Jorge Macchi: "En la Argentina el ambiente artístico está adelantado a las instituciones"

TRAYECTORIA. El artista anticipa el espíritu y el contenido de la muestra que este jueves abrirá en el Malba con un recorrido por toda su producción, y rescata la creatividad y la pasión de sus colegas en el país
Daniela Gutiérrez
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13 de marzo de 2016  

Crédito: Maximiliano Amena

A media mañana un tórrido día de semana en el verano porteño, la avenida Warnes está demasiado viva. Las cuadras que faltan para llegar al taller del artista Jorge Macchi están repletas de autos, de conductores, de mecánicos, de compradores y vendedores de repuestos: vértigo de máquinas y motores exacerban la frenética tarea de la voluntad humana empecinada en controlar aquello que ha creado. La avenida, que huele a caucho quemado y aceite, traza una diagonal inquieta sobre la tranquila cuadrícula barrial. Apenas un desvío de un par de cuadras para llegar a una de las casas bajas, sobrias y sólidas que pueblan el costado sereno del barrio.

El espacio donde transcurre la entrevista con Jorge Macchi es un taller galpón construido al fondo de la casa. Para llegar hay que atravesar un par de patios hacia los cuales se abren otros espacios de trabajo, unas escaleras y algunas plantas. La conversación es rica, fluida e intensa y sorprende, para bien, la falta de un tipo de impostura que demasiadas veces suele encubrir la vanidad de falsa modestia. Jorge Macchi es un artista reconocido en todo el mundo, pero se deja escuchar como un hombre que habla de un quehacer que lo apasiona. No interpreta sus piezas, las describe con la precisión de quien sabe qué, cómo, y para qué hace su trabajo. La muestra que inaugura el jueves próximo en el Malba incluirá los múltiples formatos con los que el artista ha trabajado desde 1992 hasta 2014: videos, pinturas, instalaciones, obras sobre papel y esculturas. Son creaciones austeras que resignifican elementos sencillos y cotidianos en una poética neoconceptual. Macchi parece haber aprendido a disfrutar de lo que hace y durante la conversación ese disfrute se contagia, lo tiñe todo: da ganas de salir del taller y enfilar rumbo al Malba.

Esta semana inaugura tu muestra Perspectiva en el Malba. ¿Cómo surgió la propuesta y cómo la ubicarías en tu carrera artística?

Apenas Agustín Pérez Rubio ingresó como director del Malba se comunicó conmigo y me transmitió el interés y la voluntad del museo de hacer una retrospectiva de mi obra. Por supuesto acepté y comenzamos a reunimos para pensarla, cuánto tiempo estaría exhibida, quién sería el curador y todas las cuestiones relativas a la producción. Al comienzo se pensó en convocar a otro curador, pero finalmente resultó el mismo Pérez Rubio.

Es muy interesante el título que han elegido, Perspectiva, no sólo por su polisemia sino también porque evoca un momento de inflexión en la historia del arte, la posibilidad novedosa de mirar desde una pluralidad de puntos de vista. ¿Cómo surgió?

Dudamos muchísimo sobre el título porque no encontrábamos la palabra que pudiera definir una mirada hacia atrás, sin usar la clásica "retrospectiva", y surgió "perspectiva". Nos convenció que es un término que ofrece una doble lectura: por un lado, la de un sistema de representación, que aparece como tema en varios trabajos de la muestra, sobre todo de la época de los años 90. Pero por otro lado, "perspectiva" es cómo cada uno de nosotros mira, desde qué ángulo puede verse, por ejemplo, la historia. En un solo término está implícita la pluralidad, la posible diversidad.

En efecto, el nacimiento histórico de la idea de perspectiva coincide con el inicio del Renacimiento, con la apertura a la otredad, con el descubrimiento de nuevos territorios?

Tiene que ver con eso, con la separación entre objeto y sujeto que en la primera Edad Media parecían indisolubles. Con esa separación surge la posibilidad de investigar, de conocer, ese apetito de saber, el cambio del estilo pictórico a la presentación del espacio. Es un momento intenso y fructífero para el arte.

Esta no es una retrospectiva como lo sería en el caso de un artista de 80 años, pero al mismo tiempo, traza una historia de tu trabajo como artista. Se correspondería con ese modo de retrospectiva que se denominan "monográficas", aunque aquí en Argentina no es un término muy usado.

