Suscriptor digital

La primera Apple no fue una Mac

Apostillas a la nota de tapa. Cómo nacióla compañía, por qué la manzanita, a quién se le ocurrió la idea de la interfaz gráfica y el ratón, y el regreso con gloria del señor Jobs.
(0)
13 de julio de 1998  

Los serios problemas que atravesó Apple -especialmente en 1996 y 1997, en cuyo segundo cuatrimestre perdió 740 millones de dólares-, sumados al fenomenal éxito de la plataforma Wintel han producido un considerable volumen de mitos, verdades a medias y olvidos inexcusables. Básicamente, tres: que la primera Apple fue una Mac, que Microsoft sacó la idea de Windows de las Mac y que Jobs, a pesar de su genialidad, era un peligro para los negocios de Apple.

Día uno

Apple fue fundada por Steve Jobs y su amigo Steve Wozniak -a quien conocía desde la secundaria- el 1º de abril de 1976. Pero faltaba todavía mucho para que llegaran las Mac y, en la práctica, la primera Apple ni siquiera fue diseñada para la venta.

Luego del colegio, Jobs y Wozniak entraron en la Universidad, y al poco tiempo decidieron emplearse. Wozniak fue a trabajar a Hewlett-Packard y Jobs, a Atari.

Aunque habían escrito juntos un juego para Atari -el Breakout-, sus encuentros eran ahora menos frecuentes. Fue Wozniak el que se encaprichó en construir una computadora. Sólo una. No tenía pensado comercializarla. Sin embargo, tuvo dos ideas geniales, generalmente pasadas por alto: primero, decidió usar una pantalla de TV para la salida de datos, en lugar de una teletipo o luces en el frente del equipo, como era usual en la época; segundo, incluyó un conexión para teclado. Estas dos mejoras marcaron el futuro de la informática personal mucho más que la interfaz gráfica o el mouse. Todavía hay computadoras sin mouse y sin ventanas, pero no existe ninguna sin pantalla y teclado.

Por lo demás, esta máquina estaba lejos de nuestra idea de una PC. Para bootearla había que ingresar hexadecimales hasta que el BASIC quedaba listo para usar. No obstante, Jobs, un visionario, se interesó en el equipo y le sugirió a su amigo venderla. Unieron fuerzas -y un pequeño capital- y salieron a buscar un comprador.

Paul Terrel, dueño de un negocio de electrónica y computación llamado The Byte Shop, fue el que primero que apostó a Apple. Les dijo a Wozniak y Jobs que, si podían entregar las máquinas completamente armadas (y no como un kit), él se comprometía a vender unas 50.

La primera fábrica de Apple fue, como se sabe, y en este caso el dato parece veraz, el garaje de la casa de Jobs, que además bautizó la computadora de Wozniak con el nombre Apple I. Así nacía Apple Computer Company, y si Jobs eligió la palabra manzana para la marca, fue porque había estado trabajando en un huerto de frutales y consideraba a las manzanas un diseño perfecto.

En ese mítico garaje se construyeron 200 Apple I, de las que se vendieron 175; construir es tal vez una exageración: la Apple I no tenía, al principio, ni siquiera un gabinete. Pero sirvió para arrancar. Le siguieron la Apple II y la III, a medida que la compañía crecía en empleados y cifras de venta.

Jobs ya se perfilaba como el hombre fuerte de la compañía y tras visitar el Xerox PARC, en 1979, empezó a imaginar una computadora que usara interfaz gráfica y mouse. (El hecho de que Xerox fuera el creador de ambos conceptos tira por tierra el segundo mito, el de que Microsoft tomó de Apple estas ideas).

El nuevo proyecto de Jobs terminaría en Lisa, una máquina que costaba 10.000 dólares y de la que sólo vendió unos pocos ejemplares. Sin embargo, en su ROM (Read Only Memory) estaba parte del código visual que cambiaría la informática para siempre y cuyas versiones posteriores brillarían en las Macintosh.

La primera Mac propiamente dicha aparece a principios de 1984. Fue la primera computadora de uso personal -es decir, de menos de 3000 dólares- que traía interfaz gráfica, mouse y lectora de diskettes. Tenía 128 KBde RAM.

El cambio copernicano estaba en marcha: tarde o temprano casi todas las computadoras personales habrían de parecerse a esta Macintosh. Microsoft tardaría seis años en entregar una interfaz gráfica para suDOS(Windows 3.0) y once en producir Windows 95.

Sin embargo, el principal acierto de Apple también condujo a sus colosales conflictos de la década del 90. Su búsqueda de la excelencia la llevó a centralizar su negocio a ultranza, quedándose sola frente a los clones de PC.

Esta soledad la llevó, por un lado, a desarrollar ideas que en algunos casos fracasaban comercialmente -como Lisa o Newton-, pero que producían saltos cuánticos en la industria. Por el otro, perdía mercado frente a la inundación de las compatibles, que vieron que el resto de nosotros no estábamos -al menos en aquella época- tan comprometidos con la computación. Queríamos gastar poco y probar a ver qué era eso. Las Mac, en cambio, exigían un compromiso casi matrimonial.

El tercer mito nos trae al día de hoy, con Jobs de nuevo al mando de su compañía y logrando por primera vez en años un estado de salud que hace poco parecía impensable y con el proyecto de recuperar mercado. Se dice que Apple lo obligó a renunciar en 1985 porque era peligroso para los negocios de la compañía. La verdad es que el hombre fue desplazado de Apple por una junta de directorio que posiblemente lo juzgó más desde el punto de vista ético que comercial: Jobs había intentado sacar de Apple a John Sculley con una maniobra secreta. Su siguiente proyecto, NeXT, fue un fracaso y abonó la leyenda del genio que no sabe nada de números.

La verdad es que cuando la mayoría de los analistas consideraban que Apple estaba condenada y hasta circulaban rumores de que había sido vendida, Steve Jobs la recuperó milagrosamente.

En realidad, hizo de nuevo lo que mejor sabe hacer: ver un poco más lejos que el resto de los ejecutivos, apostar fuerte y preocuparse más por el futuro que por lo que ya pasó. Así es este negocio, y Jobs, hombre inteligente si los hay, lo conoce bien.

La nota de tapa de esta edición tiene que ver con este nuevo estado de cosas en la informática personal. Como escribí en esta columna hace algún tiempo, la computación no sería la misma sinApple. Y sinceramente me alegra que esté de nuevo en carrera y con salud.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?