Emoción en el círculo íntimo de la argentina Gabriela González

Tanto su madre, Dora Trembinski, como sus amigos resaltaron su humildad y su curiosidad innata
María Manuela Ántola
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12 de febrero de 2016  

"Esa Gabriela González, ¿es hija tuya?" Pedro Arnaldo González está más que acostumbrado a que le hagan esa pregunta. Así lo cuenta su esposa desde hace 52 años, Dora Trembinski. Dice que es la pregunta más frecuente que escuchan cada vez que entran a un lugar en los últimos días. Es que sí: esa Gabriela González de la que todos hablan es su hija; una de las protagonistas de la investigación que logró detectar las ondas gravitacionales, y confirmar así la predicción que hizo Albert Einstein hace 100 años.

El teléfono en la casa de Córdoba capital no para de sonar un segundo. Dora atiende enseguida. Todavía no habló con Gabriela. Y si bien cree que no va a poder hacerlo hasta tarde, apenas siente en el teléfono ese tono que avisa que hay otra persona intentando comunicarse no puede evitar decir que puede ser ella.

"Siento una emoción muy grande. Estoy en shock. No lo puedo creer. Estábamos esperando este día hace tanto... Yo le decía: «No verás la hora de que llegue el 11 de febrero». Y ella me decía: «No, mamá, ¡no veo la hora de que llegue el 12!»", comenta entre risas.

Francisco Tamarit es doctor en Física y rector de la Universidad Nacional de Córdoba. Y también es amigo íntimo de Gabriela. "La gente, acá en la universidad, está muy excitada, y muy contenta festejando. Por ella y por lo que consiguieron. Estábamos esperándolo", dice.

Dora no tiene dudas de lo que va a decirle cuando pueda hablar con ella: antes que nada, que la quiere mucho. "Con eso no quiero decir que la quiero más por este triunfo -señala-, sino que la quiero porque la quiero. Estoy feliz de ser la mamá, de haberle dado la vida."

De chica, Gabriela era muy curiosa. Dora no quería enseñarle a leer porque los métodos con los que había aprendido ella le parecían obsoletos, y porque no quería que saltara etapas. Pero Gabriela la seguía por todos lados preguntándole: "¿Qué dice acá? ¿Y acá?".

"Un día descubrió el libro Upa!, que ya era viejo cuando yo era chica, y aprendió a leer sola. De ahí en más, no paró nunca. Había que tenerle lecturas preparadas, sino agarraba cualquier libro. Mis compañeras de trabajo se reían porque la penitencia que le ponía a Gabi era no leer", relata.

Dora cuenta que era muy rápida en el colegio, y tenían que sentarla separada en los exámenes porque, si no, les hacía los ejercicios a los tres o cuatro compañeros que tenía alrededor. Era abanderada, pero en los bailes decía que se llevaba un par de materias porque, si no, la miraban raro. En la facultad, tenía un promedio de más de ocho.

Gabriela y Francisco Tamarit se conocieron en la universidad. Fueron compañeros de militancia en el centrode estudiantes. "Era una alumna brillante. Siempre tenía las mejores notas. Es un ejemplo para todos los jóvenes porque es producto de la educación pública, y ayuda a demostrar que vale la pena hacer ciencia en la Argentina", sostiene Francisco.

Tanto Dora como Francisco usan la misma palabra para describir a Gabriela: "humildad". "Se enojó mucho con un título que pusieron en una entrevista. «Una científica cordobesa en busca del Premio Nobel», o algo así. Ella le dijo al periodista que era un descubrimiento importantísimo, pero que no tenían como objetivo ganar un premio Nobel, como si la investigación fuese una carrera deportiva con esa meta", cuenta Dora.

"Gabi nunca rompió el contacto con la facultad. Cada vez que visita el país, viene. Es importante y famosa en el mundo de la física, pero siempre nos trata de la misma forma. Se preocupa mucho por todos, por el rol de la mujer en la ciencia y por la educación en América latina", afirma Francisco.

A los 23 años y ya recibida, Gabriela se fue a vivir a Estados Unidos con su marido, Jorge Pullin, otro reconocido físico. Desde entonces, viajan por lo menos dos veces por año a la Argentina a visitar a su familia y sus amigos. Dora cuenta que cada vez que volvían a irse no podía parar de llorar: "Pero era su destino. Siempre digo que los hijos no son nuestros".

Hoy Dora no salió en todo el día de su casa. "Quise guardarme. Así, la siento más cerca", confiesa.

"Una nueva forma de mirar el universo"

  • El físico Stephen Hawking afirmó ayer que la detección de las ondas gravitacionales, la última predicción que quedaba por comprobar de las teorías de Albert Einstein, abre la puerta a "una nueva forma de mirar el universo".
  • "La capacidad de detectarlas tiene el potencial de revolucionar la astronomía", dijo a la BBC el físico teórico, de 74 años, experto en el campo de los agujeros negros. "La detección de estas ondas, las señales que dejan grandes cataclismos en el universo, supone además la primera prueba de un sistema binario de agujeros negros y la primera observación de agujeros negros fusionándose", agregó Hawking.
  • "Además de probar la teoría de la relatividad general [gracias a las ondas gravitacionales], podemos esperar ver agujeros negros a lo largo de la historia del universo. Podríamos, incluso, ver los vestigios del universo primordial, durante el Big Bang", remarcó el físico.

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