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El cuaderno de Nippur

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15 de enero de 2016  • 12:31

Gisel, una de las chicas que participa de mi taller, lo recomendó. Escribió un texto acerca de él. Soy de estar pendiente a recomendaciones de libros, más si desconozco al autor o autora (soy de estar pendiente a recomendaciones de autores).

Pero éste no era un libro como cualquier otro; aquí ninguna de las preguntas que uno se hace en relación a un libro nuevo, tenían lugar. Aquí había una anécdota a la base, un sentido que trascendía cualquier especulación en relación al argumento o la forma. Era un libro de una madre joven, de una mujer de 42 años que fue operada de un cáncer avanzado y que, cuando vio que su camino empezaba a angostarse, se propuso escribirle un libro-cuaderno a su hijo.

A Nippur de 3 años.

El Cuaderno de Nippur, así se llama el libro.

Ya ese solo dato hizo que, segundos después de terminar el texto de Gisel, me pusiera a googlear acerca de él.

Uno de los testimonios que encontré, si mal no recuerdo de una de las editoras, expresaba la voluntad de hacer un libro lo más fiel posible al manuscrito.

No imaginé entonces lo que días más tarde, en mi encuentro con un ejemplar, descubrí: que las páginas de aquel cuaderno, escritas a mano y dibujadas, habían sido escaneadas. No imaginé encontrarme con aquella historia, con aquel cajón de intimidad, con aquel diario empapado de humor que testimoniaba un drama... de esa manera tan directa.

Leer la letra de la autora me impactó, ni hablar cuando la forma de esa letra cuenta.

Me impactó su letra en los últimos capítulos, una letra que probablemente agonizara y sin embargo seguía siendo positiva.

Ay, Marie.

Nunca jamás te podría explicar cuánto te amo, el gozo de ver tus expresiones y la bronca de haberme ido tan pronto.

Pero vivir incluye morir y muchas veces de modo ¿injusto? ¿innecesario? ¿tan repentinamente azaroso?

Bueno, hay muertes peores, de vidas sin amor, sin alegrías, sin pasiones ni nada, sin Sebas, ni Marie, ni Nippur.

Esta es una muerte triste y dulce.

Pensá en eso. Lo vas a entender

Mi chiquito, mi okapi

...

Admiro a las personas que con tal consciencia de finitud, con tal cercanía frente al abismo, frente a aquel silencio aturdidor, frente a aquella grieta que las separará físicamente de un hijo... pueden seguir riéndose.

Pueden seguir celebrando el misterio. La vida.

Pueden seguir.

Pueden seguir dando de sí tanto.

Este libro es el testimonio de una madre elevada a la enésima potencia.

Debo confesarles que en aquella primera lectura lo hojeé sin leerlo detenidamente (leí partes) y me paranoiqueé. ¿Y si me pasara algo así a mí? La sola idea de morir joven, no por mí, sino por dejar a mis hijas sin su madre, me paralizó.

No pude seguir leyéndolo. Lo solté.

En la segunda lectura ya me sentía más fuerte y pude apreciar rincones, pasajes, detalles que son de una belleza, de una sensibilidad, de un desparpajo...

De una ternura.

Entiendo que si estás con algún temor latente un libro así puede despertarlo (acaso generar consciencia).

De cualquier modo, el contacto con este testimonio vale la pena.

Nunca mejor dicho.

Quería escribir algo acerca de mis hijas a partir de la lectura de este libro como disparador, pero me parece que María Vazquez y su historia se merece que hoy me dedique exclusivamente a ella.

¡Léanla!

...

Y todas nosotras que estamos aquí enteras agradezcamos cada berrinche, cada macana, cada dolor de cabeza, cada crisis... ¡agradezcamos estar acá para vivirl@s!

¿Alguna leyó el libro?

PD: Y como siempre, para contactarme por privado, me encuentran en FB. Que tengan un hermoso día.

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