¿Para qué se usa el dinero de los impuestos?

Diana Mondino
Diana Mondino PARA LA NACION
La Argentina se debe un debate a fondo sobre el gasto público
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6 de marzo de 2016  

En todos los niveles gubernamentales hoy el gasto supera largamente a los ingresos y quedan muchas dudas sobre la verdadera utilidad de tal gasto. No sólo es necesario eliminar el déficit fiscal, sino que es imperioso fijar objetivos. ¿Qué servicios queremos brindar? ¿De qué calidad? ¿A quiénes y dónde? En la Argentina esas preguntas nunca se realizan. Ni siquiera nos planteamos que gran parte del gasto público es en el exterior.

¿Qué políticas de Estado necesitamos? ¿Qué objetivos a largo plazo buscamos? Por ejemplo, vivimos años destruyendo la producción de energía, al mismo tiempo que se declamaba el autoabastecimiento. Así es como hoy pagamos precios superiores a los internacionales y con escasa producción. Revertir esta situación requiere una decisión estratégica. Sepamos que estamos favoreciendo a una industria y a quienes trabajan en ella, a expensas de otras industrias.

A modo de ilustración, el salario de un petrolero está subsidiado por el salario de quien todavía conserva su trabajo en, por ejemplo, un tambo. Los argentinos estamos convencidos de que todo gobierno toma permanentemente decisiones de elegir campeones o industrias a favorecer.

No es función de los gobiernos seleccionar ganadores y perdedores. Presenciamos la debacle de Cresta Roja sin considerar que hay muchas otras empresas del mismo u otros rubros que intentan sobrevivir dignamente sin ayudas gubernamentales. Este análisis es válido para toda otra área. Si queremos que la educación mejore y se definan claros objetivos, ¿serán necesarias más escuelas, maestros mejor capacitados, aumentar salarios, o hay que modificar contenidos? ¿Quién lo define, con qué criterios, a qué velocidad y cuánto tiempo tardaremos en ver los resultados?

Sin objetivos claros y metas intermedias es difícil entender por qué se hace lo que se hace; sólo escuchamos las voces de los afectados y nunca llegamos a ver los beneficios. Es muy bienvenida la decisión del Gobierno de anunciar sus objetivos.

El déficit es gigantesco y cómo aliviarlo depende de lo que se quiera lograr. El sector público no debe seguir siendo una colonia de vacaciones para adultos, que no tienen objetivos y responsabilidades que cumplir ni cuentas que rendir. Si la gran mayoría de empleados públicos trabajaran por objetivos, tendríamos excelentes servicios y el déficit desaparecería por el aumento en productividad de la economía. No olvidemos que el déficit engendra inflación y que los impuestos sólo tienen sentido si se pagan para hacer algo. Ese "algo" debe estar bien definido y cuanto antes mejor. Que no se queje el que deja de cobrar por no hacer nada y que se oiga la voz del que, pagando impuestos, quiere recibir algo a cambio.

La autora es economista de la Ucema

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