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En Agenda secreta, la historia de un incansable cazador de nazis

El film de Lars Kraume recupera la figura del alemán Fritz Bauer, clave para capturar y llevar a juicio a funcionarios y simpatizantes del Tercer Reich tras el fin de la Segunda Guerra
Fernando López
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3 de marzo de 2016  

Agenda secreta (The People vs Fritz Bauer/Der Staat gegen Fritz Bauer, Alemania/2015, hablada en alemán, inglés e idish) / Dirección: Lars Kraume / Guion: Kraume y Olivier Guez / Fotografía: Jens Harant / Edición: Barbara Gies / Supervisión musical: Julian Maas y Christoph Kaiser / Elenco: Burghart Klaussner, Ronald Zehrfeld; Sebastian Blomberg, Joerg Schuettauf, Lilith Stangenberg; Laura Tonke / Distribuidora: Alfa Films / Duración: 105 minutos / Calificación: apta para mayores de 13 años

Nuestra opinión: buena

El título original no es caprichoso, responde estrictamente al contenido de este film que, con algunas libertades, retrata al fiscal general del estado de Hessen, el abogado alemán Fritz Bauer, y la larga incansable lucha que llevó adelante con el propósito de colocar ante la justicia a muchos de los principales responsables de la deportación y exterminio de innumerables judíos durante la negra noche del nazismo, y al mismo tiempo muestra el clima político e intelectual de la sociedad germana de la posguerra, en las décadas del 50 y el 60, cuando todavía perduraba el racismo y eran muchos los enemigos que habían logrado permanecer infiltrados en los diversos círculos del poder. Era, pues, él, buscador de justicia, versus quienes preferían el silencio, o el olvido. No lo guiaba el espíritu de venganza sino la voluntad de infundir en las generaciones más jóvenes la necesidad de asumir su identidad y confrontarse con un pasado que desconocían y que los mayores preferían olvidar a pesar de que las huellas del régimen nazi estaban extendidas por toda Alemania.

Bauer (encarnado por el excelente Burghart Klaussner) fue un personaje decisivo sin cuya participación muchos de los procesos que juzgaron a criminales de guerra no habrían podido concretarse. El más famoso de todos ellos fue el que llevó al descubrimiento del paradero de Adolf Eichmann en la Argentina, su captura (o secuestro) y su posterior enjuiciamiento y ejecución en Israel, ya que en ese complejo procedimiento, a falta de la colaboración de la CIA y de los organismos de espionaje alemanes (probablemente temerosos de que los posibles enjuiciados mencionaran sus nombres y destaparan sus pasados en las SS), intervino el servicio secreto israelí. ("A veces -se justifica en el film cuando confía información confidencial al Mossad- para beneficiar a la patria hay que traicionarla".

El guion, se ha dicho, toma sus libertades. Incluso incorpora un personaje -el del joven fiscal Karl Angermann (Ronald Zehrfeld), indispensable y leal colaborador del protagonista, aunque no dueño de la misma aconsejable discreción- seguramente para extrapolar a través de él la presunta condición homosexual de Bauer, según revelaban archivos policiales sobre una antigua detención registrada muchos años antes en Dinamarca. Esa imaginada secreta vulnerabilidad (la homosexualidad siguió siendo severamente penada en Alemania hasta mucho después del fin de la guerra) también fue utilizada por los que se oponían o desacreditaban las investigaciones del judío Bauer. Un añadido que puede ser útil en términos narrativos, pero no agrega demasiado a la historia, a pesar de contar con una cuidada interpretación del carismático Zehrfeld, a quien hemos visto en Ave Fénix. El sólido trabajo de Kraume no exhibe demasiada originalidad en su construcción, pero se sigue con sostenido interés hasta el final y además luce una muy cuidadosa ambientación de la época.

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