Suscriptor digital

El lado B del Cosquín Rock

Esta noche inaugura la decimosexta edición, y su organizador hace un recuento de las historias más jugosas del festival serrano
Gabriela Origlia
(0)
6 de febrero de 2016  

Esta noche, tocarán Ciro y Los Persas
Esta noche, tocarán Ciro y Los Persas Crédito: Soledad Aznárez

CÓRDOBA.- Hoy arranca la decimosexta edición del Cosquín Rock, que se extenderá hasta el lunes con las actuaciones de Ciro y Los Persas, Las Pastillas del Abuelo, Kapanga, Almafuerte, Estelares, Las Pelotas, Bersuit Vergarabat, Babasónicos y No te va a gustar, entre otros.

El predio de San Roque tendrá tres escenarios principales, temáticos, de heavy, reggae y rock; tres hangares para shows y, cada día, el espectáculo de Fuerza Bruta. El organizador, José Luis Palazzo, proyecta recibir unas 120.000 personas. Entre las novedades se cuenta La bomba del tiempo, el grupo de percusionistas que improvisan en escena al ritmo de la energía del público.

También se sumará el tatuador Juan Pablo Rodríguez, un cordobés que, desde hace un tiempo, lleva adelante la fundación Un tatuaje por una sonrisa, que ayuda a familias en dificultades y enseña el oficio a chicos vulnerables. Estará en el Parque Rock y lo recaudado por los tatuajes que haga (todos, de bajo costo) será para su proyecto.

En 16 años como organizador, Palazzo acumula anécdotas, recuerdos, acreditaciones, bocetos, programaciones armadas, borradas y vueltas a diseñar. Con la adrenalina a tope y un teléfono que no deja de sonar a menos de una semana de la nueva edición, dedica un rato a repasar el detrás de escena del festival.

"En Cosquín Rock pasó mucho, muchísimo -señala en su oficina de la Plaza de la Música. Se juntaron los Serú Girán de nuevo; Charly y Pappo se hablaron después de 10 años de estar peleados; los Molotov tocaron con los Illya Kuryaki y después terminaron haciendo un video; Spinetta estuvo en tres ediciones y en la última tocó sentado, para que la gente se concentrara en la música."

Palazzo se ríe al contar que "el Mono" de Kapanga fue el pizzero en varias de las primeras ediciones. "Sacaba una pizza detrás de otra; tenía oficio; eran épocas donde el catering no era una exigencia de contrato", agrega. Los camarines ya no están separados por tabiques que permitían escuchar cada palabra del vecino. Y las pizzas compartidas dejaron de existir.

Anecdotario

Entre las mejores anécdotas. el organizador de Cosquín Rock elige algunas.El 10 de febrero de 2001 fue la primera edición de Cosquín Rock. La venta de entradas, un día antes, venía muy pobre: "Estábamos convencidos de que nos íbamos a fundir", dice Palazzo. De repente, el milagro, con gente llegando desde todos lados, "de Ushuaia a La Quiaca". El programa incluía a Catupecu Machu, Divididos, Los Piojos y Bersuit, entre otros. Al final fueron 9000 ti-ckets por noche. En la ciudad no se conseguía nada, ni bebidas ni lechuga. Los rockeros se compraron todo. "Pero no tuvimos éxito económico", apunta Palazzo.

En la segunda edición, en 2002, un hombre de mocasines se presentó en la puerta del anfiteatro pidiendo 300 entradas sin cargo. Antes de que los organizadores tuvieran tiempo de contestar, empezó una lluvia de botellas y la policía respondía con balas de goma. "Rompían vidrieras a siete cuadras de donde otros atacaban; Los Piojos subieron a tocar igual, porque en ese lugar no pasaba nada", señala. Los esperaban 12.000 personas. Al día siguiente, era el turno de Divididos y Riff. Las autoridades policiales y la fiscal de Cosquín recorrían las calles para decidir si habría festival o no. Justo en ese momento, Pappo y sus músicos se bajaban del ómnibus. "El Carpo" se enteró de los últimos acontecimientos y, sin anestesia, le advirtió a la fiscal: "Mire, si esto no se hace mis huestes van a arrasar todo. Va a quedar sólo tierra infértil". Para compensar, les pidió que se quedaran tranquilos. "Soy el Nostradamus del rock y les aseguro que no va a pasar nada malo." Tuvo razón.

Palazzo y Charly García no se conocían cuando el cordobés fue a invitarlo al tercer Cosquín Rock. García lo recibió en su casa, en la cama, y empezó a pedirle cosas. Le adelantó que con la mirada detectaría qué iba a cumplir y qué no. Pidió que Martha Argerich tocara el piano y que Diego Maradona hiciera jueguitos, por ejemplo. Sin eso, igual tocó. Lo invitó a subir a Fito Páez, eso sí. La cama que García quería como escenografía para "Estaba en llamas cuando me acosté" era la de Gigí, dueña de una pensión de Cosquín.

Más sobre Charly García: el músico llegó a la primera edición, en la comuna San Roque, a contramano, por la autopista, en una moto conducida por un policía. Empezó a tocar seis horas después de lo previsto; todo el tiempo lo habían esperado 45.000 personas. La odisea empezó a la tarde cuando no abordó el vuelo de línea reservado; ni el primero ni el segundo. Un avión privado era el plan B. Estaba subiendo cuando de repente se fue y apareció media hora después. Desesperados, los organizadores llegaron a considerar hacerlo cruzar el lago en lancha, para ganar tiempo.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?