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Nicolás Repetto: "En lo único que creo es en las rachas de la suerte"

Cerca de los 60, afirma que su gran mérito fue no sucumbir al mareo del éxito. A tres décadas de "La noticia rebelde", su primer hit, volverá a la tele como actor en una ficción de Cris Morena mientras se gana la vida diseñando casas. "Lo importante –dice– es no aburrirse"
Flavia Fernández
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7 de febrero de 2016  

Crédito: Fernando Benegas

JOSÉ IGNACIO

A treinta años de La noticia rebelde, a dos décadas de la revolución televisiva que fue Fax y el vértigo de tantos formatos propios que lo hicieron subir, bajar, ir, venir. El guardarse e irrumpir. La fantasía colectiva sobre una vida que supo resguardar y el verdadero Nico Repetto, ese que al borde de los 60 años se acomoda bajo el chiringo, que construyó con sus propias manos aquí en su casa de Uruguay, para charlar con La Nación revista.

Se resigna a las fotos que cuentan con productora de lujo –su mujer, Florencia Raggi, que lo provoca, activa o afloja con códigos propios–. Descubre que conoce al fotógrafo desde hace años. Hablan de motos, del labrador anciano español y de la nueva caniche sorda, que bautizaron Allegra. Ofrece algo fresco y elige el ángulo con mejor vista para la charla.

"Mirá ese tipo a caballo, tranquilo, cómo va feliz", dice. Y sí. El cielo se va poniendo púrpura en José Ignacio. A lo lejos, un hilo de mar. La brisa, los pinos. Todo soñado.

¿Desde cuándo te emocionan las cosas simples?

Desde siempre. Bah, no sé a qué vamos.

Comentaste que nunca fuiste un tipo blando, pero que eso podría estar mutando…

Lo tomo como un síntoma de la edad, pero sí me veo como más tiernito. Siempre fui muy pragmático, resistente, aguantador. No me quiero hacer el duro, sólo que me tocó así. De chico estuve unos años pupilo, después con mi abuela. Fui y vine. Me casé joven y me costó saber lo que quería. Hoy me preguntan si me emociono viendo crecer a mis hijos y podría quedar fenómeno diciendo que sí. Pero el sentimiento es otro. Me encanta y soy feliz teniendo momentos con ellos, pero no sé si la palabra es emoción. Lo que sí, hoy vivo cosas nuevas. Con mis hijos mayores no vi la adolescencia desde adentro de casa. Ellos vivieron con sus madres y se independizaron jóvenes. Ahora estoy descubriendo eso de esperar a la madrugada.

¿Lo padecés?

No. Yo soy más relajado que Florencia. Ella es la que anda con los whatsapps y se mueve todo el tiempo. Yo soy más confiado y relajado, no me gusta la idea de encapsular a los chicos. Hay que darles aire y enseñarles lo que es un colectivo. Me crié pateando la calle, en San Isidro. Eran otras épocas, pero creo que siempre hay formas para hacerlos crecer libres. No padezco esta etapa porque nunca pienso que algo malo pueda suceder. Soy optimista por naturaleza. En general, aunque lea cosas espantosas, nunca hago espejo con las situaciones.

Crédito: Fernando Benegas

¿Tenés la misma postura con el país?

En todo. Sigo pensando lo mismo que muchos años atrás. En Argentina, si nos organizamos bien, podemos andar. Es un país que da para que todos podamos estar bien. Por supuesto hay distintos niveles de bienestar, pero con el esfuerzo natural que deberá hacer cada familia, tendríamos que estar bien en educación y salud, que es lo principal. La clave, supongo, es que no exista un tira y afloje permanente. Me parece que si hay un acuerdo razonable y nos organizamos a la altura de las circunstancias y de las épocas, esto puede funcionar.

¿Y cómo se cierra "la grieta"?

La responsabilidad mayor está en quienes hoy manejan el poder. Los que votaron por eso, los que estaban disgustados con el gobierno anterior. Hay veces que veo cierta reacción de revanchismo, y eso es lo que hay que erradicar. Los que vienen con discursos onda ahora nosotros vamos por esto y aquello… bla bla . Esa estupidez se paga. Hagamos justicia con lo que tenga que ser, pero sin revanchismo. Sino pasa lo de siempre: el péndulo que va de un lado al otro. Tiene que haber un equilibrio central. Voy a cumplir 59 años y me pasé una vida viendo como este país va de un lado para el otro como un trompo medio descontrolado. Siempre la sensación de que el que tenía la manija lo iba a lograr, pero al final terminaba descontrolado igual. Creo que ahora tenemos una nueva oportunidad para ver si conseguimos hacer las cosas moderadamente bien. Hay que cortarla con el anti esto, anti lo otro.

