Un verano agitado, con pocos subtes

Pablo Tomino
Pablo Tomino LA NACION
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7 de enero de 2016  • 11:44

Podrá ser por la obtención de un bono de 10.000 pesos, por falta de seguridad en los andenes o por un pedido de incorporación de cinco trabajadores tercerizados. Razones no faltan –ni faltarán– para que los delegados del subte porteño interrumpan el servicio. Para tomar a los usuarios de rehenes con fines estrictamente políticos. El pronóstico para el verano es desalentador: hay un plan de lucha que prevé cortes programados y también sorpresivos. Además de las unidades que se sacarán de servicio para refacción.

Así ocurrió en el último semestre del año pasado, y así arrancó el 2016. La estrategia gremial bajo tierra está muy bien definida: los metrodelegados, el sindicato que a fin del año pasado consiguió la personería gremial, aspira a convertirse en la oposición que más dolores de cabeza le lleve al presidente Mauricio Macri . No al jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta : al presidente Macri. Apuntan bien alto.

Con Roberto Pianelli (titular de la Agystp) y Néstor Segovia, los delegados del subte, afines al kirchnerismo y a la izquierda, auguran un año de más imposiciones que negociaciones. Un año para capitalizar sus aspiraciones sindicales.

El paro de hoy, de 5 a 7, se concretó a 12 días de que el gremio afianzara la solicitud de un bono de fin de año para más de 3000 empleados. Y que demandó sólo tres reuniones fallidas en un tono poco conciliador. De nada sirvieron, ya que poco después anunciaron una medida de fuerza que huele más a una "amenaza" de lo que vendrá, por el horario en el que se aplicó, antes que una acción concreta para que impacte en el servicio.

"La empresa te explota y ahora vas a ver qué pasa si no nos escuchan. El subte funciona por nosotros. Y esto va a seguir", dijo un importante delegado gremial. No hay dudas: los paros van a continuar. El próximo martes, la subsecretaría de trabajo porteña recibirá a la empresa y a los metrodelegados para resolver cuánto y cómo se pagará el bendito bono de la discordia. Y en la que el gremio lleva las de ganar.

La Ciudad alerta que las medidas de fuerzas esconden una "extorsión". Por lo bajo, dicen que el ex ministro de Trabajo, Carlos Tomada , les dio todo el poder antes de irse para dejar una herida abierta. Pero esto ya es historia. Ahora Larreta y compañía deberán resolver cómo encaminan una interna gremial sin que afecte al millón de usuarios que viaja en el subte todos los días.

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