Parejas de escritores: bibliotecas y consejos que se duplican

Abelardo Castillo
Abelardo Castillo Crédito: MARTIN FELIPE / AFV
De Abelardo Castillo y Sylvia Iparraguirre a Francisco Garamona y Fernanda Laguna, un repaso por las sociedades artísticas nutridas por el amor y la convivencia
Walter Lezcano
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11 de febrero de 2016  • 13:17

En los Diarios (Alfaguara) de Abelardo Castillo hay una entrada sin fecha, aunque sabemos que es del año 1969, que dice lo siguiente: "A fines de noviembre apareció, como un milagro, la muchacha increíble aquella que hace unos años (¿o más?) llegó una noche con José Antonio Barzac. Esa vez yo pensé: lo envidio. No miento si digo que la sentí hecha para mí. Poco tiempo después de esa primera noche, volví a verlos juntos. ¿Cómo puede ser que se entiendan?, pensé. Yo hacía esfuerzos por no mirarla, para evitar que él pudiera sentirse incómodo." Y más delante esa muchacha ya tiene nombre: "De Sylvia -"la muchacha que apareció a fines de noviembre"- no quiero, ahora, decir palabra, no hasta haberme contado a mí mismo lo que pasó este último tiempo.No escribí eso para mí mismo (de lo contrario bastaría con escribir Sylvia, no explicar nada) sino como quien piensa en un lector." Sylvia, lo sabemos ahora, es la consumada escritora Sylvia Iparraguirre, su último libro es Del día y la noche (Galerna, 2015). Y las dos entradas de este Diario de Castillo nos llevan a un momento extraordinario en la vida de cualquier mortal: la aparición de amor. ¿No es esa una de las grandes aventuras que todos quieren, o mejor dicho, queremos, emprender? Más allá de eso, el caso de Abelardo Castillo y Sylvia Iparraguire, que siguen juntos como para devastar sin piedad la idea de fugacidad, nos sirve para pensar los modos en los cuales la atracción, la convivencia y la construcción duradera de una existencia en común se da en una relación entre escritores.

Conocí al hombre más fuerte del mundo, ex-Cambridge, poeta brillante cuya obra amaba antes de conocerlo a él, un Adán saludable, grande y pesado
Sylvia Plath

Hay más casos, por supuesto. Algunos icónicos y que definen una era de liberación ideológica como es la pareja que formaban Jean Paul Sarte y Simón De Beauvoir. O, tal vez, otras más intensas y devastadoras como la que conformaban los poetas Ted Hughes y la hermosa Sylvia Plath. Al respecto, dijo Plath, en un fragmento recuperado por la periodista Valeria Tentoni, sobre conocer a Hughes: "Conocí al hombre más fuerte del mundo, ex-Cambridge, poeta brillante cuya obra amaba antes de conocerlo a él, un Adán saludable, grande y pesado, mitad francés, mitad irlandés, con una voz como el trueno de dios -un cantante, un contador de historias, un león, un trotamundos, un vagabundo que nunca se detendrá". Aunque después las cosas no terminarían muy bien. También están esas parejas entregadas a viajes sin retorno al fin de la noche como fue ese dúo increíble que mantuvieron F. Scott Fitzerald y su adorada musa Zelda. De todas maneras, a pesar de lo que sabemos de estas relaciones, terminan siendo un mundo desconocido en el cual vale la pena ingresar porque se relaciona con la creatividad dentro de lo cotidiano, de lo luminoso en medio de la rutina.

De este lado del charco

Francisco Garamona, uno de los poetas referentes de los noventa, músico y editor de Mansalva, está en pareja con una artista plástica, poeta y narradora reconocida. Cuenta: "Con mi novia, Fernanda Laguna, creemos que a toda la vida en general hay que encararla creativamente. ¿Qué quiere decir esto? poniéndole onda, desde a un poema, una novela, una canción o una pintura, hasta a las cosas más simples y rutinarias. En todo caso el arte es un camino subrepticio para agregarle pasión a la vida. Antes de estar juntos yo era su editor y ella era la mía, en Belleza y felicidad, donde saqué 5 plaquettes. Para mí es un trabajo de una gran libertad y compromiso, algo muy lindo."

El arte es un camino subrepticio para agregarle pasión a la vida
Francisco Garamona

Compartir el espacio con alguien realiza la misma actividad implica la distribución de los territorios en el hogar. Explica Garamona cómo es esa logística: "En principio cada cual está con su cuaderno, computadora, hoja, etc. Después también cada cual su lugar. Fernanda cuando escribe sus novelas se hospeda siempre en algún hotel uno o dos días, para concentrarse y meterse de lleno en el mundo maravilloso de sus narraciones. Yo escribo un poco en cualquier lado, en mi estudio, en la librería, en el subte o en el celular."

Cuando se le pregunta a Garamona si le fascina alguna pareja de escritores tira estos nombres: Oliverio Girondo y Norah Lange, Liliana Ponce y César Aira, Raúl Zurita y Diamela Eltit, Juan Forn y María Gainza, Sergio Bizzio y Lucía Puenzo.