Minipalabra que arrastramos desde hace décadas.

Mini y tan destructiva. Es algo que heredamos, que es antiguo. Con mis abuelos vivos presencié eso. Los peronistas y los antiperonistas. Las reuniones que terminaban mal, la tensión, el odio, los dos mundos. Ojalá podamos curar esta historia algún día. Calculo que todo se sana con bienestar. Si logramos, como decía, organizarnos y trabajar por la inclusión, sin que nadie se sienta apartado, ese sentimiento se va a diluir. Esperemos que así sea, sino estamos condenados al fracaso, cosa que me niego a creer.

¿Qué sentís cuando hablan de la vuelta a los noventa? ¿Qué sabor te quedó a vos de aquellos tiempos?

No creo en absoluto en esa idea. Me parece que, desde los noventa hasta hoy, el planeta fue cambiando muchísimo. Es muy difícil aceptar un planteo así. Además, ya conocemos el final. La verdad es que sería ridículo repetir las cosas que no funcionaron. Yo creo que hoy es un tema de acuerdos. Si se consigue negociar una idea de cómo llevar la cosa adelante, podemos avanzar. Claro que la tarea es tremenda, nada sencilla. Es imposible satisfacer a todos los sectores. Pero no sólo a [Mauricio] Macri le toca flor de laburo. Todos lo tuvieron. Y se han hecho cosas bien en otros gobiernos, incluso en este último. Me parece que buscar lo bueno y no desecharlo todo debería ser el verdadero cambio. Sino siempre arrancamos de cero.

¿Te impresiona pensar que hace ya tres décadas, con La noticia rebelde, cambiaron la historia de la tele en la Argentina?

Y sí. Pasó el tiempo desde aquel momento genial. Fue único en todo sentido. Primero, por lo innovador, luego de la dictadura hacer un programa irreverente, rompiendo los códigos humorísticos más conservadores. Segundo, por mis compañeros, Adolfo Castelo, Raúl Becerra, Jorge Guinzburg, Carlos Abrevaya. Es increíble… Sólo Becerra y yo quedamos pataleando en este planeta. Tengo recuerdos impresionantes porque todo era magia. Nos subíamos al micro del entonces ATC a recorrer la calle. Y a lo mejor hacíamos un programón con un bache. Había mucha química entre nosotros. Y los cinco éramos los productores ejecutivos, así que la responsabilidad era igual para todos.

Por h o por b siempre quedaste haciendo escuela, inventando formatos. ¿Cuándo fue que te aburriste?

No sé si me aburrí. En realidad, aburrir, no me aburro jamás. Lo que pasa es que la tele fue cambiando. En mi época era todo más artesanal, muy entretenido. Hoy es más reducido el espacio en el que te podés mover en un formato. Esa búsqueda, ese feedback con el público lo hacía más interesante. No existía el minuto a minuto. Jamás tuve una cucaracha en la oreja con alguien que me vuelva loco indicándome el rumbo del aire. Siempre los tiempos y los efectos los puse yo. Admiro a quienes escuchan e interactúan con eso. Igual, no quiero hacer una crítica porque sería una especie de viejazo de mi parte. No creo en eso de que todo pasado fue mejor. Van cambiando los sistemas y punto. Además, ahora están las redes sociales y 700 canales.

Crédito: Fernando Benegas

También vos sos especial. Te permitís el ¡no tengo ganas!

Siempre me lo permití. Cuando no tuve ganas, no seguí. La realidad es que te puede confundir mucho el deseo de los demás. Hay que tener extremo cuidado de estar tomando las decisiones que uno quiere y no las del deseo general. Porque ese deseo suele ser tan fuerte… Son tantas personas contra uno solo que podés confundirte y sentir que ese es tu deseo. Por lo tanto siempre he tenido mucho cuidado.

Arriesgándote a que te tilden de soberbio.

