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Fuera del sistema: el equipo de Pumas que se podría armar con los jugadores que no tienen contrato con la UAR

Fernández Lobbe, Imhoff, Ayerza y Figallo son algunos de los jugadores que ya no podrán jugar con los Pumas; cómo funciona la situación con los otros tres grandes del Sur
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20 de enero de 2016  • 17:27

El rugby argentino tomó hace años la decisión de incursionar en el ámbito profesional. Y para hacerlo, necesitó adaptarse a una serie de normas con las que sus nuevos socios comerciales se manejaron históricamente.

Mucha gente que no pertenece al ambiente del rugby no entiende porqué hoy jugadores como Juan Fernández Lobbe, Juan Figallo, Marcos Ayerza, Marcelo Bosch o Juan Imhoff ya no pueden jugar con los Pumas. El motivo es que están contratados por equipos europeos y eso los inhabilita para jugar con la selección.

Esto no es algo que le pase exclusivamente a la Argentina. Dos de los grandes del Sur, Australia Y Nueva Zelanda también descartan a varias estrellas por no tener un vínculo anual con esas uniones.

En el caso de los neocelandeses, la ecuación es simple. Para jugar con los All Blacks hay que tener contrato con algunas de las cinco franquicias del Super Rugby. Únicamente para que sus destacadas figuras no se escapen al éxodo europeo, firman contratos de 3+1. Juegan tres años cen la franquicia y luego tienen un año sabático, libertad de acción. Casos como los de Richie McCaw, Conrad Smith o Ali Williams, que decidierion descansar varios meses, viajar, recuperar su cuerpo u otros como los de Ma'a Nonu o Dan Carter, que aprovecharon ese año para firmar con un equipo en el exterior por mejores contratos, en Black Ricoh Arms, de Japón, y en Perpignan, respectivamente.

Me hubiera gustado tener a los jugadores que están terminando sus carreras. Chelo [Bosch], Corcho [Fernández Lobbe], Pato [Albacete], el Toro [Ayerza]. Estuvieron en los últimos 10 años en los Pumas y no vienen a la franquicia por lo que sea. Y me hubiese encantado que estuviera Juancito Imhoff, pero Racing le hizo una oferta con la que no podemos competir (Agustín Pichot)

Los Wallabies tienen excepciones, que recien se abrieron en 2015. Antes la regla era similar a la de Nueva Zelanda. Ahora, los australianos pueden jugar en Europa y ser seleccionables si han tenido en su pasado al menos siete años de contrato con la ARU y acumulan un mínimo de 60 caps. pocos jugadores cumplen los requisitos. Los dos que estrenaron esta regla fueron Matt Giteau y Drew Mitchell, de Toulon, que fueron figuras en el Mundial de 2015.

Sudáfrica comenzó con la cultura del cierre para permitir sólo jugadores que se desempeñaban en el Super Rugby. Pero el éxodo masivo de sus jugadores obligó a la SARU a levantar la veda. Hoy, la mitad de los Springboks juegan en clubes europeos.

La Argentina profesionalizó a su seleccionado y a un equipo, en el formato de franquicia, para poder entrar en el sistema de la Sanzaar.

Pero su estructura de competición interna sigue siendo amateur. Desde 2012, con el ingreso en el Rugby Championship, la selección convivió con algunas incomodidades que no se podrían repetir hoy. Con la ayuda de la IRB en la transición, tuvo a los mejores en el RCh, pero debió negociar las citaciones para las ventanas internacionales. En los tests de junio directamente no podía contar con los europeos que jugasen el Championship. En la ventana de noviembre, debía negociar con cada club la participación en uno o dos de los tres partidos de la gira.

Ese proceso terminó. Hoy el que tiene contrato con la UAR juega; el que no llegó a un acuerdo, quedó fuera del sistema.

Lo primero que hay que decir es que el plan de captación de la UAR fue muy positivo. La mayoría de las figuras llegaron a un acuerdo y se armó un equipo competitivo.

Sin embargo hay nombres que faltan. Y entre ellos, también hay que hacer salvedades.

Si se piensa en el proyecto de cuatro años que concluirá en el Mundial de Japón 2019, duelen las ausencias de Marcos Ayerza o Juan Imhoff. Ambos Extendieron en 2015 sus contratos con Leicester y Racing 92.

Pero en ese sentido es menos preocupante que hoy no puedan jugar Fernández Lobbe o Marcelo Bosch, que por edad difícilmente pudieran estar en 2019. Distinta es la situación de Gonzalo Camacho (Leicester) y Mariano Galarza (Gloucester), quienes tuvieron una larga inactividad por lesiones. Como sus clubes los apoyaron y les mantuvieron sus contratos, ahora que están recuperados eligieron continuar en Inglaterra. Una forma de agradecer el sosten que los clubes representaron en los momentos más difíciles.

No es obligatorio representar a los Jaguares para jugar en los Pumas, pero sí hay que pertenecer a un equipo que esté en el Super Rugby. Los casos de este estilo son el medio scrum Tomás Cubelli, que jugará para los Brumbies, y el tercera línea Tomás Leonardi, que se animó a la excursión japonesa en Sunwolves.

Otra historia es la de Patricio Albacete, que ni siquiera llegó a entrar en la etapa de negociaciones por un conflicto con la UAR.

Estas ausencias no son para siempre. Si algún jugador que hoy actúa en Europa se desvincula de su equipo y llega a un acuerdo con la UAR, puede volver a la selección.

Agustín Pichot, que propulsó el ingreso del rugby argentino en la elite, recibió una oferta para incluir un segundo equipo argentino en la competencia. Pero lo descartó de inmediato, por varias razones. La primera es que la UAR no tiene la capacidad económica para afrontar el desafío. Pero además no cuenta con la estructura deportiva ni con la cantidad suficiente de jugadores de la jeraquía que este torneo exige.

Así las cosas. El grupo de 30 profesionales que integran los Jaguares, más algunos más que se sumen de un grupo de invitados, no contiene necesariamente a todos los mejores.

Algunos de ellos no entraron en el sistema. Otros podrían ingresar más tarde. Y algunos simplemente no volverán a jugar en la selección.

Entre todos ellos, hasta se puede armar un equipo, como se ve en el cuadro. Aunque no necesariamente todos tengan hoy el nivel para jugar en los Pumas.

Fuente: Archivo

jt

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