, Hija, narrada desde el punto de vista de una madre que comienza a desconfiar de la integridad ética de su hija.

En España me nombraron "La Reina del Microrrelato", algo que me encanta y que usa todo el mundo, pero también tengo una curiosa fama de microrrelatista; ellos ignoran cualquier otra de mis actividades literarias. Ya publiqué muchos libros de ese género: uno que se llama Cazadores de letras, que tiene cuatro de mis libros y un pedacito del quinto, y también Fenómenos de circo. Nunca publiqué una novela en España.

Fenómenos de circo es un libro de microrrelatos centrado en un universo cerrado. Yo siempre quise hacer eso y fui fallando en otros libros; lo intenté con La sueñera, con Casa de geishas, con Botánica del caos, y nunca daba con un tema lo suficientemente variado o intenso que me ofreciera tanta cantidad de elementos como el circo; cuando me encontré con el circo fue una sorpresa muy grande. Mucha gente me pregunta si me gusta especialmente, si cuando era chica... No, me gusta sólo como material literario. Los circos reales de mi infancia me resultaban un poco tristes, y recuerdo ese olor a animal enjaulado. En el libro el circo funciona como metáfora de la vida, del mundo, de la sociedad, del ser humano, del arte, de todo eso junto.

La brevedad induce a pensar que el microrrelato es un género muy fácil, y mucha gente que no se atreve a escribir un cuento de cinco páginas publica un libro de microrrelatos. Insisto en decirles a mis "súbditos" -porque como soy la reina puedo llamarlos así- que sean ambiciosos, que no se conformen con ser microrrelatistas. Tienen que ser escritores de cuentos, de novelas, y si después que trabajaron en géneros más amplios sienten que lo suyo es el microrrelato, van a volver con otras armas, con otra carga, con otro dominio técnico. Lo que se ve mucho es gente que cree que una frase ingeniosa es literatura, y no es así. Y esa duda o desprecio en relación con el ingenio abarca incluso muchos de mis propios textos, no me conformo y no me parecen bien los textos que se quedan solo en el ingenio.

Vivo de escribir literatura infantil. Trabajo de una manera diferente de la que me exigen los libros de adultos. Para empezar son muy breves los libros infantiles. No es más fácil, es más rápido. Tengo como 125 libros para chicos de todas las edades. Disfruto mucho tanto de inventar mis propios cuentos como de hacer adaptaciones. Tengo una versión propia de los mitos griegos. El secreto de mis adaptaciones es que adapto lo menos posible. Por ejemplo en "Alí Babá y los 40 ladrones" lo único que hago es tratar de quitar las largas invocaciones a Alá, las descripciones muy minuciosas, y respetar lo más posible la estructura original del relato, que es maravillosa. Además, trabajo con varias versiones. Nunca quise escribir en un español del Río de la Plata, trato de mantener una distancia. He leído cosas para chicos donde aparece Heracles tomando mate, y no me gusta; parte del placer y del encanto de la literatura es la posibilidad que tiene de transportarnos a lugares y situaciones lejanos.

Mi literatura no se relaciona con otras artes, porque soy sorda musical grave y mi posibilidad de apreciar las artes plásticas es muy relativa. Cuando era chica y me hacían escuchar cosas como "Pedro y el lobo" para tratar de que entrara en el mundo de la música, entendí que a la gente que le gustaba mucho la música podían entender el cuento que se contaba en esa sinfonía, y yo trataba de escucharlo y decodificarlo, para ver cuáles eran las palabras que estaban escondidas atrás de esa música y que hacían que a la gente eso le gustara, pero bueno, no era así. Todo es palabra para mí, todo se convierte en narración.

Todo el mundo quiere escribir en la Argentina; creo que tengo mucha suerte de haber nacido en un país donde, aunque la gente no lea tanto, el libro sigue siendo uno de los grandes ideales de la sociedad. Aunque no se cumpla, pero hay otras sociedades donde el libro no es ni siquiera un ideal. Buenos Aires es una ciudad lectora. Me han traído sus originales el canillita que me vende los diarios, el motoquero, la señora que me vende el pan, todos escritores, todo el mundo es escritor.

Hoy los cuentos populares se consideran infantiles, pero hubo una época donde eran para grandes y chicos, y dentro de esa masa de literatura oral, ¿cuáles eran los cuentos que se les contaba a los chicos? Eran curiosamente, los más truculentos, como "Caperucita roja" que es un cuento espantoso, y por lo tanto les gusta mucho a los chicos. El primer libro infantil fue escrito para un niño en particular, el hijo del rey, por ejemplo. Hay dos o tres situaciones donde empiezan a aparecer algunos libros pensados específicamente para la educación del hijo de un príncipe. Entonces, la literatura infantil nace así, mezclada con el tema didáctico. Es un género bastardo por muchas razones. La literatura infantil nace como hija de la humilde didáctica y del aristocrático arte.

Al desaparecer el libro de lectura y entrar la literatura infantil en la escuela, el mercado de literatura infantil empezó a crecer. En la Argentina la calidad es buena. Fui hace años jurado del Premio Nacional de Literatura Infantil y me llegaron como 250 libros, y tuve una visión general. Se formó una alta pila de libros con niños detectives. En la literatura infantil que yo leía no eran todos chicos, no tienen por qué ser siempre los protagonistas. Suele ser además una literatura muy apegada a la realidad, con mucho barrio, padres, parientes, escuela, muy costumbrista. Sería lindo que pudiera tener un poco más de vuelo.

Buenos Aires, 1951

Ana María Shua nació en Buenos Aires en 1951. Publicó cinco libros de minificciones y cinco novelas, entre ellas Los amores de Laurita, El libro de los recuerdos y El peso de la tentación. Reunió todos sus cuentos hasta 2013 en Que tengas una vida interesante. Ha sido traducida a varios idiomas y obtuvo reconocimientos, como la Beca Guggenheim y el Premio Club de los Trece

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.