Y sí. Pagás un costo. Siempre pasa que cuando no valorás la opinión de algunos, esos algunos pueden ponerte ese título. Por supuesto, llegan las críticas y, desde ya, algunas cosas molestan y duelen. No es que no me importe nada. Siempre encontrás gente a la que no le gustás. Yo no me puedo enganchar con la gente a la que no le gusta mi estilo de vida o las elecciones que yo hago. El tema es cuando machacan con lo mismo, entonces la cosa se instala.

¿Te perjudicó?

Y sí que me ha perjudicado. Ni hablar. Y me importa, sí, pero sigo con la mía. Mi vida la voy a tener esta sola vez así que no voy a perseguir zanahorias ajenas.

¿Mucho psicólogo para llegar a esta claridad?

Un año de terapia, para probar, pero no es lo mío. Fue en la época en la que no quería confundirme con el ¡dale, campeón, sigamos!

¿Y te pusiste a hacer casas?

Siempre construí. Paralelamente a mi carrera de productor y animador siempre hice algo que tenga que ver con las propiedades. Hago casas para vender o alquilar, y cada una es como un viaje. Nunca me desprendo de golpe. Las sueño, me involucro, las vivo con disfrute. Es algo que me hace bien, que hago con pasión. Y me ha ido muy bien. Es de lo que vivo.

Y escribís.

Hice una películas y varios guioncitos para tele. Pero lo hago como también construyo este chiringo en el que estamos hablando. Toco la guitarra con mis hijos, el piano. Ellos aman la música como yo. Y también disfruto de la actuación. Hice Farsantes, Guapas. Ahora está casi confirmado algo de lo que me pidieron no hablar mucho. Es una ficción para adultos de Cris Morena. Interesante. Un protagónico coral que me gustó. De joven hice teatro; después la animación no me dio tiempo así que lo fui practicando a los disparos. Pero me entretiene y siento que me hace bien.

Alguna vez dijiste que no creés en las vocaciones.

Habré hablado exclusivamente de mí. Es que yo no la tuve. Fui buscando y se fue dando. Nunca se me hubiera ocurrido decir quiero ser conductor. Incluso el periodismo fue circunstancial. Empecé medio de cadete en una revista y fue pasando todo lo demás. Me apasioné a medida que fui entrando y, saber lo que quería, me habré enterado hace media hora. Creo mucho en aquello de saber tomar las oportunidades. Si algo me divierte, me motoriza.

¿Creés en Dios, en el destino?

No, soy agnóstico a pesar de mi pasado como monaguillo. No creo en santos ni en milagros. No rezo ni me cuelgo medallitas. Ahora hay Papa argentino y espero que le vaya bárbaro, que le haga bien a la humanidad. Ya que la Iglesia todavía tiene ese poder enorme, que lo utilice y veamos sus frutos. Pero lo mío no pasa por ese lado en absoluto. Yo sólo creo en las rachas de suerte.

¿Cómo funciona eso?

Hay que estar atento a percibirlas porque la suerte es muy movediza, no se instala en ningún lado. Lo que hay que hacer es esperar y actuar. Porque cuando se dan las oportunidades no hay que desperdiciarlas. A la suerte hay que acompañarla y honrarla. Si no la advertís, no la honrás. Pasa de largo y entonces… ¡sos un tipo sin suerte!

Casi un manual. Repetto dixit sobre la suerte. ¿Es un formato propio?

Y bueno, son teorías que a uno se le ponen en la cabeza. Yo creo mucho en eso de estar atento. Intuición y atención. Igual no es que la tenga atada. A mí me fue bien y también mal, cosa que también agradezco. No es que disparo al cielo y siempre cae un pato.

¿Cómo superaste el mareo del éxito, o como quieras llamarlo?

Nunca llegué a sentirme omnipotente, pero sí de más joven me parecía que podía hacer un promedio en el momento que me iba mejor. Después me di cuenta que no era así. Por suerte, eh. Hace perfecto. Te ubica. Te acomoda el ego. El éxito en la tele, que es de lo que puedo hablar yo, te aleja de la gente. Contrariamente a lo que parece. Te vuelve más huraño, hosco, a la defensiva. Te sentís más invadido y lo que supuestamente tenés que hacer no es precisamente lo que elegirías. Te trastoca y transforma porque no sos el que querés ser, sino el que las circunstancias te llevan a ser. Por eso tantas veces elegí estar fuera del foco.

¿Qué cosa no soportás con el alma?

