El mundo del póquer visto desde adentro

Alejados del sol y la playa, los participantes muestran sus cartas: ¿es un deporte mental o un juego de azar?
Constanza Coll
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16 de enero de 2016  

La sala del Hotel Atlantis, lejos del sol y atiborrada de jugadores
La sala del Hotel Atlantis, lejos del sol y atiborrada de jugadores Crédito: Gentileza

NASSAU.- En Bahamas, amaneció con 30°C y a puro sol, ideal para un bronceado caribeño y tomar algunos tragos con paraguas. Pero puertas adentro, en el centro de convenciones del hotel Atlantis, los jugadores usan bufanda, buzo con capucha y campera, para hacerle frente al excesivo aire acondicionado.

Dicen que en los torneos de póquer siempre es así, se jueguen en Las Vegas, Montecarlo, Barcelona o en estas islas de postal. Las únicas prendas en común entre los turistas que están en la playa y los que viajaron exclusivamente para jugar al póquer, son los lentes oscuros y la gorra con visera. Por lo demás no hay un código de vestimenta, incluso en las mesas a las que se entra con cien mil dólares por cabeza, algunos juegan sus cartas en chancletas, con las medias puestas. Cada año, en enero, en Bahamas se realizan de forma simultánea la PokerStars Caribbean Adventure (PCA) y la primera fecha del año del Latin American Poker Tour (LAPT), que durante 2016 también va a pasar por Viña del Mar Panamá, Punta del Este y Sao Paulo.

Cuantos más jugadores, mejores son los premios. PokerStars es la compañía de póquer online más grande del mundo, con más de 2 millones de cuentas activas sólo en la Argentina y unas 90 millones a nivel global. Además, la empresa organiza estos eventos presenciales, donde los jugadores se miran las caras y los montos suman varias cifras.

El buy-in (costo de inscripción) del evento es de US$ 2200, número que, multiplicado por la cantidad de participantes que se anotaron, alcanza los US$ 308.000 y pico para el campeón de la gran final. En las mesas se habla poco, la mayoría de los jugadores escucha música en sus headphones y mueve las fichas que tiene acumuladas hasta el momento, las apila, las mezcla, las hace sonar unas contra otras. Ni gritos, ni risas, ni charla. Lo que más se escucha en este gran salón repleto de mesas de paño verde son las fichas: luces para entrar, dólares redonditos y de colores, apuestas para hacer correr, para mentir, para eliminar al de al lado y quedar último en la mesa. Cada día del torneo se juegan entre 8 y 14 horas de póquer atento, estratégico, inteligente, con el único objetivo de seguir en carrera y llegar a la final. Entre las promesas de esta fecha se barajan tanto nombres de trayectoria como algunos emergentes, que se ganaron la entrada en torneos online y que no cruzan la barrera de los 30 años.

Juan Martín Pastor, alias Pastorcito, tuvo esa suerte (si acaso cabe la expresión) en 2013, cuando apostó US$ 10 en la Web y se ganó el paquete all-inclusive para jugar este mismo torneo en el hotel Atlantis. Entonces tenía 20 años y viajó con su papá, abogado de La Plata, que nunca había jugado una mano de póquer ni conocía bien las reglas. Pastorcito en cambio venía entrenando desde los 15 con sus amigos del colegio, y a partir de los 18, en PokerStars.net. "Es la generación 2.0, de los argentinos que vinimos a Bahamas; diría que la mitad tiene menos de 30 años. Yo me dedico 100% al póquer online, es mi trabajo, trato de jugar de seis a ocho horas por día, además de lo que le dedico a estudiar, mirar videos, ver cómo juegan los que mejor juegan. Los torneos para mí son otra cosa, vengo acá para despejarme." En su foto de WhatsApp, Pastor tiene una remera rosa que dice Make your own luck en mayúsculas. Le pregunto qué porcentaje de suerte aplica en el póquer, y responde negando con la cabeza: "Es muy distinto a los juegos del casino, que están hechos para que gane el casino. En el póquer no jugás contra la banca, sino contra otros jugadores, humanos, y el organizador sólo se queda con un porcentaje de las inscripciones. Claro que hay una cuota de azar, pero influye en períodos cortos y disminuye a largo plazo. En una sola mano puede pasar cualquier cosa, aunque hagas todo bien, pero la cosa cambia cuando seguís jugando". A sus 23 años, Pastorcito hace un promedio de US$ 10 mil por mes jugando al póquer online.

