Mercado de #libroslibres: el impacto de una medida con hashtag propio

Con la liberación de las importaciones para la industria editorial, sellos, distribuidores y sobre todo lectores recuperan una oferta más amplia y variada
Silvina Premat
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7 de enero de 2016  

Fuente: Archivo

Ayer, el Ministerio de Cultura de la Nación lanzó el hashtag #libroslibres para difundir masivamente la resolución de la Secretaría de Comercio del Ministerio de Producción, que afecta en primer término a la industria editorial: el levantamiento de las restricciones que obstaculizaban la importación de libros. Esa resolución, publicada ya en el Boletín Oficial, modifica un paquete de medidas fijadas por el gobierno de Cristina Kirchner que, según el ministro Pablo Avelluto, "limitó el ingreso de libros importados y provocó que en los últimos años los costos de producción locales volvieran menos competitiva a nuestra industria, a la vez que desalentó la exportación de libros".

Grandes y pequeños actores del sector recibieron la noticia con satisfacción y evaluaron negativamente el impacto de aquellas restricciones, que incluían un cupo de 500 ejemplares por título para ingresar al país, retenidos en la Aduana para unas pruebas de plomo en tinta que siempre dieron negativo. "Nos parece bien porque propiciamos la bibliodiversidad, que el lector pueda elegir todo tipo de libros, sobre todo los que no se pueden editar en el país porque son muy limitados, como los de medicina, ingeniería u otras especializaciones", dijo a LA NACION la presidenta de la Cámara Argentina del Libro (CAL), Graciela Rosenberg. Para ilustrar la reducción de importaciones producidas como consecuencia de las medidas, recurrió al informe de producción del libro argentino 2014: se lee allí una caída del 65% en los ingresos de libros del exterior entre 2011 y 2014.

"El argumento de la sustitución de importaciones resulta absurdo de aplicar al libro: pretender sustituir un libro por otro es tan absurdo como pretender sustituir una persona por otra", sumó por su parte la presidenta de la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), Trinidad Vergara. En un comunicado difundido ayer, esa entidad afirma que "al no poder imprimir libros en el exterior, los editores argentinos se vieron obligados a imprimir más caro y con grandes limitaciones de materiales y procesos no disponibles en el país. Ante la capacidad sobrepasada de una industria gráfica que no podía atender toda la demanda (de los 5000 talleres gráficos que hay en el país, no más de 50 están en condiciones de imprimir y encuadernar libros), los más perjudicados fueron los pequeños editores, sin capacidad de negociación".

En los hechos, la realidad fue que no todos los títulos cuyo ingreso al país podía tardar dos meses o un año fueron luego impresos aquí, con el consecuente empobrecimiento de la oferta. Para sacar un libro, los editores generalmente buscan tener garantizada la venta de al menos mil ejemplares. "Los que se venden por debajo de ese número hay que importarlos. No vale la pena hacer el gasto de la impresión. Es el caso de los libros técnicos o de cuatro colores o hechos en materiales especiales", explica Fernando Fagnani, gerente general de Edhasa, que distribuye Anagrama y Salamandra. Para subsanar el volumen de la venta de los libros de nicho, ese grupo incrementó la impresión local de novelas y ensayos. "Con las restricciones perdimos todos: libreros, editores, distribuidores y, sobre todo, lectores", enumeró Fagnani, y aportó: "entre 2011 y 2014 la cantidad de títulos de diversa temática que se ofrecían en las librerías cayó un 35%. Esto es lo más importante, porque significa que los lectores tuvieron un 35% menos de diversidad en los libros que podían comprar".

"La derogación de las retenciones a la exportación y el nuevo tipo de cambio vuelve a poner nuestros libros a precios más competitivos internacionalmente", evalúa Adriana Hidalgo, responsable del sello homónimo, quien destaca que el ingreso libre de los libros habilita a "participar de la discusión literaria universal, lo que ha sido uno de los motores del prestigio y excelencia de nuestra cultura", y señala la importancia de que se sostengan y amplíen las políticas de apoyo a las editoriales.

Los dos grandes colosos

La mirada de los grupos que lideran la mitad del mercado editorial argentino, Planeta y Penguin Random House, es similar. En los sellos de Planeta, según su director editorial, Ignacio Iraola, el perjuicio provocado por las restricciones fue dispar. "Planeta siempre fabricó localmente, por lo que no fue afectada. En cambio, Paidós tenía importaciones chicas exclusivamente de textos académicos, y Tusquets importaba libros exquisitos para librerías independientes. No se podían imprimir esos libros porque son muy caros para lo poco que se venden. Entonces dejaban de circular", explicó.

Juan Ignacio Boido, director editorial de Penguin Random House, observó que las nuevas medidas "a priori son positivas, porque independientemente de la ideoneidad de las normas anteriores su implementación era muy compleja y terriblemente burocrática". El nuevo escenario podría ser el mejor si "se acompaña y se fomenta la modernización y competitividad de las imprentas locales. Seguiríamos imprimiendo acá y los lectores de esos libros que la industria argentina no puede hacer podrían comprarlos sin problemas".

Números y palabras que definen el escenario

Además del impacto económico, liberada la importación, aumentará el universo de posibilidades de libros disponibles en el mercado

65%

Es la caída en dólares de los ingresos por importaciones de libros registrada entre 2011 y 2014. Según el Informe de Producción del Libro Argentino 2014 de la Cámara Argentina del Libro (CAL), en 2011 se importaron ejemplares por un total de US$ 117.275.582, en tanto tres años después ese total fue de US$ 40.714.000. Las exportaciones tampoco tuvieron un comportamiento óptimo. De un total deUS$ 43.424.344 en 2011 se redujeron a US$ 28.832.000 en 2014.

35%

Es el porcentaje en que se redujo la variedad de títulos ofrecidos a la venta en las librerías argentinas entre 2011 y 2014. Esta estimación toma en cuenta los libros que realmente llegan a los anaqueles, tanto con ISBN -Número Internacional Normalizado para Identificación de Libros- local o de origen internacional. La cifra ilustra una reducción en el universo de opciones que un lector puede tener en cuenta a la hora de decidir qué comprar.

"Bibliodiversidad"

La "palabra" no está en el diccionario, pero nadie puede negar su connotación positiva. Desde hace un tiempo viene sonando en boca de los diferentes actores de la industria como un valor a defender, y anteayer el Ministerio de Cultura de la Nación la empleó para señalar la importancia del levantamiento de las restricciones a la importación de libros, una medida "que busca ampliar la bibliodiversidad". Al respecto, el ministro Pablo Avelluto dijo: "Los lectores argentinos van a tener acceso a la mayor oferta bibliográfica disponible, sin obstáculos burocráticos ni limitaciones que impedían la libre circulación de las ideas".

Comprar en Amazon, aún no

  • Elegir un libro, comprarlo en un clic y... por ahora, según el ministerio de Producción, a casa no llega. La medida anunciada anteayer repercute en la industria del libro, pero no en los particulares que adquieran hoy un título en sitios como Amazon. La Afip estudia modificar la política que regía en Aduana para el ingreso de bienes comprados por Internet. "Estamos analizando qué tipo de mercadería viene para establecer una discriminación. Si son libros es una cosa, si son productos que pueden competir en forma ilegal es otra", indicó Alberto Abad, titular de AFIP.

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