Murió Pierre Boulez, el compositor que quiso "dinamitar" las óperas pero terminó cambiando la música

Heredero de Schonberg, fue una de las grandes figuras de la vanguardia del siglo XX y un eximio director de orquesta; tenía 90 años
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6 de enero de 2016  • 12:02

De joven quería "dinamitar" las óperas y en lugar de ello conquistó los escenarios de todo el mundo: Pierre Boulez se convirtió en uno de los representantes más significativos de la vanguardia musical. Sacudió el mundo de la música y sentó nuevas bases, en una continua búsqueda de lo nuevo. Sin embargo, el provocador y renombrado compositor, director y profesor francés, que murió anoche, a los 90 años, no hacía mucho ruido últimamente: tenía problemas de salud desde hacía tiempo y se había retirado a su vivienda de Baden-Baden, donde falleció.

"Para todos los que lo trataron y pudieron apreciar su energía creativa, su exigencia artística, su disponibilidad y su generosidad, su presencia seguirá siendo viva e intensa", dijo la familia en un comunicado difundido por la Filarmonía de París, una sala de conciertos de la que fue impulsor.

Nacido el 26 de marzo de 1925, este renovador musical sacudió el mundo de la música, enfrentándose a numerosos compositores, vivos y muertos, y superando dificultades. Pero nunca se dejó confundir en su búsqueda de lo nuevo. Boulez desarrolló una música a veces difícil, heredera del serialismo y de la segunda escuela de Viena, representada entre otros por Arnold Schönberg y Anton Webern. Entre sus obras destacan El martillo sin dueño (1955) o Répons (1981-1988), que juega con las posibilidades electrónicas para transformar el sonido.

Exasperado por lo que consideraba el conservadurismo del mundo musical francés, se fue a vivir a Baden-Baden a principios de los años 60. No volvió hasta 1974, cuando el entonces presidente Georges Pompidou le pidió crear un instituto de investigación musical (Ircam) y el Ensemble Intercontemporain, una orquesta especializada en música del siglo XX.

Curiosidad y tiempo

Hijo de un fabricante de acero de Montbrison, en el valle del Loira, hizo evolucionar la música dodecafónica de Arnold Schönberg para desarrollar la llamada música serial, compuesta en base a series numéricas o proporciones. Esas construcciones musicales tan rígidas le valieron el apodo de "Robespierre" en los años 50, en referencia al líder revolucionario francés.

La modernidad de composiciones como Notations o Le marteau sans maître fue frecuentemente tildada de atonal, caótica y desordenada por críticos y amantes de la música. Algo que podría explicarse porque las obras de Boulez no eran fácilmente accesibles. "A mucha gente le resultaban difíciles", afirma el musicólogo Dariusz Szymanski.

Para comprender y amar la obra de Boulez se necesitaba curiosidad y tiempo, según dijo una vez su compañero el pianista Pierre-Laurent Aimard. "Es una música muy rica". Sus composiciones no son frías, como muchos afirman, opina por su parte el compositor alemán Wolfgang Rihm: "Es una música de gran elasticidad, elocuencia y poder seductor". Boulez no dinamitó ninguna ópera, al contrario de lo que llegó a decir al inicio de su carrera, sino los prejuicios de la época. Por ejemplo sobre Richard Wagner. En 1976 dirigió en el festival de Bayreuth la legendaria puesta en escena del "Anillo del Nibelungo" de Patrice Chéreau –el llamado anillo del centenario, 100 años después del primer festival wagneriano– pero con tempos totalmente distintos.

"Quería romper conscientemente con la tradición, pero nunca con la Historia", dijo una vez. Y con ello "convirtió" a algunos escépticos. "Boulez me ha reconciliado con Wagner", dijo el director artístico del teatro de Baden-Baden Andreas Mölich-Zebhauser. "No hay muchos hombres como este que nos den cosas nuevas y nos hagan entender mejor las antiguas".

Boulez se hizo más poético con el paso de los años pero permaneció fiel a la búsqueda de lo nuevo. Su repertorio pasó por la música clásica, la "microtonal" con ordenador hasta conciertos con Bruce Springsteen o Frank Zappa. Y nunca se estableció en ningún espacio musical, algo que odiaba casi tanto como la rutina.

El excepcional músico se veía principalmente como compositor pero se hizo famoso por su arte interpretativo y su precisa dirección de orquesta. Como director renunciaba al frac y a la batuta. "Con las manos se puede expresar más que con un palo de madera", djo.

Revolucionario

Entre Daniel Barenboim y Pierre Boulez hubo un gran respeto mutuo. La admiración del argentino siempre fue explícita. En su última visita a nuestro país Barenboim trajo dos obras importantes del compositor francés, Dérive 2 y sur Incises, y se refirió al músico en una extensa entrevista publicada en La Nacion.

"Boulez fue un gran revolucionario. Pero muchos de los revolucionarios del arte y de la cultura parten de una idea justa, quedan encerrados en esa idea y siguen el desarrollo de esa idea, pero no están abiertos a las influencias que aparecen a lo largo del camino. Y Boulez estuvo abierto y supo integrar muchas cosas, como hizo con Bruckner", dijo Daniel Barenboim.

El gran compositor también conversó con La Nacion, hace más de una década, durante una entrevista publicada como Pierre Boulez, el compositor del siglo XX.

Su carrera internacional le llevó desde la orquesta sinfónica de la entonces emisora de radio Südwestfunk en Baden-Baden a la Orquesta Sinfónica de la BBC en Londres y a la Filarmónica de Nueva York. Boulez fue galardonado con numerosos premios internacionales, entre ellos la ciudadanía de honor de Baden-Baden, donde tenía su residencia alemana desde hacía más de cinco décadas, cuando cumplió 90 años.

Pero el propio Boulez no pudo acudir a los conciertos en su honor por su cumpleaños en el balneario alemán ni tampoco en Berlín en la primavera (boreal) de 2015. El maestro los seguía sin embargo conectado desde su casa. Su cabeza seguía entonces "llena de música", dijo entonces un portavoz.

Agencias AFP y DPA

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