Ginastera, para la apertura de la temporada

Jorge Aráoz Badí
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17 de marzo de 2016  

Beatrix Cenci - Ópera de Ginastera en dos actos y catorce escenas (1971) / Libreto: William Shand y Alberto Girri. / Orquesta y coro estables del Teatro Colón. / Director musical: Guillermo Scarabino. / Director escénico: Alejandro Tatanián. / Escenografía y vestuario: Oria Puppo. / Iluminación: David Seldes. / Proyecciones: Maxi Vecco. / Director del coro: Miguel Martínez. / Cantantes principales: Mónica Ferracani/ DanielaTabernig; Víctor Torertes/ Leonardo Estevez; Alejandra Malvino/ María Luján Miravelli; Florencia Machado/ Rocío Arbizu; Gustavo López Manzitti/Fernando Chalabe; Mario De Salvo/Emiliano Bulacios, / Según la fechas: 15, 18 y 20 de marzo. Teatro Colón.

Tantanian fue el encargado de la puesta de Beatrix Cenci
Tantanian fue el encargado de la puesta de Beatrix Cenci Fuente: LA NACION - Crédito: Máximo Parpagnoli /Teatro Colón

Hay evidente acuerdo entre la escena y la temática; la orquesta suena muy dignamente y es resultado de notoria sabiduría, además de una verdadera proeza técnica; los actores-cantantes son excelentes intérpretes capaces de sostener con calidad, no sólo el canto sino el cúmulo de difíciles recitativos de espinosa y endiablada escritura vocal; la escenografía es coherente con la puesta; el coro realiza una actuación de primera calidad expresiva.

Sin embargo, cuando el martes se cerró el telón sobre el final, la gente aplaudió rutinariamente, hubo unos pocos y desanimados bravos, tan sólo una salida para los saludos y ningún signo de entusiasmo. Era una inauguración de temporada, con una obra que celebra el centenario del nacimiento del más prestigioso y célebre compositor argentino, cuya última creación no subía a escena desde hacía 24 años.

Seguramente, la puesta siguió de cerca las sugerencias de Ginastera para apoyar su idea específica, pero la visión integral es de una estatuaria rigidez. Los personajes aparecen como figuras geométricamente recortadas y su movilidad es, con pequeñas variantes, como la que despliega la muñeca mecánica Olimpia, de Los cuentos de Hoffmann.

La carga argumental tiene un peso desenfrenado, porque privilegia obstinadamente, violencia sadismo, corrupción, asesinato, violación y otros entretenimientos de los cortesanos liderados por el conde Francesco Cenci (1549-1598) con su apasionada preferencia por su hija Beatrix. Pero no logra provocar ningún tipo de solidaridad emocional.

La imagen escénica es fría, ni siquiera caldeada por el grupo de jóvenes desnudos de la cintura para abajo, con sus atributos expuestos demagógicamente en el borde del escenario.

La dirección de Guillermo Scarabino es un trabajo muy meritorio, ante la partitura orquestal de un compositor como Ginastera, quien tomó bien en cuenta los cambios producidos por la música durante el siglo pasado. Aunque su audición puede ser laberíntica. Sólo la mano talentosa de un director que se involucra con la substancia, como en este caso, es capaz de desentrañar y transmitir claridad a una orquesta.

Es muy probable que ninguno de los cantantes que intervino en Beatrix Cenci, olvide las dificultades que encontró en su parte. De todos modos, sirve para mostrar el grado de madurez, entrenamiento y condiciones profesionales de algunos artistas compatriotas, que salieron especialmente airosos de esta verdadera prueba. Los cantantes saben que cuando deben interpretar el sprechgesang es cuando menos conformes se sienten con los resultados. Nunca están absolutamente seguros de que han logrado el énfasis justo o han bordeado los límites del amaneramiento.

Mónica Ferracani, Víctor Torres, Gustavo López Manzitti, Florencia Machado, Alejandra Malvino y el total de sus compañeros de estos elencos de Beatrix Cenci, deben ser ubicados como modelos para escuchar y tomar como ejemplo de su verdadera proeza en esta obra. Sólo sus colegas pueden tener la real dimensión de ello.

Fue un auténtico hallazgo iniciar la obra con el coro en la posición escenográfica dispuesta para esta versión. Como ya es habitual, su labor interpretativa sólo merece elogios.

Pero hay algo que no terminó de armarse para que se produjera la real comunicación. Tengo la sospecha de que, aunque resulte extraño en una obra de Ginastera, en ésta falta substancia dramática. Algo indispensable para lograr la identificación emotiva.

Nuestra opinión: buena.

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