Es cierto, pero yo hice ya un par de retrospectivas monográficas en el exterior, una curada por Gabriel Pérez Barreiro, en 2007, en Porto Alegre, y otra en el SMAK, un museo en Gent, Bélgica. Sin embargo, creo que la del Malba es más bien lo que en inglés se denomina midcareer retrospective, un detenerse a mitad de la carrera y ver qué es lo ya hecho. Éste es un momento de madurez, supongo que estoy en ese punto y al mismo tiempo tengo por delante otros treinta o cuarenta años de carrera. Esta exposición es eso, un balance pero con la mirada puesta en qué es lo que viene. Ambos momentos están ligados, hay una continuidad. Tanto las muestras de Porto Alegre como la de Bélgica fueron enormes. Después de la última, propusimos traerla al Malba pero nunca se pudo. También por eso Perspectiva es una especie de regalo, siento que finalmente llegué. Una muestra de este tipo en Buenos Aires me plantea muchas inquietudes que no surgen en el exterior, donde la gente quizá me conoce pero muy poco; éste es mi lugar, acá es donde hice toda mi carrera, donde vivo, donde están mis parientes, mis amigos y los artistas con quienes compartí toda mi vida.

Las relaciones habituales, en estos casos, se ponen en tensión. Las competencias imaginarias o reales con los otros artistas de tu generación se activan y van armando, entre la experiencia del artista, la muestra en sí misma y sus ecos, un particular modo de escena pública. Allí, en la mirada de los otros, se suele encontrar alguna que otra inquietud propia, ¿no?

Sí, totalmente. Además, hay algo muy puntual que de manera especial se torna en un modo de la responsabilidad: el hecho de que durante tres años coordiné cursos en el Programa de artistas de la Universidad Di Tella, con lo cual hay un grupo de alrededor de sesenta artistas de quienes fui docente y a los que les voy a mostrar mi trabajo. Lo he sometido a su mirada antes, pero siempre con documentación, nunca hubo una exposición. Entonces, siento una responsabilidad hacia ellos, y es una novedad porque jamás sucede eso cuando las muestras se hacen en el exterior. Perspectiva tiene una carga emocional muy fuerte para mí.

¿Qué se incluye en la muestra? ¿Cómo pensaron cada espacio?

Lo primero fue definir qué grupo de obras la integraría. Y ése es el momento de la gran negociación entre lo que uno querría y lo que es posible hacer. Hay toda una estrategia que se pone en marcha y que suele ser bastante compleja: cuáles son las obras que están accesibles y disponibles (muchas son propiedad de coleccionistas o de instituciones), cuáles es factible traer y siempre en este punto hay que considerar el menor costo posible. Hay toda una ingeniería y creo que lo resolvimos súper bien porque logramos traer obras muy importantes, y vienen todas de la península ibérica. Además, trabajamos también con otras de colecciones locales, obras que hay que revisar, obras que por su naturaleza no son transportables sino que en cada muestra hay que volver a realizar.

Además de lo que podrá verse en el Malba, habrá dos anexos.

Sí. Uno de los anexos va a estar en la galería de la Universidad Di Tella, donde se expondrá Refracción, imposible de instalar en el Malba por sus dimensiones. Esa situación de aislamiento en la que quedó es perfecta para esa instalación, que podrá visitarse a partir del 8 de abril. Y luego, a partir del 15 de abril, se inaugurará una instalación específica para una sala del Museo Nacional de Bellas Artes.

Habrá también algunos trabajos en colaboración con otros artistas/autores.

Sí, en particular el trabajo que hicimos con el músico Edgardo Rudnitzky por un lado y luego la obra conjunta con la escritora María Negroni. Lo más interesante de las piezas que realizamos con Rudnitzky es que en ellas la música no es una referencia exterior sino parte constitutiva de la obra. Creo que en mi trabajo hay una insistencia sobre la materialidad de lo musical: las teclas, las cajas de música, las partituras y su notación. Por otro lado se presentará "Buenos Aires Tour", el proyecto que hicimos con María y que tiene dos facetas igualmente ricas: por un lado es en sí mismo un libro llamado Buenos Aires Tour, que surgió como un itinerario turístico posible trazado a partir de las líneas de un vidrio rajado apoyado sobre el mapa de Buenos Aires, pero también es una instalación. Parte de la muestra será el catálogo, que es en sí una pieza más. Documenta obras que fue imposible incluir, porque fueron pensadas para otro lugar. De alguna manera el catálogo es una continuación de la muestra. Y estamos en el proceso de producir otro libro basado en uno de los videos que se podrán ver y que se llama Diario íntimo (2006).

