Exitoso como jugador, voraz y obsesivo como entrenador

Fuente: Archivo
El arribo del Mellizo tiene una ayuda del destino: volvió días atrás de Italia, porque no le habían reconocido su licencia; su propuesta de juego es audaz como su personalidad
Pablo Lisotto
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1 de marzo de 2016  • 21:00

Una casualidad le permitió a Guillermo Barros Schelotto llegar a la dirección técnica de Boca. Es que si la UEFA no le hubiera bajado el pulgar hace dos semanas, cuando no le reconoció como válida para el fútbol europeo su licencia de entrenador, el Mellizo estaría hoy sentado en el banco de Palermo, de Italia. Pero aquel guiño le permite este presente.

¿Qué encontrará Boca con el arribo del nuevo DT? Un hombre que como entrenador tiene la misma voracidad que en su época de futbolista. Obsesivo al máximo detalle, con un estilo mucho más ofensivo que su antecesor en el cargo (su esquema preferido es el 4-2-3-1) y con un cuerpo técnico listo para el gran desafío. Con el plus que significa haber representado al club como jugador en 300 ocasiones, haber marcado 86 goles y ser uno de los futbolistas que más títulos ganó en la historia de la entidad, con 16 vueltas olímpicas, de las que se destacan cuatro Copas Libertadores y dos Intercontinentales.

"Guillermo siempre estuvo en mi cabeza, es un ídolo de Boca. Estoy triste porque el Vasco es una gran persona, son raros los sentimientos" (Daniel Angelici)

En su cuerpo técnico aparecen dos nombres de peso: el primero es su hermano, Gustavo, también ex futbolista de la entidad de la Ribera, y el preparador físico, Javier Valdecantos, de prolongada trayectoria y conocido en el ambiente por su exigencia a la hora de trabajar.

Gustavo está en todos los detalles. En su paso por Lanús, por ejemplo, era frecuente verlo en las gradas en casi todos los partidos de las inferiores, siempre en busca de promover juveniles al primer equipo. Su experiencia trasciende las fronteras, porque también fue ayudante de campo de Gregorio Pérez en Libertad, de Paraguay, y en Peñarol, de Uruguay. En el club granate se los recuerda como "dos personas bárbaras, humildes, correctas y formadas".

Pasaron 8 años, 10 meses y 15 días desde que Guillermo Barros Schelotto jugó su último partido con la casaca xeneize. Ahora, le llegó el momento de cumplir un sueño, y que la Bombonera vuelva a corear su nombre, con aquella letra E que se prolongaba en las gargantas de los hinchas, después de cada una de sus gambetas, sus goles y sus vueltas olímpicas. Está preparado: sumó suficiente experiencia para el desafío de su vida.

pl/jt

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