La batalla del subte contra el Metrobus

Pablo Tomino
Pablo Tomino LA NACION
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21 de enero de 2016  • 11:27

Verdad de Perogrullo: si de movilidad se trata, las grandes metrópolis se afianzan con medidas restrictivas para el automóvil y apuestan a cuantiosas mejoras en el transporte público. La ciudad de Buenos Aires, en vías de desarrollo, no está ajena a esta lógica de un mundo con más lugar para los peatones, pero todavía se dirime en una disputa ideológica: la batalla del subte contra el Metrobus. Acaso una suerte de grieta que no se piensa de manera complementaria, sino que enfrenta a algunos funcionarios, urbanistas y especialistas en movilidad sustentable.

Tras décadas de desinversión en trenes y subtes del área metropolitana, el 70% de los vecinos eligió al colectivo para ir de un lugar a otro. Así las cosas, la inquietud es una sola: ¿cuál es el plan ideal para mejorar la movilidad urbana?

El ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, levantó la bandera de los carriles exclusivos para colectivos con la puesta en marcha del Metrobus Juan B. Justo, en 2011. Desde entonces, la ecuación costo (inversión) y beneficio (satisfacción del usuario) llevó al gobierno porteño a multipiclar por cinco estas vías exclusivas. Y proyecta para este año seis metrobuses más que cruzarán la avenida General Paz.

Los defensores de esta política sostienen que un kilómetro de Metrobus cuesta unos 1,1 millones de pesos, mientras que la construcción de un kilómetro de subte es, al menos, 100 veces más costosa. Otro punto es el tiempo de obra: si los trabajos en superficie demandan dos meses; bajo tierra, tardarán dos años o más. Y el pulso de una ciudad en vías de desarrollo no lo marcará precisamente el progreso sino el tiempo de la política.

En este escenario de necesidades y urgencias, el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta ya definió los ejes para su política de transporte: hará más metrobuses. No tiene en mente extender la red de subte con nuevos túneles. Sólo prevé inaugurar dos estaciones de la H (Santa Fe y Facultad de Derecho) y encaminar la extensión de la línea E, ya lista pero sin vías. Sería recién dentro de dos años. Además, invertirá en 450 coches para mejorar la frecuencia en varias líneas. Y no habrá mucho más. Porque la prioridad serán los colectivos.

Juan Pablo Piccardo, titular de Sbase (empresa que controla el subte), cree que el desarrollo y la extensión de la red dará una solución de fondo a la movilidad porteña. Su idea es construir la línea F, que irá de Plaza Italia a Constitución, combinando con todas las trazas ya existentes. Es un plan a futuro, a muy largo plazo, porque nadie sabe todavía cómo se conseguirán los 1000 millones de dólares que cuesta la mega obra. El monto asusta. Por eso, en el mientras tanto, en Buenos Aires va ganando el Metrobus.

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