La intimidad del regreso: abrazos para todos y la sonrisa cómplice por firmar un simulacro de contrato

Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco
Cómo vivió Guillermo Barros Schelotto sus primeras horas en Boca: recibió saludos a cada paso y, fiel a su estilo, evitó transmitir la emoción que sentía
Pablo Lisotto
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2 de marzo de 2016  • 14:38

Saludó a todos y cada uno de los que se cruzaron en su camino. Desde el hombre de seguridad que le abrió el portón a las 12.40 para permitirle ingresar al estadio de Boca hasta al presidente Daniel Angelici, al que le dio el tradicional apretón de manos bastante más temprano del simulacro de la firma del contrato que hicieron ante la prensa.

Guillermo Barros Schelotto volvió a pisar el vestuario local de la Bombonera después de 8 años, 10 meses y 16 días. Aquel 15 de abril de 2007 disputó su último partido con la camiseta xeneize, en un superclásico ante River que terminó 1 a 1. Los guiños del destino lo pondrán otra vez cara a cara con el equipo de Núñez el próximo domingo, cuando Boca visite el Monumental, por la sexta fecha del torneo Transición.

Pero hace años que Guillermo dejó su pilcha de futbolista doblada en algún estante de su armario. El Melli ya no juega. Los tiempos y las responsabilidades cambiaron. La indumentaria, también. Vestido de elegante camisa blanca y saco oscuro, el ex número 7 arrojó sus primeras frases como DT de Boca. En ellas primó el agradecimiento: a los que lo ayudaron en sus inicios como entrenador, a Lanús, a la actual dirigencia de Boca y a Rodolfo Arruabarrena.

Alguna vez me dijeron que hay que contener las emociones para que salgan afuera las ideas

Su sonrisa, simpática y cómplice para unos y provocadora para otros, está intacta. Miró de reojo a dos periodistas, cuando se tentó por hacer de cuenta que firmaba un papel que lejos estaba de ser un contrato. Y los contagió a ambos. El paso del tiempo evidencia alguna arruga en el rostro y más de una cana en el cabello de este hombre que cumplirá 43 años el próximo 4 de mayo.

Se lo nota feliz. Aunque sabe que la responsabilidad, la exigencia y las urgencias son grandes, se siente listo para el desafío. Su espalda es ancha para soportarlo. Al fin y al cabo, en este club jugó 300 partidos, marcó 86 goles y se dio el lujo de dar 16 vueltas olímpicas, erigiéndose como uno de los máximos ídolos de la historia, y el segundo más ganador detrás de Sebastián Battaglia (17 estrellas). Cuando le preguntaron si estaba serio para disimular la emoción, respondió: "Alguna vez me dijeron que hay que contener las emociones para que salgan afuera las ideas".

Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco

No está solo. De cerca, como desde que nació, lo acompaña Gustavo, su hermano mellizo. Una pieza clave de esta dupla. Estratega, atento a todos los detalles y con experiencia internacional gracias a sus trabajos junto a Gregorio Pérez en Libertad, Olimpia (ambos de Paraguay) y Peñarol (Uruguay). Compinche como siempre, cada breve intervención de "el otro mellizo" en la presentación derivaba en una mueca al borde de la carcajada de su hermano.

El primer contacto con el plantel será esta tarde, cuando desde las 16 se pongan al frente de la única práctica antes del choque copero ante Racing.

Guillermo, otro hijo pródigo del club de la Ribera, regresó a su casa. Después de varias jornadas con caras largas y miradas cabizbajas, hoy en Boca es un día feliz. La vorágine, igual, no le dará tiempo al nuevo técnico para disfrutar este momento: hoy firmó y debutará mañana, a las 19.30, ante Racing y por la Libertadores. En una Bombonera que estará raramente vacía para ellos.

Igual, el Mellizo sabe que ya tiene la pelota bajo la suela.

pl/ae

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