Una reforma en favor del federalismo electoral

29 de enero de 2016  

La reforma política que impulsa el gobierno de la Nación no sólo alcanza a la elección de autoridades nacionales, sino que también incluye la elección de las locales. Por eso, a la hora de evaluar la propuesta, conviene recordar que, por el régimen federal que establece la Constitución nacional, las provincias tienen asignadas todas las potestades que la Constitución nacional no le ha delegado al gobierno central. La elección de autoridades provinciales es una potestad no delegada y, además, el constituyente dispone expresamente que las provincias eligen a sus propios gobernantes.

Ello significa que ninguna ley sancionada por el Congreso Nacional sobre sistemas electorales -materia en la que sólo el Congreso puede dictar normas regulatorias y respecto de la cual la Constitución prohíbe los decretos de necesidad y urgencia- puede obligar a las provincias. Sin embargo, sería perfectamente posible que el Parlamento de la Nación dicte una ley "marco" a la que las provincias puedan adherir en forma voluntaria, a fin de lograr que las elecciones nacionales y locales se realicen en forma conjunta, utilizándose los mismos sistemas electorales.

El problema del federalismo electoral que rige constitucionalmente en nuestro país no es sólo el extenso cronograma de elecciones que obliga a los habitantes a sufragar varias veces en un mismo año (si en una provincia en la que rige el sistema de primarias abiertas y obligatorias y el ballottage para la elección de su gobernador se produce el desdoblamiento de las elecciones locales de las nacionales, sus habitantes podrían llegar a votar hasta seis veces). Además sería muy positivo que se unifique el criterio de desterrar las nefastas y anacrónicas boletas electorales que se utilizan en la mayoría de las provincias y a nivel nacional. Ellas alientan el fraude electoral y tornan más complejo el recuento de los votos. En este sentido la ex presidenta Cristina Fernández ha dejado enquistada, en su lamentable herencia política (que hoy representan los legisladores del Frente para la Victoria), el criterio favorable al sistema de las célebres boletas plancha, lo cual seguramente complicará la adopción de métodos electorales más modernos, teniendo en cuenta que el Congreso de la Nación, para sancionar leyes electorales, requiere una mayoría calificada, es decir, la mitad más uno de la totalidad de los miembros de cada Cámara.

En uno de los tortuosos discursos en cadena nacional, la ex mandataria llegó a fustigar a quienes pretendían reemplazar las tradicionales boletas, y afirmó que si se lograra ese objetivo, prefería abstenerse de votar.

De esta manera, sin perjuicio de la facultad que tienen los gobiernos locales para determinar tiempo y modo de elección de sus propias autoridades, sería muy beneficioso que hubiera un gran acuerdo entre Nación y provincias para lograr la unificación en esta temática, del mismo modo que debería ocurrir en materia de tránsito.

Profesor de Derecho constitucional

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