Máximo grado de provocación

Diego Batlle
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11 de febrero de 2016  

Deadpool apuesta más por el humor zafado que por la espectacularidad
Deadpool apuesta más por el humor zafado que por la espectacularidad Crédito: Fox

Deadpool (Estados Unidos/2016, hablada en inglés o en castellano) / Dirección: Tim Miller / Guión: Rhett Reese y Paul Wernick / Fotografía: Keng Seng / Música: Tom Holkenborg / Edición: Julian Clarke / Diseño de producción: Sean Haworth / Elenco: Ryan Reynolds, Morena Baccarin, Ed Skrein, T. J. Miller, Gina Carano y Leslie Uggams / Distribuidora: Fox / Duración: 107 minutos / Calificación: para mayores de 16, con reservas / Nuestra opinión: buena

En una industria cinematográfica dominada desde hace años por las películas de superhéroes (y, dentro del subgénero, por los personajes de Marvel), los productores, guionistas y directores deben ingeniárselas para diferenciarse de lo mucho ya visto. En este sentido, Deadpool apuesta por el humor zafado antes que por la espectacularidad de la acción, por un juego irónico destinado a aquellos ya un poco cansados de tantos films similares y por situaciones bastante más extremas en términos de violencia, sexo y lenguaje que las que suelen dedicarse al target habitual de este tipo de productos: niños y adolescentes.

No es la primera vez que Hollywood parodia el cine de superhéroes (está, por ejemplo, la saga de Kick-Ass) y ni siquiera es la primera oportunidad en que Marvel se juega a pleno por la comedia ( Ant-Man, Guardianes de la Galaxia y hasta el Iron Man de Robert Downey Jr. también transitaban ese camino), pero ninguno alcanzó el nivel de autoconciencia y autorreferencialidad ni el grado de provocación (escatología y vulgaridad incluidas) de Deadpool.

Ryan Reynolds interpreta a Wade Wilson/Deadpool, un auténtico antihéroe, un perdedor que como en la historieta suele hablarle directamente al espectador con la idea de generar códigos de identificación y empatía. Surgido de forma muy lateral de la saga de X-Men (también propiedad de Fox en cine), Deadpool es un renegado que se burla incluso de esos mutantes.

De todas maneras, nada (ni siquiera los insultos) pueden ser tomados demasiado en serio en esta película. Desde los créditos de apertura, todo es broma, sarcasmo y autoparodia, como si se estuviera más cerca de la irreverencia de la nueva comedia estadounidense que del cine de superhéroes.

Wade tiene una novia (una prostituta de buen corazón llamada Vanessa, que interpreta Morena Baccarin), pero cuando intenta llevar una vida más o menos normal se le diagnostica un cáncer terminal. Su única opción es someterse a un tratamiento experimental a cargo del sádico científico Ajax (Ed Skrein). Deadpool se salva, pero queda con todo el rostro desfigurado.

Los personajes secundarios no tienen demasiado despliegue. Deadpool contará con la ayuda de dos mutantes de X-Men (el gigante metálico Colossus y la adolescente rebelde Ellie Phimister/Negasonic Teenage Warhead), mientras que Ajax tendrá como ladera a Angel Dust (la campeona de artes marciales Gina Carano).

El principal problema de esta ópera prima de Tim Miller es que la idea de reírse de todo y de todos, del uso permanente de los chistes internos, de las referencias a la cultura popular y de la voz en off cínica tiene un efecto limitado que se va desvaneciendo, esfumando con el correr de los minutos. De hecho, más allá del ingenioso despliegue de los efectos visuales, Deadpool se resuelve en términos muy similares al del resto de las películas de Marvel a las que en principio cuestionaba.

El espíritu subversivo, se sabe, tiene sus límites. Sobre todo en Hollywood.

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