Los textos del curador anticipan lo que será la exposición. ¿Te sirven las lecturas de tu obra en el momento de trabajar?

Sí me aportan las lecturas y las interpretaciones, pero no en el momento de trabajar. Lo que surge primero para mí son las imágenes, y después, a partir de las conexiones entre distintas imágenes, puedo vislumbrar una idea. Es muy claro para mí que las imágenes son anteriores, que son lo que me lleva a trabajar, a producirlas. Y cuando aparece una cuestión más relacionada con lo conceptual me interesa no descuidar el aspecto formal. Me parece que lo formal es el punto por donde comenzar a pensar una obra. Si uno tomara para empezar elementos de su propia poética, llegaría finalmente a una entropía que aniquilaría toda obra, por eso para mí es fundamental el entorno, los elementos del entorno. Cuando me preguntan algo sobre mi trabajo, siempre elijo responder sobre cuáles son mis elecciones formales, por qué tal tamaño, por qué determinado material.

En otra entrevista con Ideas, Orly Benzacar comentó que si vivieras en el extranjero, tu obra se vendería por un precio con algún que otro cero más?

Ese comentario de Orly representa el punto de vista del galerista, apoyado en las variables del mercado local y el internacional. Hay miles de factores: uno importante puede ser el geográfico. La gente que compra arte prefiere ir a Brasil, donde hay miles de artistas y está más cerca y es más accesible. Es probable entonces que Brasil funcione como una gran barrera para los argentinos. En Brasil la obra de un artista cotiza el doble. Otro factor es el mercado en sí mismo; los coleccionistas brasileños apuestan mucho a su arte e incluso cuando van a ferias internacionales compran arte brasileño. También creo que el coleccionismo argentino todavía no está tan desarrollado. Pero yo elegí vivir y trabajar acá, así que éstas son las condiciones en las que mi obra se produce y se vende. La elección de Buenos Aires tiene que ver con una cuestión de comodidad para trabajar, de espacio, de contexto social. Lo descubrí después de mucho tiempo. Durante la mitad de mi vida me la pasé pensando que tenía que irme a otro lado, a otro y a otro. En un momento me di cuenta de que estaba gastando una cantidad de energía bestial en eso y descubrí que no tenía sentido. Estoy en Buenos Aires y trabajo desde Buenos Aires. Fue una de las mejores elecciones de mi vida.

¿Cómo ves la escena del arte contemporáneo argentino?

Me parece que hay muchísima actividad, muchísima inquietud. El ambiente artístico está adelantado a las instituciones, todavía las instituciones no reaccionaron frente a lo que está pasando. Es decir, si bien hubo un impulso muy grande en estos últimos años, me resulta muy impresionante la creatividad por fuera de lo institucional. Tanta cantidad de gente, y además todos apasionados, aun cuando todavía muchos de ellos no tienen en el horizonte un incentivo económico, no viven del arte. Eso me parece fantástico, me emociona. Cuando trabajé con ellos cada semana, creo que eso me nutría mucho. Además, hay mucha investigación, mucho trabajo con Internet y mucha inquietud por ver muestras, incluso por hablar con los artistas. Es un cambio impresionante con respecto a la Argentina hace veinte o treinta años.

Biografía

Jorge Macchi nació en 1963 en Buenos Aires, donde vive y trabaja. Cursó el profesorado de pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes "Prilidiano Pueyrredón" y ha desarrollado una prolífica carrera como artista visual. Su obra fue exhibida en importantes galerías y museos nacionales e internacionales.

La Foto

Crédito: Maximiliano Amena

Macchi elige un altoparlante que compró para una obra de teatro que se representaba dentro de un automóvil. La pieza se llamó TWG100 autoteatro y se presentó por primera vez en la vereda de Proa en 2000.

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