A vista de pájaro debe haber una mujer por cada mesa de ocho, o menos, pero desde la organización aseguran que el número viene creciendo año tras año. Sí hay mujeres de jugadores que vinieron a apoyar, y también se pasean por el salón las masajistas de Thee Best Hands, una empresa norteamericana que las lleva a cada torneo que organiza PokerStars. Con una remera roja bien ajustada y escotada, ellas le cobran a los jugadores 2 dólares el minuto de masajes descontracturantes. El negocio funciona: son jornadas largas en la mesa y mucho dinero en juego, dinero que a veces ni siquiera es propio. Hay bankers que cubren los costos y luego se llevan un porcentaje de las ganancias, y hay jugadores que, para poder costear los ingresos a torneos caros, como el Super High Roller de US$ 100.000, venden acciones de sus juegos y después reparten las ganancias, si las hubiera.

Para Leonardo Fernández estas no son opciones. Leo juega, y en general gana, con su propia banca: "En el póquer es difícil que un buen jugador pierda, pasa que el porcentaje de buenos jugadores es muy bajo en relación con la cantidad de gente que juega. Yo practico hace 25 años, y antes ya era maestro de ajedrez y también jugaba backgammon, que son otros juegos de estrategia. Sí o sí hay que estudiar póquer para ser bueno". Leo Fernández se convirtió en el primer Team Pro de la Argentina en 2007, y todavía pertenece al equipo de jugadores profesionales de élite de PokerStars. "Yo juego todos los juegos, pero reconozco que hay algunos más sanos que otros. En los juegos del casino todo es cuestión de suerte, por eso generan tanta adrenalina; en cambio, en el póquer ganar depende de la estrategia, la concentración y el lenguaje corporal; la famosa cara de póquer."

Para aprender a jugar al póquer no es necesario invertir nada, más que tiempo. En Internet se puede jugar sin apostar plata y hay mucha información disponible para conocer las claves de este juego mental. Tutoriales en YouTube, foros donde se puede hacer preguntas a los expertos y escuelas online, como IntelliPoker, donde hay coachs de la talla de Juan Martín Pastor o Leo Fernández. Ronaldo, la estrella del fútbol brasileño, también forma parte del equipo de entrenadores de IntelliPoker. Mano a mano con él jugamos una partida de preguntas y respuestas en una de las mesas de paño verde del hotel Atlantis de Nassau, Bahamas.

Del fútbol al póquer

Ronaldo, el ex jugador de fútbol brasileño, empezó a jugar en 2000 en las concentraciones del Inter de Milán, pero ninguno de los futbolistas de la mesa era experto en la materia. Años más tarde, cuando firmó el contrato para convertirse en uno de los SportStars del equipo de PokerStars (como Neymar Jr y Cristiano Ronaldo), se lo tomó más en serio: "Sabía que iba a jugar torneos y que la gente me iba a estar mirando por la tele. La gente en general no sabe, pero hay que prepararse mucho para jugar bien". Como en el fútbol, para Ronaldo es importante mantener la tranquilidad, que el otro no sepa lo que estás planeando, y estudiar bien a los contrincantes, saber quién es quién en la mesa y cómo juega. "De afuera no se me ve nervioso, no tienen idea de lo que estoy pensando, pero por dentro me tiembla todo. Y eso que para mí no es una cuestión de dinero, de la suma que pueda ganar o perder en una mesa. Para mí, ganar es ganar, y perder., perder es muy malo." Dos días más tarde, Ronaldo saldría 7° en una de las mesas finales del PCA. Life is a game, gambling is serious, reza la remera de un chico en sus veinte que almuerza en una mesa al lado de la mía, en un barcito de la Marina del Atlantis, donde descansan yachts impolutísimos de tres o cuatro cubiertas. Por su cara adivino que no se está tomando un recreo del póquer bajo el sol, sino que ya perdió y le quedan un par de días libres en Bahamas.

La mayoría de los participantes se cuida con lo que come y con lo que toma, tiene rutinas de ejercicio, medita o hace yoga. Algunos, incluso, tienen sesiones regulares por Skype con un coach mental, para aprender a controlar la ansiedad y el enojo, y así saber sobrellevar una mala racha. Si hay un consejo en el que coincidieron todos los mencionados en esta nota, es que en el póquer hay que tomarse el tiempo necesario para jugar, porque quien juega apurado paga caro. La mesa final del LAPT se transmitió en streaming para todo el mundo y en varios idiomas. El único ruido que se escucha es el de las fichas. Nadie dice ni demuestra nada, pero de este lado de la pantalla sabemos qué cartas tienen los finalistas y cómo las juegan: en un rincón de la pantalla se muestra qué juego tiene cada uno gracias a un chip en las cartas y un censor en la mesa que lo lee. Cuando termina cada mano, los jugadores respiran. Pasan las horas hasta que quedan dos en la mesa, un pozo de US$ 308.220 para el ganador y la gloria de ser el número uno.

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