Un desafío tan grande como el de llegar a la Luna

Arturo Prins
Arturo Prins PARA LA NACION
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21 de marzo de 2016  

En su último discurso al Congreso, el 12 de enero, el presidente Barack Obama hizo un gran anuncio. Recordó primero a John Kennedy cuando en 1962 dijo que Estados Unidos ganaría la carrera para ir a la Luna. Asesinado en 1963, Kennedy no pudo asistir a los avances de aquel desafío -llamado entonces Moonshot-, pero el mundo vio por TV al norteamericano Neil Armstrong pisar la Luna en 1969.

"Construimos un programa espacial de la noche a la mañana y en 12 años estuvimos caminando en la Luna", afirmó Obama. Y siguió: "El año pasado, el vicepresidente Joe Biden nos indicó que con un nuevo Moonshot los Estados Unidos podían terminar con el cáncer. Por eso quiero anunciar un nuevo esfuerzo nacional: vamos a curar el cáncer de una vez por todas, por los seres queridos que hemos perdido, por las familias que podemos salvar; haremos en cinco años lo que nos propusimos en una década. Como Joe luchó incansablemente por nosotros en los últimos 40 años, lo voy a poner a cargo de esta misión".

El año pasado, Biden perdió a su hijo mayor por un tumor cerebral; muy dolido, renunció a la candidatura presidencial demócrata y trabajó para que el Congreso aprobara importantes fondos para investigación. Así nació el programa Cancer Moonshot, que él dirigirá con universidades, centros científicos y laboratorios. Lo explicó con entusiasmo: "La llamada a la humanidad que hizo el presidente Kennedy hace 55 años inspiró a una generación, mi generación, en el camino de la ciencia y la innovación, en el que se desafiaron los límites de lo que era posible. Por eso ésta es nuestro Moonshot. Romperemos las barreras entre los centros científicos para lograr niveles de cooperación sin precedente".

El objetivo, muy ambicioso, merece varias reflexiones. En primer lugar, el cáncer no podrá curarse con una sola medicina o terapéutica, como ocurre con otras enfermedades. Hay más de 200 tipos de cáncer diferentes -son 32 los más frecuentes-, con distintos tratamientos y reacciones según los pacientes, a tal punto que se piensa llegar a medicinas personalizadas. Esto requerirá un esfuerzo científico-médico muy amplio. Cancer Moonshot logrará grandes avances, aunque quizás no pueda abarcar tan amplio abanico.

Otra reflexión es económico-social. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay 14 millones de nuevos casos de cáncer por año, más del 60% en África, Asia y América latina, donde ocurre el 70% de los fallecimientos; es la segunda causa de muertes: 8 millones de víctimas al año. La mayor parte de los países no accede a los costos de medicamentos elaborados en el Primer Mundo; muchas naciones de Asia y África no tienen siquiera unidades de radioterapia y hasta se amputan miembros de pacientes de manera primitiva. La revista The Lancet Oncology dice que en los países de bajos y medios ingresos este problema crecerá.

Desde la Argentina se acaba de hacer una presentación a Cancer Moonshot, en línea con las reflexiones precedentes. Se trata de una investigación del científico José Mordoh, discípulo de los premios Nobel François Jacob y Luis F. Leloir, próxima a lograr la primera vacuna terapéutica contra el melanoma, el más grave cáncer de piel, que carece de medicina eficaz. La Anmat aprobó los primeros estudios en pacientes y evalúa autorizar su aplicación "bajo condiciones especiales". Su alta eficacia se mostró en el meeting de la American Association for Cancer Research (Filadelfia, abril 2015), el más importante en investigación del cáncer. La vacuna es inmunoterapéutica: estimula las defensas sin consecuencias como las que producen la quimioterapia u otras medicinas invasivas. El trabajo mereció elogios y colaboración de los premios Nobel de Medicina César Milstein y Ralph Steinman.

Si bien desde hace años la mortalidad por cáncer se reduce por prevención, detección precoz y nuevas investigaciones, esto no ocurre con el melanoma: hay 230.000 nuevos casos por año y 55.000 muertes, según la American Cancer Society. Australia y Nueva Zelanda tienen la más alta mortalidad e incidencia, que los Estados Unidos duplicaron en los últimos 30 años. En la Argentina la mortalidad también se duplicó, pero en varones, entre 1993-2013. El principal factor de riesgo es la exposición al sol (rayos ultravioletas) y las camas solares.

Cabe destacar un hecho inusual: la mencionada investigación no tuvo financiamiento de laboratorios farmacéuticos. Por un acuerdo con el Conicet, la Fundación Sales aportó desde 1988 más de 4.000.000 de dólares reunidos de aportes de sus casi 100.000 donantes individuales; el Ministerio de Ciencia otorgó 1.000.000 de dólares, la Fundación Cáncer colabora desde el ámbito donde se aplica la vacuna y el Instituto Nacional del Cáncer paga los viajes de pacientes del interior al centro de vacunación. El Conicet y Sales patentaron en 18 países la vacuna, que el laboratorio nacional Pablo Cassará producirá por un acuerdo firmado con ambas instituciones.

Lo precedente nos lleva a una reflexión final. En una reciente reunión sobre cáncer, Tabaré Vázquez dijo que, como presidente del Uruguay y médico oncólogo, tenía la dificultad de tener que pagar altos costos por medicinas de baja eficacia contra el melanoma, que lo obligaban a limitar otras para miles de niños. Si las fundaciones aportan donaciones a la investigación del cáncer, complementadas con fondos públicos, es decir, si el marco económico-social es diferente, los medicamentos serán accesibles, pues ambas fuentes de financiación no exigen rentabilidad económica. Así se terminará con el cáncer en todo el mundo, como desea Cancer Moonshot.

El autor es director ejecutivo de la Fundación Sales

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