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Como tus hijas

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8 de enero de 2016  • 11:50

-Vamos, dale, ponete cualquier cosa y vamos -dijo madre resolutiva, más ansiosa que sus hijas por salir a tomar aire.

-Quiero el vestido con florcitas.

-Pero está mojado, Lupe... Se está secando, no podés salir con un vestido húmedo.

-¡Quiero ese vestido!

Madre ya estaba agarrándose la cabeza, respirando hondo para controlar el nerviosismo que estas situaciones de capricho furioso le generan.

Ese vestido es EL vestido de su hija más chica, el vestido que viene usando para todas las ocasiones importantes, y últimamente a diario. Madre cede.

¿Querés volver a ponértelo aunque ya lo usaste para cumple de tu hermana, para Nochebuena, para fin de año y hace dos días? ¿Quién dijo que los vestidos no se repiten? Aquéllas son limitaciones de grandes.

Ahora, si pretendés usar ese vestido, ése y solo ése vestido, A DIARIO, no, m´hija, ahí no vamos a entendernos...

Y no porque madre esté en contra de vivir uniformada, puede no aconsejarlo, pero el caso es que la prenda se ensucia, hay que lavarla... hay que lavarla, hay que tenderla, hay que dejarla reposar el tiempo necesario para que vuelva estar seca.

Así empezaba hija menor su capricho, con casi 6 años.

Madre, con más paciencia que años atrás (los caprichos hoy son muy esporádicos), le decía:

-No siempre se puede, Lupe. ¡Mirá todos los otros vestidos que tenés! Abrite a las alternativas. Si se te cierra una puerta, ¿te vas a quedar llorando detrás de esa puerta o vas a ver la manera de salir por otra? No te quedes llorando por lo que no se puede, aceptá lo que sí se puede.

A todo esto, los otros vestidos le quedaban lindísimos a sus ojos. De hecho, le encantó verla esa tarde en otros colores, estaba radiante.

-No te encapriches con el camino que elegiste -madre seguía repitiendo mientras caminaban por la vereda, ya se babeaba pensando en el texto que escribiría, dándole la lata a su hija, a sí misma, a quien fuera a leerla.

Se le vino la imagen de Julie Andrews -en versión Fräulein María- saliendo de la Abadía con aquel sombrero con plato amarillo, valija y guitarra en mano, diciéndose "siempre que Dios cierra una puerta, abre una ventana".

"Adaptate" habría sido el titulo de aquel texto, que a esta altura ya estaría ya concluyendo...

Pero esa misma adaptación fue la que le hizo reconsiderar su idea. Necesitaba imágenes. ¿Con qué fotos ilustro mi texto? ¿Con las fotos de mi hija con el vestido de flores?

Podía ser ésta:

También podía poner una de Julie, ¿por qué no?

Y mientras seguía buscando, cayó en la cuenta de tener muchas fotos -y buenas- de la última semana... que lectoras se iban a estar perdiendo.

De las últimas dos semanas en las que sus hijas ya habían terminado clases y estaban (¡están todavía!) a la espera de que confirmen su vacante en una colonia.

Varios días de un calor insufrible que las obligaba a encerrarse hasta las seis de la tarde entre las paredes de un departamento chiquito de 3 ambientes.

Hijas jugando a la moda:

Hijas jugando a la playa. Idearon hasta la escenografía. El acolchado naranja es la arena, la sábana turquesa, el agua:

Hijas jugando en el balcón, nadando sobre la cerámica, gritando hooola a cuanto vecino divisaran en la vereda:

Hijas remojando sus pies en un balde:

Hijas ideando obras de títeres o teatro:

Hijas entretenidas en las pocas salidas que madre generaba: a la librería, a la peluquería.

¿Voy a darles la lata acerca de lo importante de saber aceptar las alternativas que nos ofrece la vida cuando la calle principal se atasca?

¿No estaré ignorando el trazo grueso de estos días?

Ah, sí, hija menor se encapricha, es cierto, tiene metejón con ese vestido (metejón con el padre, responsable de que ella use ese vestido), okey, sí... ¿Pero voy a darles sermón a raíz de ese capricho... cuando si hay dos personas que me están enseñando acerca de la capacidad de adaptación en este verano son mis hijas?

Una reinas.

Unas reinas en adaptarse a estas vacaciones entre los muros.

A estas semanas de encierro y -en parte- calor sofocante.

No puedo más que darles las gracias por su paciencia, protestar otro poquito por el despelote que dejan, sí... insistirles para que se responsabilicen por su caos, sí...

Y disfrutar y aprender de ellas.

¡Adaptate, Inés!

¡Adaptate como ellas lo hacen!

¿Cómo vienen llevando ustedes estos primeros días vacacionales?

Se la merecían:

PD: ¡Muy buen finde! Y como siempre, para contactarme por privado, me encuentran en FB.

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