Pulp, el elogio de lo descartable

Escritura ágil y visceral es la premisa de este género legendario que vive ahora su propio fenómeno en el país, con ediciones prolijamente descuidadas
Franco Spinetta
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14 de febrero de 2016  

Breve, intensa, a veces descartable. Escenas de sexo, violencia, robos, asesinatos a sangre fría, zombis, motoqueros, magia vudú, invasiones extraterrestres, personajes deformes de toda deformidad. Todo puede pasar en el imaginario que rodea a la literatura pulp, un género torrentoso que invade el cuerpo y lo sacude para devolverlo sin forma, atontado. Es una topadora: no hay manera de salir indemne de semejante apelación a los sentidos. Y esa es la premisa: escritura ágil y visceral.

Históricamente marginado, el pulp sobrevivió (y se masificó, sobre todo en los EE.UU.) gracias a una extensa red de lectores que defienden el adn de una cultura literaria que ya tiene casi cien años de existencia. A pesar de su condición orillera (incluso para muchos es considerada basura), el pulp resurge constantemente con fuerza para contar historias extremas.

A eso apunta la editorial Interzona, que lanzó una colección de cuatro títulos prolijamente descuidados y mejor aún ilustrados. Novelitas rápidas y furiosas, que se devoran con fruición y que van al hueso del género. Fractura expuesta, de Walter Lezcano; Mano propia, de Nico Saraintaris; Trasnoche vudú, de Mariano Buscaglia, y El paraíso de los condenados, de Çingiz Abdullayev, un escritor azerbaiyano, ex espía de la KGB, que vendió más de 20 millones de libros alrededor del mundo. Todas las obras están debidamente ilustradas acordes con la historia pulp, cuyo fuerte estuvo siempre en el arte tipo sensacionalista.

"La idea era salir sólo en digital. Al pensar en los modos de producción literaria digital exitosos en otros mercados, vimos que la literatura de género y serial está siendo el formato exitoso en libros digitales", cuenta Alejandro Soifer, director de la colección Zona Pulp. La posibilidad de ilustrar las ediciones con dibujos que lo entusiasman propició el nacimiento de la colección en formato libro. Para Soifer, al tratarse de "libros baratos (cuestan $ 125), sensacionalistas y escritos pensando en atraer lectores, la literatura pulp siempre fue una gran democratizadora de lectura: generadora de lectores entusiastas y hasta fanáticos".

El término pulp refiere a un tipo de papel, barato y descartable, con el que se imprimían cientos de publicaciones que dieron origen al género. Entre los años 20 y 30, se expandió con fuerza en los Estados Unidos: las publicaciones de pulp fiction llegaban a vender un millón de ejemplares. "El pulp no hace concesiones como el mainstream, no aburre con pretensiones académicas de salón. Es como una trompada que te deja paralizado; atrapa a todos por igual, chicos y grandes, hombres y mujeres, apela a todos nuestros sentidos", explica Christian Vallini Lawson, investigador, editor, coleccionista y conocedor de la historia del género.

Los magacines que marcaron el inicio eran considerados como una especie de subliteratura en la que predominaba la acción sin profundidad, sin dilemas filosóficos ni debates morales. Una literatura que buscaba más el golpe que la reflexión con historias descabelladas, muy poco atadas a la realidad y muy entretenidas. En pocas páginas (sus relatos pocas veces superan las 100), el pulp ofrece un pasaje a un universo clase b, donde todo puede convertirse en cualquier cosa. Bellezas y atrocidades conviven cómodamente.

Primeras armas

Una historia sobre invasiones tenebrosas, eso es lo que propone Walter Lezcano
Una historia sobre invasiones tenebrosas, eso es lo que propone Walter Lezcano

A pesar de estar condenado al submundo literario, sus seguidores hacen de esta cuestión una especie de bandera repleta de orgullo. No hay pretensiones, ni se busca el oro literario. Al mismo tiempo, exhiben una larga lista de escritores que comenzaron haciendo sus armas (y ganando algún dinero) en el pulp fiction: Tennessee Williams, Raymond Chandler, Ray Bradbury, Charles Bukowski, H. P. Lovecraft, Dashiell Hammet, Phillip K. Dick y Frank Gruber, entre muchos otros. "Toda la ficción más entretenida y a veces más perfecta en cuerpo y alma proviene del pulp, mal que les pese a muchos", agrega Vallini Lawson.

Los escritores trabajaban a destajo, cobraban por palabra y debían recurrir a los recónditos misterios de la imaginación. Relatos cortos que salían a borbotones como la sangre (imaginaria) de un cuento negro repleto de salvajismo, políticamente incorrecto. Los límites del relato se fueron corriendo hasta el maltrato físico, esclavos sexuales sometidos a la barbarie, drogas y delincuencia. Todo mezclado en historias policiales, romances violentos, novelitas de ciencia ficción extrema. Este juego implicaba una cuestión que, finalmente, terminó dificultando el trabajo de los revisionistas: la tendencia de firmar con seudónimos.

