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Regresa Daredevil para vivir y morir en la cocina del infierno

La serie protagonizada por Charlie Cox regresa el viernes a Netflix con nuevos antagonistas y más dilemas morales para el "hombre sin miedo" de Marvel
Dolores Graña
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16 de marzo de 2016  

Charlie Cox como Matt Murdock convertido en el "Paladín Católico"
Charlie Cox como Matt Murdock convertido en el "Paladín Católico" Crédito: Netflix

"«Tenés que saber que en el segundo episodio ya te estás muriendo, desangrándote dentro de un contenedor de basura». Así me presentaron a Matt Murdock. No pude decir que no. Estaba muy bien escrito. Además: ¿quién quiere ser un superhéroe invencible si se puede tener una gran escena de muerte?", se ríe el británico Charlie Cox cuando se le pregunta acerca de su conexión instantánea con "el hombre sin miedo", creado hace más de cincuenta años por el prolífico Stan Lee y el artista Bill Everett en las páginas de Marvel Comics.

Cox ha podido ensayar más de una variante de su "escena de muerte inminente" desde entonces, ya que buena parte de la considerable aceptación de Daredevil , la serie de Netflix -que regresará pasado mañana con una segunda temporada de 13 episodios- está cifrada en la absoluta humanidad de Murdock, que perdió la vista en un accidente pero que logró a cambio, gracias al agudizamiento de sus sentidos restantes, una suerte de "ecolocalizador", como aquel que usan los murciélagos (en los cómics, todo es referencial).

Como el personaje central está lejos de ser invencible, el desafío es mayor, tanto para sus celebrados coreógrafos -que tienen que convencer al público que un abogado ciego es capaz de noquear a quince matones armados en un pasillo oscuro- como para sus guionistas, que han tomado las múltiples versiones de Daredevil (especialmente las de dos creadores con mayúsculas, como Frank Miller y Brian Michael Bendis) y han construido con elementos de ellas a un héroe no sólo ciego sino casi mudo: quebrado, aislado e impulsivo, dominado alternativamente por la culpa y el ego.

"Es el paladín católico", como lo definían con acidez dos cazadores de autógrafos que esperaban, en enero último, la salida de los actores de la serie del lujoso hotel de Pasadena en el que se llevaba a cabo el encuentro semestral con los críticos norteamericanos, reunión de la que LA NACION participó por invitación de Netflix.

"Daredevil, me parece a mí, pone en escena qué derechos nos otorga nuestra sed de justicia -revisa Cox acerca del origen de su personaje, a quien confiesa que leyó con voracidad una vez que fue confirmado en el papel-. La cuestión es hasta dónde podemos llegar y con qué métodos, aunque el fin que perseguimos sea loable. En la primera temporada, la fe católica de Murdock lo torturaba: ¿es la voluntad de Dios usar estas habilidades para hacer justicia por mano propia o debiera dejarlas de lado para aportar su talento al sistema judicial? Ahora que parece haber hecho las paces con quién es y hasta dónde está dispuesto a llegar, hace su aparición Frank Castle, en cuyo odio se reconoce a la perfección."

Castle, conocido como Punisher, es otro célebre personaje de Marvel con más cuentas que arreglar que vidas que conservar, interpretado en la serie por Jon Bernthal tras varias encarnaciones cinematográficas (la de Thomas Jane de 2004 es la más recordada). "Nadie le dirá al público si Frank Castle es un aliado o un adversario de Murdock-afirma el actor de El lobo de Wall Street y Show Me a Hero, que esta semana visita nuestro país con otras estrellas de ciclos de Netflix en gira promocional-. Lo que es seguro es que ni Daredevil ni Punisher son superhéroes: son dos hombres con vidas interiores muy profundas que han sufrido mucho; ese dolor los ha transformado en esto que son hoy. Los guionistas son muy inteligentes en apostar a lo que pueda surgir de su relación."

"Me parece que los guionistas encontraron una interesante respuesta al dilema de cómo superarse en la segunda temporada sin dejar de lado lo que funcionó en la primera -analiza Cox-. En nuestro primer año, la narración tenía un crescendo muy lento: pasaban cuatro capítulos hasta que Daredevil escuchaba por primera vez el nombre de Wilson Fisk, y no lo encontraba cara a cara hasta el episodio nueve. Ahora, todo es muy rápido: Punisher y Daredevil se encuentran en el primer episodio. Y eso no le permite pensar antes de actuar".

Los demonios

La exploración de lo que implica creer en Dios en el mundo moderno es sólo una de las maneras en las que el muy falible y muy creyente Matt Murdock es un héroe de nuestro tiempo, así como también un testimonio del poder de los cómics para tomar conceptos filosóficamente complejos y desarrollarlos de formas tan novedosas como relevantes. También Hell's Kitchen, la versión neonoir del barrio neoyorquino real donde transcurre su historia (y todas las series de Marvel en Netflix, ver aparte), tan oscuro, sucio y lleno de miedos, permite a Daredevil escapar del cliché que debería encontrarlo deteniendo megalómanos planes de dominio mundial. Para eso parecen estar sus colegas de la pantalla grande, las guerras civiles de Iron Man y Capitán América o los duelos de Batman versus Superman, se insinúa.

Aquí el mal se escribe con minúsculas pero está en todos lados: es la permanente explotación de los que tienen menos a manos de los que tienen más, en una urbe donde múltiples mafias libran una guerra sin cuartel por sacarse todo unos a otros. Cada tanto, algún cerebro (como el memorable Wilson Fisk que compuso en la primera temporada Vincent D'Onofrio) decide que es su momento; pero para entonces ya hay otros liquidando planes para ocupar su lugar.

Esta cocina del infierno, entonces, es -ya desde el afiche publicitario de la serie- una especie de purgatorio que Murdock patrulla por las noches con una máscara, persiguiendo a sus demonios. Los propios y los ajenos.

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