Mariú Fernández: "Traté de encontrar su esencia, su oscuridad"

La artista de musicales aborda su primer protagónico al encarnar Amy Winehouse y poner en su propia voz los temas que la hicieron tan popular
Leni González
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2 de marzo de 2016  

Crédito: Ignacio Sánchez

A Mariú Fernández la peina su mamá. No tiene nada de raro si una creció con peluquera en casa, jugando a la cantante con cepillos redondos como micrófonos. Fue mamá la encargada de estudiar las fotos hasta sacar ese batido, ese rulo, esa cúpula de pelo que hay que montar en la cabeza para mirar el mundo como Amy Winehouse . Apenas un toque porque Mariú no es Amy, aunque le guste imaginar que, a lo mejor, arriba del escenario, sí. Desde este viernes a la medianoche, la actriz y cantante se presenta en el Maipo Kabaret con Yo no soy Amy. Se trata de un musical que escribió Osvaldo Bazán y dirige Dennis Smith, para cumplir un sueño que la protagonista empezó a soñar en 2013.

"Esto surgió durante la gira con Tango feroz (2013) -en la que no nos estaba yendo tan bien como se esperaba-, cuando les comenté a mis amigos y compañeros Federico Salles, Germán Tripel y Florencia Otero que había descubierto a una artista que me parecía maravillosa y que quería hacer algo aunque fuera un desafío muy grande. Cuando les dije, me respondieron: «¡Murió hace dos años!». Bueno, sí, llegué tarde. También fui una más que creía que era negra, por esa voz llena de soul, tan desgarrada. La música y las letras me conmovieron, me atravesó esa música vieja que escuchaba mi mamá, Los Plateros con esos coros, la manera de decir prepotente", dice Mariú que ese mismo 2013 empezó a realizar conciertos tributo a la artista británica, en sótanos para 50 personas, al que le siguieron lugares bien jazzeros, como Bebop y Boris Club, y el año pasado, una función en La Trastienda y otra en el Maipo.

-Hacías un show de covers. ¿Pero cuándo surgió la idea de la obra?

-Lo pensé desde siempre aunque sabía que tenía que empezar por el sonido y la imagen. Cuando me caractericé para las fotos, me di cuenta de que daba. Trabajé mucho la voz, ella era contralto y yo soy soprano dramática. Y quería contar algo de su vida, me parecía que era una chica, como cualquier artista, muy sensible e insegura y muy sola. Me identifiqué mucho.

Formada con Ricky Pashkus, a Bazán lo conoció cuando empezó a trabajar en el musical que compartieron - Y un día Nico se fue-, donde reemplazó a Virginia Kaufmann en el papel de mamá de Tomás Fonzi. Invitado al show, cuando la vio le dijo que ahí había tela para mucho más.

"Tenía el ejemplo de Piaf, cómo estaba contaba. Había que encontrar al autor porque no es fácil contar en un musical, no es obra de texto, no es concierto, es complejo de abarcar. Yo quería mantener lo musical e incorporar cosas de su vida. Y Osvaldo me dio la idea de romper lo convencional y sumar mi propia vida a la historia. Más la mirada de Dennis, el director, que me dio vértigo por momentos", dice Mariú, a quien le toca remar en Yo no soy Amy con tres personajes, el de Winehouse, el de una actriz y cantante que sería ella misma, y el de una narradora neutral: "Es una cantante que se siente poseída por otra y habla por ambas hasta intentar encontrarse. Como dice Dennis, es un unipersonal, un biodrama y un tour de force". En el escenario, a Mariú la acompañan tres intérpretes del musical: Manuel Victoria, Federico Coates y Juan José Marco, y la banda de seis músicos que dirige Leandro Becker.

Por este espectáculo es que Mariú no viajó a Carlos Paz con Shrek, el premiado musical en el que participaba. Antes, trabajó en Los productores, Sweet charity, El pasajero, Mueva la patria, Rent, El conejo y Por amor a Sandro, entre otras, desde su debut en Candombe nacional, en 2001, en el Maipo con Enrique Pinti.

-¿La vida de Amy sería un ejemplo de que el arte no siempre te salva?

-Justamente, de El pasajero (dirigido por Ana Frenkel, 2011) me quedó una frase que me encanta: "La vida tiene errores que sólo el arte puede corregir". Creo en eso. Tuve de adolescente mi época de "desbarranco" y lo único que me organizó fue encontrar mi camino en el arte: ahí se me acomodó la columna, saber por dónde ir, y a partir de eso, fue más fácil.

-Además del teatro musical, ¿te interesa la actuación en general?

-Sí, estudié también con Julio Chávez; me interesa mucho. Voy a castings y audiciones, me presento, pruebo, a veces quedo y otras no. Así es este trabajo, tiene mucho de juego, hay que mandarse. Por ahora, me salió muy poco de tele, sólo participaciones cortitas. Hice una serie digital, Frustrados en Baires, con Melania Lenoir, Juan José Marco y Adrián Scaramella. Me gustan los personajes fuertes, nada angelicales, los disfruto más; tienen cosas que en la vida común no vas a hacer. En 2014, fui la bruja mala en La nota mágica, un infantil en el Teatro de la Ribera. Y este año, en el Regio, estaré en Doña Rosita, la soltera, dirigida por Hugo Urquijo, con Virginia Innocenti.

-¿Qué opinás de los reality de talentos?

-Tengo dos amigos muy talentosos que han salido de reality: Dennis Smith ( Festilindo y La voz) y Germán Tripel y Gerónimo Rauch (de Popstars). En fin, creo que fue una gran posibilidad para nuestra generación para ser más populares. Eso está buenísimo. Yo no tengo la personalidad para bancarme ese tipo de exposición en la tele. Me lo banco desde un personaje pero no como Mariú, escuchando las opiniones sobre mi trabajo.

-Trabajaste con casi todas las figuras del musical menos con Pepe Cibrián Campoy. ¿Por qué?

-Es verdad, no trabajé con Pepe. Tiene miles de fans y son muchos los que empezaron con él. La única vez que lo vi fue como Bernadette, ese papel increíble que hizo en Priscilla, la reina del desierto (dirigido por Valeria Ambrosio). Es muy importante lo que Pepe hace dándole trabajo a tanta gente. Pero me cuesta mucho concentrarme en obras muy largas, cualquiera que sea, no lo digo sólo por él. Me pasó con El fantasma de la ópera que me distraje mirando las lámparas. Si me das a elegir, lo que más se acerca a mi preferencia es obras tipo Rent, más actorales.

"Cuanto más insegura me siento, más grande es el moño", decía Amy a su peluquera y Mariú sabe bien de qué hablaba. Pero no le gusta que definan a su trabajo inspirado en la cantante inglesa como una imitación: "Traté de encontrar su esencia, su oscuridad, ese costado border. Busqué la historia, no la copia; es mi interpretación, mi manera de pensarla. Y la pienso mucho". De golpe, mientras la charla pasa en un rincón del Maipo, un objeto en la pared se mueve sin motivo aparente.

-¿Será Amy?

-¿Sabés que cuando tocamos el último tema en La Trastienda se cortó la luz? Por completo. "¿Será que no tenemos que seguir con esto?", me pregunté. "Si no vuelve la luz, no lo hago más". Y volvió.

Yo no soy Amy

Maipo Kabaret, Esmeralda 443

Viernes, a la medianoche

Desde, $ 250

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