Andy Grove: el ejecutivo que convirtió a Intel en el coloso de los chips

Ariel Torres
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23 de marzo de 2016  

Había nacido en Budapest, Hungría, como András Gróf. Atravesó la invasión nazi, evadió los campos de concentración junto a su madre con una identidad falsa y soportó varios regímenes comunistas. A los 20 años escapó a los Estados Unidos sin saber hablar inglés, cambió su nombre a Andrew Grove y se puso a trabajar como mozo. Conoció en esos días a Eva Kastan, otra refugiada húngara, que sería su mujer durante 58 años. Hasta ayer, cuando Grove falleció a los 79 años.

Tres años después de llegar a América, terminó la secundaria y, en 1963, obtuvo su doctorado en Ingeniería química en la Universidad de California en Berkeley. En 1968, Robert Noyce y Gordon Moore fundaron Intel, que se convertiría en el mayor fabricante de cerebros electrónicos del mundo; Grove fue el tercer empleado de la compañía. Once años más tarde, sería nombrado presidente de Intel (1979-1997)y, luego, director ejecutivo (1987-1998). Fue el hombre que convenció a la compañía de enfocarse en los cerebros electrónicos, en lugar de los chips de memoria, y la transformó, con esto, en un coloso.

Grove fue uno de los ejecutivos más admirados, queridos y respetados del ambiente informático. Inspiró, entre otros, a Steve Jobs. Su modelo de gestión premiaba el esfuerzo, fomentaba la innovación y despreciaba por igual los privilegios (nunca tuvo un espacio propio para estacionar, por ejemplo) y a los timoratos. Su lema era correr riesgos y nunca dormirse en los laureles. Creía que el éxito de una empresa contiene la semilla de su propia destrucción; en Intel, su obsesión fue evitar esa letal autocomplacencia. Sin duda, durante su extenso mandato, lo logró con creces.

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