Lolita Copacabana es escritora, traductora y editora en su propio proyecto editorial: Momofuku. Ella acaba de publicar Aleksandr Solzhenitsyn y está casada con el periodista y narrador Hernán Vanoli. Para ella estar en pareja con alguien que se dedica a la escritura significa generar un ambiente creativo que de otra forma no sería posible: "Dedicarse a lo mismo que tu pareja te permite un nivel de empatía enorme a la hora de enfrentar cualquiera de las instancias de lo que es, por ejemplo, la publicación de un libro: ese estado de entusiasmo antes de ponerte a escribir, lo agotador del tiempo de investigación, el enamoramiento de eso que estás creando en el momento que lo estás escribiendo, la omnipotencia narcisista una vez que lo terminaste, la vulnerabilidad que sentís cuando lo das a leer, la esperanza embriagadora previa a su publicación, la alegría extemporánea del libro en papel, la ansiedad por las lecturas. Si uno tiene suerte puede dedicarse a algo con lo que tiene una relación muy intensa, en el mejor de los casos también puede compartir su vida con alguien que sabe de qué se trata y puede acompañar en ese viaje." Compartir la vida, para dos escritores, también significa agrandar la biblioteca. Dice Copacabana: "Nuestras bibliotecas están separadas, porque tienen regímenes distintos. Yo tengo una relación particular con la mía, es mi canon: sólo libros que leí, ordenados por color, presto poco y trato de ir consiguiendo todos los libros que leí y me cambiaron. Hablo, escribo y pienso mejor si tengo mis libros a la vista, tengo una relación directa y cotidiana con mi biblioteca. Yo soy más cerrada a la hora de tomar recomendaciones, pero seguramente Vanoli me influenció a leer más literatura nacional y algunos orientales: Kirino, Ogawa, Young-Ha Kim. Mis recomendaciones para él siempre tienen que ver con los estadounidenses, que son a quienes más leo. Pienso en Eggers, Shtyengart, Hempel. También, previsiblemente, tenemos muchas obras completas, o casi completas, repetidas: Houellebecq, Pallaniuk, (Ryu) Murakami, Puig, Bolaño, Carver, Easton, Ellis."

Lola Copacabana
Lola Copacabana

Si se habla de parejas de escritores reconocidas en la historia ella dice lo siguiente: "Desde el registro puramente imaginario, siempre me encantaron Scott y Zelda Fitzgerald. Aunque se vivieran peleando, celando, plagiando y terminaran mal, no caben dudas de que la pasaron muy bien tomando gin de contrabando y haciendo locuras en Estados Unidos y Europa en los años veinte. En lo simbólico, Simone de Beauvoir y Sartre. Creo que siempre se respetaron, intentaron inventar una forma de amarse que tuviera que ver con su forma de ver al mundo, que creyeron en sí mismos desde jóvenes, y que ambos fueron capaces de construir una producción inmensa como testimonio de todo ese pensar que compartieron."

El periodista, narrador, poeta y editor Osvaldo Aguirre está en pareja con la poeta y tallerista Clara Muschietti. Ellos, por momentos, comparten el proceso de escritura: "Conocí a Clara cuando ella estaba escribiendo Podría llevar cierto tiempo, su último libro. Fue en un festival de poesía, y ella me leyó algunos de los poemas que tenía en curso. Le hice muchas preguntas en ese momento y también alguna observación, pero no me hizo caso. Después ella me dio a leer varias veces el libro, una vez terminado y en proceso de impresión, para ver si me parecía corregir algo. En mi caso, le doy a leer algunos poemas una vez que termino de escribirlos, como una especie de prueba, porque sé que ella es muy exigente y no va a tener el menor problema en decirme si algo le parece mal. Por eso mismo, no le doy a leer cualquier versión, sino una que esté bastante adelantada; porque no solo se juega algo del orden literario sino también del orden amoroso, de la vida que llevamos juntos. También intercambiamos opiniones después que hacemos lecturas en público: cómo salió, si estuvo bien el orden de poemas, qué nos pareció la lectura en general en la que participamos, si valió la pena. Clara tiene mucha experiencia en talleres, lo que le da un saber muy práctico para hablar con los textos en la mano. Y también tiene mucho tacto para sugerir cambios. Una vez me preguntó si pensaba seguir escribiendo poemas sobre cosas del campo, como hice en todos los libros de poesía que publiqué; fue solo una pregunta, pero muy motivadora." En ese sentido, estas prácticas se complementas con ciertos rituales: "Nos leemos textos de otros escritores. Textos que nos gustan, o que nos disgustan de manera particular. Poemas de libros que estamos leyendo, o poemas que vemos en Facebook. Es importante tanto lo que compartimos como lo que rechazamos, para saber qué queremos escribir y para evaluar cómo anda el ambiente."

Por último, Aguirre y Muschietti también tiene su pareja de escritores favorita: "Sylvia Plath y Ted Hughes tienen cierto espesor mítico. Me pregunto si realmente las cosas entre ellos fueron tal como las conocemos."

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