Una reserva privada, reducto de la selva paranaense

Gentileza Papel Misionero
Gentileza Papel Misionero
Un proyecto socio-ambiental y cultural en Misiones resguarda uno de los últimos ecosistemas donde aún es posible hallar árboles gigantes y zonas en un estado inalterado
Laura Rocha
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8 de enero de 2016  • 13:03

En estos tiempos en que la corriente de El Niño marca la agenda y las consecuencias de la deforestación aparecen como potenciadoras de los efectos del cambio climático, aparecen en escena las reservas privadas como esfuerzos de conservación de ecosistemas.

Por caso, en la Reserva Natural Cultural de Papel Misionero se encuentra uno de los últimos ecosistemas donde aún es posible hallar árboles gigantes y ambientes en un estado inalterado, dado que nunca tuvo intervención humana y nunca fue sometida al aprovechamiento forestal.

Dentro del área, se encuentra la presencia de tres comunidades de la etnia Mbya Guaraní, la aldea Jejy (Palmito), Jejy Miní y Mandarina, con el asentamiento de unas 340 personas. La empresa firmó un convenio en el año 2011 con las comunidades para el reconocimiento de sus tierras y de cooperación mutua para el cuidado, conservación y preservación del área. En este acuerdo, se les cedió 370 hectáreas de superficie para su asentamiento y la posibilidad de realizar algún tipo de cultivo, aunque igualmente tienen acceso en toda la reserva para sus artesanías, medicinas y supervivencia.

Las 10.397 hectáreas de superficie de la reserva privada de Papel Misionero están cubiertas por bosques nativos primarios. Está ubicada en la colonia Aristóbulo del Valle, en el municipio de El Soberbio, y es una de las propiedades privadas que componen las 253.000 hectáreas de la Reserva de Biosfera Yaboty.

Papel Misionero tiene un patrimonio total de 23.000 hectáreas de tierras, y un 70% es monte nativo, entre la reserva natural cultural y los bosques protectores. Otras 7000 hectáreas son destinadas a reforestación de pino -el 30 % de su patrimonio- y esto les permitiría autoabastecer solamente un 30% de la materia prima que consume la planta industrial.

Al noreste, limita con el arroyo Paraíso y al sudoeste con el arroyo El Soberbio o Guarambocá, al norte con la reserva de Uso Múltiple Guaraní, de la Facultad de Ciencias Forestales de la UNAM, y al sudeste con Colonia La Flor.

Árboles gigantes

El área tiene ecosistemas diversos: lagunas y ambientes de helechos arborescentes, donde predomina la especie conocida como chachí bravo (alsophila setosa), o ambiente de Laurel layana en el Salto San Juan, uno de los más grandes que tiene la reserva. También se pueden encontrar Timbó gigantes, árbol de Grapia "milenaria" (mide 33 metros de altura y su circunferencia es de 9,5 metros) y cedros, entre otros ejemplares únicos de la selva misionera.

De la fauna, registraron un total de 37 especies de mamíferos. De las emblemáticas y en peligro de extinción albergan al yaguareté, el tapir, y la harpía. Se registraron además 243 especies de aves que pertenecen a 43 familias y representan casi el 50% de las especies identificadas en la selva misionera. Se puede avistar al tucán pico verde, el jote real, el pájaro carpintero grande o, por ejemplo, al bailarín castaño, que se encuentra en peligro crítico a nivel nacional, y la yacutinga, también en peligro de extinción en la Argentina.

Argentina, con más de 750.000 hectáreas de campos privados destinadas a la conservación de la naturaleza, es, junto con Chile y Brasil, uno de los países de América latina que más superficie protegida tienen bajo la categoría "Reserva natural privada". Frente a la falta de una iniciativa nacional que cohesione estos esfuerzos, la Fundación Vida Silvestre Argentina está desarrollando el proyecto "Fortalecimiento de la conservación en tierras privadas en la Argentina", cuya idea central es articular e impulsar este movimiento en el país en conjunto con propietarios de reservas y organizaciones de la sociedad civil que trabajan en esta temática. En el marco de este proyecto, en junio de 2014, nació la Red Argentina de Reservas Naturales Privadas.

Según las metas planteadas en la Convención de Diversidad Biológica, firmadas en 1992 por el gobierno argentino y ratificadas en 1994 por el Congreso Nacional por ley, los países del mundo deberían alcanzar a proteger al menos un 17% de cada región natural terrestre y un 10% de las marinas. En nuestro país, apenas un 7,7% de la superficie terrestre se encuentra bajo alguna categoría de protección.

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