Gabriela Michetti no se amilanó ante Nicolás Maduro

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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4 de febrero de 2016  • 00:03

En su sorpresivo debut en la diplomacia multilateral, nuestra vice-presidenta, Gabriela Michetti, participó en la IV Cumbre de Jefes de Estado de los países que integran la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (Celac), en la ciudad de Quito, Ecuador. Lo hizo en reemplazo del presidente Mauricio Macri, impedido de viajar por prescripción médica.

El Celac -recordemos- es un organismo intergubernamental de diálogo y concertación política que nació en México, en el 2010. Más un mecanismo que una organización. Su presidencia rota anualmente y el desempeño de la misma se hace en compañía de una "troika" de otros tres miembros del Celac. Entre sus miembros hay sólo tres países que pertenecen al G-20, la Argentina, Brasil y México.

Su existencia tiene que ver con el verdadero encierro subregional que se edificó a lo largo de la última década. Tan es así, que el presidente anfitrión, Rafael Correa, pretendió que en la Cumbre que acaba de realizarse los miembros del Celac decidieran reemplazar a la Organización de Estados Americanos (OEA) por la propia Celac. La pretensión ecuatoriana estuvo –como siempre- acompañada por Venezuela y Bolivia. Sin embargo, fracasó y la secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, tuvo que expresar que "es claro que no hay acuerdo de todos los presidentes" con la maniobra urdida por los bolivarianos para tratar de hacer naufragar a la OEA.

El ahora fracasado proyecto de destruir a la OEA tuvo presumiblemente como objetivo central el de eliminar a los organismos de la OEA destinados a la defensa regional de los derechos humanos. Muy particularmente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que enfrentó corajudamente al propio presidente Correa cada vez que éste avanzó en dirección a cercenar la libertad de opinión y la libertad de prensa en su país.

Cabe recordar, asimismo, que Venezuela se ha retirado del Pacto de San José de Costa Rica y que los países bolivarianos han logrado designar algunas de sus primeras espadas en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, desde donde seguramente procurarán relativizar la protección regional a los derechos humanos y libertades civiles y políticas.

Lo sucedido en el cruce de opiniones entre Gabriela Michetti y Nicolás Maduro de alguna manera se anticipó al tiempo de tomarse la foto grupal de los concurrentes a la Cumbre de Quito. Allí Nicolás Maduro aparece emplazado al fondo a la derecha. En cambio, Gabriela Michetti se ubica en la primera fila, en el extremo izquierdo, por distintas razones.

Nicolás Maduro, que había anunciado que iría con todo contra la Argentina en Quito, así lo hizo""

Nicolás Maduro, que había anunciado que "iría con todo" contra la Argentina en Quito, así lo hizo. En su entender, al denunciar las violaciones venezolanas de los derechos humanos, la Argentina "se involucra en los asuntos internos del Estado venezolano". Gabriela Michetti no se amilanó y reiteró la preocupación de su gobierno por la situación de los derechos humanos en el país caribeño que, dicho sea de paso, es lamentable. Reivindicando de esa manera el reclamo previo del presidente Macri, recordó la posición venezolana en materia de derechos humanos cuando éstos fueron violados en la Argentina, en tiempos de la dictadura militar, agregando que la postura de su gobierno es simplemente una manera de retribuir la solidaridad alguna vez expresada por los propios venezolanos.

A esos argumentos en algún momento habrá que agregar que la propia Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, señala que los derechos humanos corresponden a "todas las personas". Con independencia de su nacionalidad. Lo que se complementa con lo expresado en la Declaración Americana de los Derechos Humanos y Deberes del Hombre, también de 1948, donde queda claro que "la protección internacional de los derechos del hombre" debe ser "guía principalísima" del derecho americano. Porque los derechos esenciales del hombre no nacen –como se ha dicho- del hecho de ser nacionales de determinado Estado, sino que tienen como fundamento los atributos esenciales de la persona humana. Razonamiento que luego fue complementado por lo expresado en el Pacto de San José de Costa Rica, en 1969, cuando la región entera se refirió a lo antedicho agregando que ello "justifica una protección internacional coadyuvante o complementaria de la que ofrece el derecho interno de los Estados".

Es evidente que esta ha sido la razón central por la que Hugo Chávez decidió apartarse del Pacto de San José de Costa Rica, consciente de que el mismo representaba un obstáculo de peso respecto de su política de ignorar los derechos humanos y las libertades civiles y políticas de sus conciudadanos, propia del autoritarismo en el que se enroló. Por ello la "protección regional" le incomodaba. Como a Cuba.

A su entender, al denunciar las violaciones venezolanas de los derechos humanos, la Argentina se involucra en los asuntos internos del Estado venezolano""

La Cumbre de Quito tuvo lugar en una ciudad que es la capital más antigua de América del Sur. Durante la misma, estuvo prácticamente militarizada. Se celebró en la sede de la Unasur, un edificio moderno de 7 pisos, sobre la línea del ecuador, a unos 15 kms. al norte de la ciudad. Nuestra vicepresidente, acompañada por la canciller, fue recibida en una larga alfombra roja y saludada por el propio presidente anfitrión. Como corresponde.

Además de provocar a la Argentina con su protesta, Nicolás Maduro reconoció que Venezuela atraviesa una "situación económica sumamente compleja", a la que calificó de emergencia económica. Seguramente sus colegas, al escuchar sus manifestaciones, no pudieron evitar pensar en que el propio Maduro es el responsable más grande de la crisis venezolana. Aunque no lo diga.

La Cumbre de Quito mostró el "cambio de viento" regional. Muy especialmente cuando enterró la postura anti-OEA promovida por los bolivarianos. En este último sentido, el presidente de la República Dominicana expresó concretamente la oposición de su país.

De este modo, la presidencia pro-témpore de Rafael Correa terminó en un fracaso, desde que el reemplazo de la OEA por la Celac había sido definido como uno de los "ejes" de acción durante la presidencia ecuatoriana.

Mostrando que el fracaso no lo ha hecho cambiar de opinión, Rafael Correa insistió en que nuestra región "necesita un sistema nuevo de derechos humanos". Se equivoca. Lo que necesita es que todos los países que la integran, incluyendo los bolivarianos, respeten los derechos humanos. Ocurre que los derechos humanos pertenecen a todos los hombres y a todas las mujeres. Hacen a su dignidad. Y son inalienables, porque uno no puede dejar de ser humano. Por esto gozan no solo de protección nacional, sino también de la protección internacional y regional. Al complementar desde el exterior la capacidad de los Estados en materia de derechos humanos se ha establecido un criterio que tiene directamente que ver con la legitimidad política.

Por todo esto, expresar preocupación por la situación de los derechos humanos y las libertades civiles y políticas en Venezuela debe entenderse como un derecho legítimo de cada uno de los miembros del Celac. En rigor, como más que eso, desde que manifestar inquietudes por la situación de los derechos humanos en algún rincón de nuestra sub-región, como lo hace la Argentina, es de alguna manera también una obligación moral.

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