"En un punto, es la posibilidad de una aventura desquiciada, imposible, en un tiempo relativamente corto. Los relatos tienen la contundencia de un sueño", dice Walter Lezcano, quien en un principio no se sentía atraído por el género. Cuenta que se acercó para explorar frescura y liberación. Lezcano no comparte la mirada que le endilga al género condición pasatista o escapista. "Creo que se trata de mostrarles a los lectores mundos nuevos y arrasadores", enfatiza.

El arte de tapa es uno de los grandes aportes de la literatura pulp. Pensadas para vender en masa, coloridas y llamativas, las portadas aportaron un "género en sí mismo", según explica el dibujante Mariano Lucano, fundador y codirector de la Revista Barcelona e ilustrador de El paraíso de los condenados, de Abdullayev. "Es que todo surge desde la condición visual, más que de lo narrativo. Es la industria la que definió el formato. Luego se buscó contenido que pudiera ser soportado por ese formato y no al revés", agrega. ¿Qué es, además del arte de tapa, lo que atrae del pulp a un dibujante? "Como ser humano y argentino –sigue Lucano–, tengo el mismo morbo que cualquiera. En la novela que ilustré hay un poco de sexo, un poco de lepra, un crimen y la policía soviética tratando de resolverlo. Es un poco chismoso, morboso y complicado. Y encima rápida y fácil: irresistible."

En la Argentina, la tradición del género es extensa. Su época de oro fue entre los años 40 y 50. Sin embargo, muchos materiales se perdieron y sólo sobreviven en la memoria de los fanáticos, de manera subterránea o invisible. A diferencia de EE. UU., donde los editores e investigadores realizaron una tarea de rescate, en nuestro país los autores pulps continúan sumergidos en ediciones de revistas inhallables o enmascarados bajo seudónimos anglosajones en libros y colecciones olvidadas, lo que hace aún más difícil su búsqueda.

Según cuenta otro de los autores de la nueva colección de Interzona, Mariano Buscaglia, el origen de la historia del pulp argentino puede rastrearse a fines de los años 20, cuando aparecieron pequeños aportes en revistas como Pucky, Caras y Caretas y Fray Mocho. Más adelante, revistas más populares como Leoplán y Rojinegro tomaron algunos elementos del pulp. También empezaron a aparecer colecciones de relatos policiales o de ciencia ficción, como por ejemplo la colección Rastros de la editorial Acme o la Editorial Tor y sus diversas colecciones, que abarcaban un extenso abanico de géneros. Desde entonces, los autores ligados al pulp continuaron publicando –con altibajos– en colecciones populares o bolsilibros. Estos escritores introdujeron, con mayor o menor fortuna, géneros inéditos en la historia literaria local como el weird detective, el western, las aventuras selváticas, el weird gaucho, las historias de piratas, la ciencia ficción, el space opera y el horror.

Dentro de ese bagaje, Buscaglia elige al El enigma de los gorilas, de Luis de la Puente, editado a principios de los años 50 por la editorial Acme, como uno de los mejores ejemplos del pulp argento. Nazis fugados en la Argentina, un detective propio de un policial negro y superhombres productos de los experimentos descabellados de los prófugos del Tercer Reich.

Revival

Zombis, detectives, hombres lobo y policías conviven en Trasnoche vudú, la obra de Mariano Buscaglia
Zombis, detectives, hombres lobo y policías conviven en Trasnoche vudú, la obra de Mariano Buscaglia

La cultura pop suele tener esa fuerza renacentista. Se recicla, reinventa y vuelve para ofrecer novedades. El pulp, desde hace un tiempo, está en plan de resurgimiento. Así lo ve Soifer: "Hay cierto redescubrimiento y puesta en valor del pulp. En los últimos tiempos salieron estudios serios sobre el tema en Estados Unidos, como la American Pulp, de Rabinowitz, y las colecciones Hard Case Crime, Stark House y Mysterious Press". En la Argentina, la colección recientemente editada por Interzona está precedida por otra llamada Saqueos en Greiscol (2014), de la editorial Clase Turista, y el trabajo colorido y jugado de otra editorial, La Bestia Equilátera.

Las ramificaciones de la influencia pulp son extensas, a veces no reconocidas explícitamente. Las ideas primigenias, repletas de salvajismo y color, fueron adaptándose para hacerlas consumibles. El ejemplo que más rápido surge es la película dirigida por Quentin Tarantino, Pulp Fiction (1994), protagonizada por Uma Thurman, John Travolta, Bruce Willis y Samuel L. Jackson. Más acá en el mapa, Lucano señala con énfasis el arte de Rocambole, el ilustrador de todas y cada una de las tapas de los discos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. "Por ejemplo, el disco ¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado tiene sus reminiscencias pulp", asegura.

Vallini Lawson añade que desde la ciencia ficción, el Pulp ha "previsto todos los inventos que hoy tenemos entre nosotros, desde tu celular hasta la TV que tenés en tu habitación, desde la bomba atómica hasta la depiladora". ¿Por qué? "Porque este género ayudó a desnudar a la sociedad diseccionándola como con un bisturí", dice Vallini.

Como sea, el pulp sobrevivió a fuerza de indiferencia, desprecio y condena académica. Cada tanto, el subsuelo literario se revela y logra salir a flote para mostrar la podredumbre de las sombras. El pulp sigue entre nosotros.

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