Downton Abbey se despidió de la pantalla y ya la extrañamos

Repasamos lo mejor de su última temporada; atención, hay algunos spoilers
Martín Fernández Cruz
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14 de marzo de 2016  • 00:16

Downton Abbey fue una épica distribuida en seis temporadas. El devenir de la familia Crawley y su ejército de ayudantes, todos encapsulados en una época de constantes cambios, se despidió de la pantalla chica en el Reino Unido [en nuestro país está pasando estos capítulos la señal Film and Arts] y por este motivo comentamos lo mejor de un cierre perfecto, para una serie perfecta.

1. Una merecida felicidad

A Edith (Laura Carmichael) le costó salir adelante y su personaje fue uno de los que más cambió a lo largo de la serie. Al comienzo de la ficción, el guionista Julian Fellowes (creador y principal guionista de Downton) parecía haberla construido básicamente para ser la amarga sombra de la radiante Mary (Michelle Dockery). Mientras la mayor de las hermanas Crawley triunfaba, la del medio parecía fracasar irremediablemente. Mary tenía belleza, encanto y carisma, mientras que Edith parecía apenas conformarse con las sobras que le tocaban, pero con el tiempo eso cambió. Lejos de la aburguesada monotonía que parecía dominar la vida de Mary, y que principalmente parecía transcurrir entre pretendientes y frívolos conflictos (algo que no es así, pero que a ojos de Edith sí lo parecía), su hermana encontró en una inesperada vida profesional el nido anhelado. Y de esa manera, un personaje que siempre fue el patito feo, comenzó a tener brillo propio al punto de convertirse en uno de los grandes ejes de la última temporada. Luego de pasar las mil y una calamidades [ bueno, un poco como le pasa a todos los protagonistas de esta serie, ¿no?], Edith obtuvo el destino que más merecía, pero que menos probable parecía. Ante la sorpresiva mirada de sus padres, la más sufrida del clan Crawley logró definitivamente superar la sombra de su hermana y, mucho más que eso, porque también logró sellar la paz definitiva con ella misma y reconciliarse con sus decisiones pasadas.

2. Pasar la antorcha

Uno de los personajes que más se vincula a la mansión Crawley no es ninguno de los nobles, sino un miembro del equipo de ayudantes: Carson (Jim Carter). El jefe de mayordomos y coordinador de la casa, de voz imponente y más recto que los rectos, es un personaje clave para comprender el funcionamiento de esa mansión. Incluso sirve para entender cómo muchas personas de ese período se negaban a abandonar las costumbres de etiqueta que dominaban la rutina inglesa de esas grandes casas. A lo largo de la serie, Carson se mantiene fiel a su posición de tótem siendo una especie de referí sobre la moral y las buenas costumbres. No fueron muchos los problemas que Carson atravesó, pero no por eso dejó de ser una pieza clave en la resolución de varios conflictos que surgieron en el micro mundo que es el sótano de la mansión. Y sobre el final de esta temporada, deberá enfrentar una realidad que lo pondrá en la difícil situación de decidir qué hacer con su futuro y si la mansión Crawley seguirá formando parte de su vida.

3. Maggie Smith es todo

Muchos pensábamos que la serie terminaría con la muerte de Violet Crawley (Maggie Smith), madre de Robert (Hugh Bonneville) y única sobreviviente de una clase burguesa destinada a la extinción. Y justamente por eso es que una posible muerte de Violet parecía asomarse, porque la desaparición física de ese personaje hubiera sido un preciso símbolo del final de una ampulosa época que mutaba hacia una vida más sencilla. Pero nada de eso sucedió porque Fellowes tenía planes mucho más sutiles. Lejos de morir, este personaje demostró que se encuentra mejor que nunca y que probablemente siga viva un buen tiempo más.

En el último episodio de Downton Abbey, la mujer se da el gusto una vez más de ser totalmente impredecible, pero lo más importante termina siendo una charla en la que reconoce que ese mundo ya no es más su reino. Se trata de un último monólogo que tiene la altura que siempre mostró este gran personaje y que prueba una vez más que Maggie Smith será por siempre la cara más emblemática de esta imprescindible serie.

4. La construcción de la familia

La relación del señor Bates (Brendan Coyle) y Anna (Joanne Froggatt) siempre fue difícil. Con seguridad, ellos fueron los que atravesaron los momentos más duros: ella sufrió un abuso sexual, él fue preso y ambos fueron en distintos momentos de la serie acusados de asesinato. Pero, por más cursi que suene, hay que decir que el amor los mantuvo unidos. Lejos de desconfiar, de pelear o de distanciarse, ambos construyeron quizá la pareja más importante de la serie y en esta última temporada intentan concretar una de sus decisiones más importantes. Esa decisión, cómo evoluciona y el desenlace que tiene demostrará una vez más lo mimetizados que estaban los universos del personal doméstico con el de sus jefes. Al igual que Edith, al igual que Mary y como le sucede a muchos de los otros personajes, la pareja compuesta por Bates y Anna finalmente tiene, después de varias temporadas marcadas por la tragedia, una merecida recompensa.

5. Una serie que marcó época

El final de Downton Abbey marca la despedida de una serie emblemática. Julian Fellowes, que venía de dar un tímido (pero efectivo) primer paso con el film Gosford Park, con esta ficción perfeccionó notablemente el género centrado en las grandes mansiones inglesas y la apasionante dinámica que surge entre los lores y sus empleados, ambos integrantes de universos distintos que parecen siempre destinados a mezclarse. Con maestría, su creador gambeteó todos los lugares comunes para apostar a historias ancladas en el melodrama más nítido, en las emociones más básicas y en la siempre confiable fórmula de construir dramas a través de protagonistas finamente delineados. En Downton Abbey, cada personaje esconde tanto una tragedia como una ilusión. Todos ellos están vivos porque tienen objetivos claros y la crisis surge a partir de los obstáculos a superar para conseguir esa meta. Claro, el 95% de las ficciones podrían resumirse de esa manera, pero Downton logró agregarle a esa fórmula una catarata de héroes y heroínas que se equivocan, que son hijos de una época de cambios y que evolucionan (o intentan hacerlo) junto a una sociedad que está en plena mutación. Y así es como los personajes comienzan a dibujarse (o desdibujarse) a partir de su capacidad de adaptación y según como entienden que sus propios objetivos pueden modificarse, según cambie la historia misma de su sociedad.

Extrañaremos la magia de esta serie y el carisma único e inigualable de todos sus personajes, que además dejó un sello imborrable en la historia de la televisión. La felicidad que merecidamente reciben muchos de los protagonistas de la historia despierta una genuina emoción en nosotros los televidentes, que nos acostumbramos demasiado a otras ficciones centradas muchas veces en el truco de matar personajes queridos. Downton Abbey hizo sufrir mucho, pero sobre el final, nos terminó diciendo que tanta lágrima valió la pena.

¿Cuándo verla? La última temporada de Downton Abbey se puede ver todos los domingos a las 19:30, por Film & Arts.

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