Un acto de fe por el esclarecimiento

Santiago Kovadloff
Santiago Kovadloff LA NACION
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17 de enero de 2016  

Con la descalificación atroz que cayó sobre el asesinato de Nisman y la causa judicial por él impulsada, el gobierno de Cristina Kirchner logró su más alta conquista en lo que hace a supeditar la independencia de la ley a las necesidades perversas del poder político.

Cabe preguntarse ahora, ante la asunción del nuevo gobierno, si el esclarecimiento de su asesinato y la reapertura de la investigación que él impulsó y le costó la vida, tendrán por fin la envergadura que les corresponde alcanzar entre las preocupaciones decisivas de Cambiemos. El porvenir de la causa Nisman, bien entendido, es el del gobierno nacional. Si no se desbarata su encubrimiento criminal, nada logrará el gobierno actual para probar su independencia de criterio y acción en la lucha contra el delito.

El narcotráfico se ha sumado al encubrimiento de los autores y de los propósitos del asesinato de Nisman para jaquear desde otro ángulo a una concepción de la democracia que es incompatible con la corrupción. Ambos se complementan para descalificar la capacidad de maniobra de quienes se han propuesto reencaminar a la Argentina por la senda de la vida constitucional.

La manifestación programada para mañana pedirá justicia una vez más. Pero esta vez se la pedirá a un gobierno que no puede menos que coincidir con esa demanda. Que no puede menos que satisfacerla si aspira a ser consecuente con quienes lo eligieron.

Por eso, más que un acto de protesta, constituirá un acto de fe. Nada se esperaba del gobierno anterior más que encubrimiento y subestimación del crimen y de la investigación impulsada por el fiscal. Mucho, en cambio, es lo que se espera de éste.

La sociedad entiende que esa transparencia que debe infundirse a la causa Nisman es la misma que el gobierno de Mauricio Macri debe imprimir a su gestión para ser consecuente con los ideales éticos que le darán fortaleza en órdenes indispensables.

Desbaratado el acuerdo con Irán, cabe ahora dar un paso más y explicitar las razones por las cuales se lo estableció. Pocas veces en nuestra historia un crimen político alcanzó semejante envergadura social y jurídica. Pocas veces, asimismo, fue tan claro que un gobierno triunfante recientemente corre el riesgo de verse rápidamente derrotado en la percepción colectiva si no sostiene su propia vocación de verdad. No son las hipócritas críticas del kirchnerismo las que lo debilitarán. Sí pueden, en cambio, fracturarlo las contradicciones en que incurra con respecto a la necesidad de reconciliar la verdad con el ejercicio del poder judicial y la política con la expectativa social.

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