Tal vez suene raro o alguien pueda suponer que es miedo, no lo descarto, pero creo que no: me pone muy mal y le escapo a la depresión. No lo admitiría en mí ni lo acepto en nadie. Lo veo como un error. Prefiero el mal humor en estado puro, que tarde o temprano merma, pero no lo otro. Siempre pensé que es una especie de cáncer de espíritu. Se instala y puede hacer metástasis.

¿Te asusta imaginarte mayor?

Ya soy mayor. Estoy más cerca de los 60 que de los 50. Y con respecto a la vejez, la verdad es que no le temo, pero tampoco es un lugar al que quiero llegar alegremente. Ya bajé la orden de que me desconecten en caso extremo. Vida plena o no vida. No le encuentro sentido a forzar algo que es sufrimiento puro. Pero bueno, trato de no pensar. Por algo siempre sigo proyectando. Lo importante es tener proyectos. Siempre pensé que el aburrimiento es uno de los escalones a la depresión. ¡Nunca hay que aburrirse! Y siempre existe algo que inventar.

El juego del corcho, por ejemplo. ¿Cómo surgió?

Medio de casualidad. Para el primer programa de Sábado bus no lo tenía. Me acuerdo que estábamos comiendo con [Pablo] Codevilla y [Sebastián] Borensztein; yo tenía la sensación de que había faltado algo que uniera a los invitados. Eran muchos y notaba que, cuando yo entrevistaba a uno, los demás se dispersaban mucho. Les dije que había que inventar alguna tontería, algo como agarrar este corcho y embocarlo en algo. Desde ya en la mesa había un corcho y una frapera. Mientras lo decía y hacía, los dos dijeron: ¡es eso! La televisión es la idea en el momento justo. Pasión, buen equipo, complicidad y química. A La noticia rebelde, Fax, Nico de mediodía y Sábado bus les puse la vida. Son programas que quise mucho, formatos míos. Yo empezaba con la hoja en blanco.

Crédito: Fernando Benegas

Y la expectativa cada año. A ver con qué se venía Nico.

Bueno, eso a veces embroma. Lo que decía antes, el deseo de los demás, el deseo de uno y el eterno preconcepto.

¿Llegaste al punto de no querer hacer un programa para no tener que vivir eso?

No. Siempre hice lo que tuve ganas y tampoco descarto volver al ruedo. No es un tema que me preocupe y, si me vuelve a pasar, trataré de que me perjudique lo menos posible. No está en mis mañanas pensar en eso.

¿Cuál sería la gran noticia de Repetto, hoy?

¡Que ya estoy grande!

Vamos. Suena a falsa modestia. Casi 60 impecables, en un mundo en el que los hombres planean familias a esa edad.

Es que siento que viví varias vidas. Fui padre muy joven, tengo chicos de todas las edades; hasta mi hija fue madre. Sé que está sucediendo eso con los muchachos, claro, y no lo juzgo. Cada cual toca la flauta como puede. Yo estoy en una etapa buenísima. Maduro, tranquilo, disfrutando. Es una palabra que me gusta mucho. Tengo amigos que me inspiran mucho al respecto. Ellos no tienen culpa de gozar. Y me parece que por ahí va la cosa. Yo soy muy pragmático, pero un pragmático optimista. Y tengo algo muy sagrado, que son los amigos. Amiguero viejo. Del barrio, del tenis, del fútbol. Hace quince años que jugamos el mismo grupete en el mismo lugar. Es más, creo que mi amigo más nuevo tiene ya diez años. Sin dudas esto también se llama éxito.

1957

Nace el 11 de marzo en Mar del Plata

1982

Debuta como notero en Semanario Insólito, el primer noticiero humorístico

1986

Conduce y produce La noticia rebelde, ciclo de culto y bisagra en el periodismo

1991

Revoluciona la pantalla con Fax, su primer éxito personal. Gana el Martín Fierro de Oro

1995

Conoce a Florencia Raggi, su tercera y actual mujer, con quien tuvo a Renata y a Francisco. Anteriormente fue padre de Valeria, Nicolás y Juana

1999

Instala otro superéxito, con juegos y entrevistas, llamado Sábado bus

2001

Se radica en España durante dos años

El futuro

Se prepara para la próxima ficción de adultos que hará Cris Morena. Mientras, escribe y se dedica a la construcción de casas y el diseño

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